Por Isabel Castañeda
Los pueblos primitivos metían en sus chozas plantas de hojas perennes y flores, pues les atribuían un significado mágico o religioso.
Los griegos y los romanos decoraban sus casas con hiedra.
Los celtas y los escandinavos preferían el muérdago y otras plantas de hoja perenne (acebo, laurel, ramas de pino o abeto), porque les atribuían poderes mágicos y medicinales.
En la cultura celta, el árbol era un elemento sagrado. Se sabe de árboles adornados y venerados por los druidas de Centroeuropa, cuyas creencias giraban en torno a la sacralización de elementos y fuerzas de la naturaleza. Se celebraba el cumpleaños de Frey (dios del Sol y la fertilidad) adornando un árbol perenne, sobre la fecha de la Navidad cristiana.
El árbol se llamaba "Divino Idrasil" (árbol del universo). En su copa estaban el cielo, "Asgard" (morada de los dioses), y el "Valhalla" (palacio de Odín), en las raíces se encontraba el "Helheim" (reino de los muertos).
Cuando la evangelización llegó al centro y al norte de Europa, los primeros cristianos usaron la idea del árbol para celebrar el nacimiento de Cristo, cambiando de esta manera su significado pagano.
"La diversidad en la familia humana debería ser causa de amor y armonía, como lo es en la música, donde diferentes notas se funden logrando un acorde perfecto"
ABUL BAHA.
¡¡¡Feliz Navidad!!!