Política de Cookies
Utilizamos cookies propias y de terceros, con finalidades de geolocalización, estadísticas y en conexión con algunas redes sociales y publicitarias. Más información en Política de Cookies. Aceptar

Puertollano: Cuento pirenaico

La voz de Puertollano
La Voz de Puertollano en Facebook
La Voz de Puertollano en Twitter


Suscríbete a las noticias diarias en tu email
Recibe todas las noticias de Puertollano en tu correo
Son las 09:37 del Jueves, 17 de Agosto del 2017.
Cuento pirenaico

Ordesa es algo así como un cuento pirenaico sin principio ni fin. Un cuento de puentes y sendas empedradas donde conviene ir dejando migas de pan, pues se dice que incluso hay por allí un Monte Perdido. Es el lugar donde siempre alguien se enfrenta a la montaña, donde un dedo se enfrenta a un mapa. Es una tierra donde siempre llueve sobre mojado y nieva sobre nevado para nutrir madreselvas en grietas calizas, lirios, prímulas, orejas de oso, coronas de rey, pinares, abetales y otros bosques, en los que quizás halles hayas otoñales.

Todo el paisaje parece haber sido erigido a base de piedra y madera, incluyendo las aldeas colgadas en sus laderas con las chimeneas espantabruxas en punta, como un parque temático en homenaje a un mundo rural del pasado. Un mundo en el que el pastor ha sido sustituido por el guía, y la mula por el todoterreno. Y al fondo, desafiando y desluciendo la altura del campanario, la poderosa imagen de la montaña. El Valle de Ordesa es una explosión para los sentidos, es la colosal catedral gótica de la naturaleza que congrega a miles de feligreses, que quedan a su merced, boquiabiertos ante una luz cristalina en eterna cascada. Mondarruego no es sólo una montaña, sino un tótem. Es un irresistible imán que encandila cámaras y miradas. Desde el atardecer umbroso en la profundidad del valle, aún puedes asistir a la fantástica despedida del día, que se proyecta sobre sus rojizas fajas cortadas a cuchillo por un glaciar perito en esculturas.

Los que venimos de otras tierras, los forasteros de “puertos llanos”, subimos y subimos a sus altas praderas, a sus valles colgados, sufriendo la humillación, a pesar del esfuerzo, de sentirnos siempre abajo. Recorremos las sendas con la inquietante sensación de un encuentro mágico en cualquier recodo, en un cruce de caminos. Y pensamos que quizá se podría escribir un cuento maravilloso sobre estas tierras. Pero más tarde, pensándolo mejor, se cae en la cuenta de que por mucho que se escriba y se haya escrito, siempre nos quedará la más bella historia que contar sobre el VALLE DE ORDESA.

Antonio Carmona

Contacto
La voz de Puertollano
Puertollano (Ciudad Real)