Carta abierta de Lucifer a Dios

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Son las 12:48 del , 2 de Octubre del 2022.
Carta abierta de Lucifer a Dios
Hace algún tiempo recibí la misiva que podéis leer a continuación. Esta vez es diferente. Ya sabéis que en ocasiones mantengo una relación epistolar con Dios y con Lucifer. Yo les escribo o ellos me escriben. En este caso, por primera vez y en exclusiva, es el Diablo quien escribe a Dios. ¡Toma ya! La carta, como siempre, ha aparecido de súbito en la bandeja de mi correo electrónico. Doy por sentado que me la ha enviado Dios. Le he pedido permiso para publicarla en las redes (basta con pensarlo, no es necesario enviarle un correo electrónico a una dirección que, por otro lado, desconozco). Hasta la fecha no he recibido ningún tipo de señal o respuesta, o bien no he sabido interpretarla. Sea como fuere, este silencio a mi requerimiento me lo tomaré como una especie de “silencio administrativo”, lo que en cierto modo me autoriza a proceder de acuerdo con mi petición de permiso a publicar.
 
CARTA
Hola, Colega-Camarada Dios:
¿No te parece que tarde o temprano se van a ir dando cuenta de todo? Espero que no te importe que te tutee. Creo que después de tanto tiempo —una eternidad, por cierto— me lo tengo merecido. ¡Que sí se van a dar cuenta, Dios! Si es que es tan obvio… Lo tienen todo ahí, delante de sus narices. Claro que como sigan fiándose únicamente de sus sentidos, van apañados. Así no se enteran ni del uno por ciento de lo que les circunda. Ni siquiera han aprendido a leer las olas del mar, después de tantos vientos. Vengo observando que alguno de esos que llaman “poetas” ha llegado a desentrañar ciertos aspectos de su universo, de ese mundo que les dimos. Algún que otro “científico”, “filósofo” casi consigue tocarlo con las yemas de los dedos. Pero al final… ¡Qué va! Hay que ver lo que les cuesta salir del cuerpo, de ese triste y limitado cascarón de carne y hueso, ese envoltorio que les prestamos. Es patético que no tengan más remedio que morir para poder “VER” la realidad, “SENTIR” con total plenitud.
Creo que va siendo hora de que te manifiestes. Ya sé que mi opinión apenas cuenta, pero no me parece normal que no te hayas revelado ni una sola vez desde La Creación. ¡Ya te vale! Siempre he de ser yo el que se come el marrón. ¡Ya está bien! Hay ciertas cosas que conviene que las digas tú, Dios, que hasta las cartas presuntamente escritas por ti, son de mi puño y letra. Así tenemos a todos esos panolis engañados, como al Antonio ese… sí, hombre, sí. El que vive en el pueblo contaminado de las Dos Mentiras, en ese “Planeta Azul”, que ahora se está poniendo “Colorao”. 
Todos los seres racionales del Universo implorando tu presencia y ni caso. Ofréceles tú el Fruto del Árbol de la Ciencia en esta ocasión, a ver si sale bien esta vez. En algún momento tendrás que comunicarles lo evidente, confirmarle lo que ellos están descubriendo por sí mismos. Desde que se acogieron a la costumbre de enterrar a sus congéneres, gran cantidad de ellos empiezan a sospechar la verdad, que allí no los pusimos para ser felices, ni mucho menos. Pero el caso es que millones de ellos están tan obsesionados con la puñetera Felicidad, que eso les hace aún más desdichados y algunos llegan a pensar que el mundo no tiene sentido y que la inexistencia es preferible a la existencia. Ya ves, como si fuera posible no existir.
Venga, anímate y diles algo relevante, como que el mundo existirá mientras ellos se molesten en pensarlo, en escudriñarlo. Que el mundo siempre ha sido tal y como ellos lo han imaginado y el límite de lo que llegará a ser está en sus manos, es su “juguete”, es, en cierto modo, también su Creación. Yo podría explicarlo, si me dejaras. Aunque de sobra sabes la mala fama que me han atribuido. Ya ves, si supieran que en el fondo Lucifer no es más que un pobre diablo. Fíjate, hasta podría contarlo todo con esa voz ronca y siniestra que ellos imaginan que tengo y la musiquilla de fondo que se hizo popular en su día, cuando Miguelito Campoviejo compuso la banda sonora de la película “El Exorcista”: Tatín-tin-totín, Tatín-tin-totín-totín… ¿Prefieres que mejor me esté calladito y quietecito?... ¡Vale! ¡A mandar! Me despido, como de costumbre, con el sempiterno y consabido “¡Sí, Señor! ¡A la orden, Señor!”
Lucifer
   Antonio Carmona Márquez

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