Salud mental

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Son las 22:54 del Miércoles, 21 de Febrero del 2024.
Salud mental
 
He venido ejerciendo mi profesión como psicóloga desde el año 1980. Al ser natural de Madrid y estudiar allí, en la Universidad Complutense, mis primeros pinitos profesionales los hice en la capital, pero el resto de mi vida laboral lo he vivido en Puertollano.
Durante muchos años, en el ejercicio de mi profesión, he podido observar cosas que han llamado poderosamente mi atención y me han hecho reflexionar.
 
Tenemos muy claro cualquier clase de enfermedad o dificultad que tenga que ver con nuestro cuerpo, acudiendo con total naturalidad y deseos de solución a los profesionales de la medicina. Pero nos cuesta identificar aquellos trastornos que tienen que ver con nuestra mente y nuestros comportamientos.
 
Al inicio de mi actividad como psicóloga, me resultaba curioso el temor que tenían muchos pacientes a que les fuera a saludar por la calle y alguien pudiera pensar que estaban siendo tratados por mi. El miedo y la vergüenza a los problemas mentales no ha cambiado mucho, pese al paso de los años. La enfermedad mental ha tenido siempre un punto de vergonzante que, pese a todo, continua en nuestra memoria colectiva. No hace tantos años que era valorado como normal, que una familia tuviera encerrado en casa a un familiar que padeciera un trastorno mental.
 
De cualquier enfermedad física, no nos sentimos responsables, pensamos que nos ha tocado desgraciadamente en suerte, pero si el problema es de salud mental, aparece en nuestro interior un sentimiento de culpabilidad que nos lleva a pensar que los profesionales que nos atienden y la gente que nos rodea, encuentran una causa, una responsabilidad en nosotros del trastorno que padecemos.
 
En la actualidad, la salud mental es un tema a debate. Raro es el día que no encontramos  en los medios de comunicación noticias relativas a ello, por problemas de violencia, suicidio, malos tratos y un largo etcétera.
 
La primera condición para una buena salud mental es que al igual que en cualquier otra enfermedad, los problemas mentales no tienen culpables, ni hay que sentir vergüenza si se padecen.
 
Una segunda reflexión, aunque esta más ligada a la Psiquiatría que a la Psicología, se refiere a que somos capaces de consumir alegremente, antibióticos, antiinflamatorios e incluso  pastillas para dormir, en muchos casos sin el adecuado control médico, pero, cuando un profesional de salud mental nos receta un tratamiento, hay demasiados pacientes que le ponen resistencias, temen sus posibles secuelas  y abandonan la medicación.
 
Creo que se debería dedicar más tiempo a explicar los efectos positivos y negativos de los tratamientos a los pacientes, para que se sintieran más seguros, pero aquí aparece el siguiente problema, la falta de profesionales para atender adecuadamente a los enfermos.
 
En España el número de profesionales de salud mental por paciente es tan elevado, que en muchos casos resulta imposible acceder a la atención en la Seguridad Social, ya que la espera es tan larga y las consultas se distancian tanto en el tiempo, que no dan solución, por lo que hay que acudir a buscar ayuda privada, algo que no todos pueden costearse.
 
Los datos nos indican que estamos viviendo unos tiempos en los que hay una gran demanda de atención en este campo en todos los periodos de edad, pero fundamentalmente entre la población mas joven. Hay indicadores que nos dicen que adolescentes y jóvenes, que han vivido el periodo de   pandemia y el confinamiento, han desarrollado unos problemas que necesitan una solución inmediata. Podemos ver como el suicidio, las agresiones, el aumento de la violencia, son síntomas de la situación que están padeciendo.
 
Por desgracia, cuando en una familia se presenta  un problema de salud mental, es la propia familia quien mas sufre las consecuencias de la falta de medios y muchos enfermos y enfermas están al cuidado de familiares que ni tienen formación, ni capacidad para asumir esa responsabilidad.
 
La sociedad necesita los medios  adecuados para dar solución a la salud mental de sus ciudadanos, una salud mental de calidad, con un número de profesionales suficientes para poder cubrir las necesidades de la población; con medios que garanticen la calidad de la atención, con centros adecuados para el tratamiento y con recursos para la investigación, ya que en este campo, queda mucho por hacer.
 
La salud mental es un problema de todos.
 
Lourdes Carrascosa Bargados