Carta abierta a Lucifer ( y van 4)

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VI Concurso de Dibujo Ecológico

Son las 20:19 del , 27 de Noviembre del 2022.
Carta abierta a Lucifer ( y van 4)
¡ALOH, REFICUL! SÀRATSE OTNETNOC, ¿ON? Me he permitido escribirte con los caracteres al revés, pues hay por ahí quien afirma que en ocasiones te comunicas tal que así con nosotros: los humanos. Ante los últimos acontecimientos (llevamos varios años de puñeteros “acontecimientos”), he llevado a cabo alguna que otra actividad para descifrar tus mensajes, como por ejemplo escuchar al revés aquel mítico tema de Led Zeppelin. Después de varios minutos (“Stairway to Heaven” dura ocho minutazos. La música de nuestros tiempos era así, qué quieres que te diga). Después de ocho minutos, como te decía, no he conseguido pillar ni el más mínimo atisbo de comunicado, sino sonidos y voces inconexas que nada me han dicho, y mira que llevo ya unos añitos con eso de los idiomas. En realidad, he de confesar que no sé ni qué estaba buscando. Quizá una profecía apocalíptica. Este ambientazo que tenemos se está pareciendo tanto al Fin de los Tiempos con o sin calima, que uno ya no sabe ni qué pensar. O quizás ansiaba encontrar un barrunto de esperanza, algún indicador de que tanto sinsabor toca a su fin… ¡Pero qué va! En el fondo todos intuimos que esto no ha hecho sino empezar. A lo más que podemos aspirar es a un nuevo orden mundial en el que las cosas no empeoren demasiado, y en el que tú, Satán, vas a jugar un indiscutible papel estelar. Jo, hoy me he levantado con los niveles de optimismo bajo mínimos, ¿no?
Bueno, pues entonces empecemos de nuevo. ¡HOLA, LUCIFER! ESTARÁS CONTENTO, ¿NO? Sí, ya sé que la guerra, la crueldad y la tortura son tan antiguas como el ser humano. Pero supongo que el hecho de que se reavive su llama con tal intensidad y tan a menudo te ha de hacer feliz. Parece que estoy viendo tu macabra silueta paseando por esas calles arrasadas de Ucrania, solazándote, regodeándote en el dolor y la desesperanza, sembrando miedos, inculcando rencores en esas cabezas recién abonadas con odio y sed de venganza, que a partir de ahora arraigará por allí y se extenderá como una enredadera pringosa y sombría durante décadas. Ni siquiera me voy a molestar en pedirte que pares la guerra. O mejor sí me molesto, ¡ÈUQ SENOJOC!, ¡ARAP OTSE ED ANU ATUP ZEV, OÑOC! No traduzco esta parte, porque hay muchos tacos y uno tiene una reputación que guardar. Aunque, ahora que me acuerdo, eso tampoco es cierto. Lo de la reputación, me refiero. 
Vale, lo reconozco. En realidad, ya ves, no estoy enfadado contigo. 
A ti no te puedo mentir. Hago como que estoy enfadado contigo, pero no es verdad. Con quien estoy más que cabreado es con la humanidad. Y quizás hasta conmigo mismo. Si es que no aprendemos. Somos unos hipócritas incapaces de hacer el más mínimo esfuerzo por salir de nuestro rinconcito de confort, ni siquiera mientras vemos cómo el mundo se desmorona a nuestro alrededor. Con las cosas que aprendemos de nuestros errores, de nuestra historia, no se podría escribir ni una cuartilla. En fin, que te voy a contar que tú no sepas. Ha sido un gran hedor dirigirme a ti. Recibe mi más repugnante saludo, no sin antes desearte, como siempre, ¡EUQ ET NED!
Antonio Carmona

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