Charcos Malos y la Cueva del Charco

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Charcos Malos y la Cueva del Charco

Ocurrió en uno de esos lugares que están y no están. Lugares que podrían haber sido plasmados en mapas legendarios. Parajes míticos que alguien mencionó y sonaban a relato aderezado de leyenda. Se accede a ellos por caminos que son y no son privados. O quién sabe si son públicos, pero atraviesan una propiedad privada. O quizás se trate de un camino privado que te lleva hacia parajes públicos... y así podríamos continuar hasta la extenuación con este galimatías de combinaciones e incógnitas que no te llevan a sitio alguno, o te dejan sentado a las puertas de la frustración.


Sin embargo, a nosotros aquel camino nos llevó a Charcos Malos y allí, tras bajar un espectacular tramo de Río Grande, buscamos la Cueva del Arco y nos perdimos en un lugar perdido de Sierra Morena. Sabíamos que la cueva estaba, pero no estaba. Hasta que por fin se materializó ante nuestros ojos tanto la cueva como su gran arco de piedra. Una gran bóveda sembrada de fósiles antediluvianos y trazos esquemáticos de nuestros ancestros.


Río Grande es un proyecto acuífero en fuga hacia al Sur, llevado a cabo por la Madre Naturaleza con la cachazuda y metódica paciencia que le caracteriza. El diseño de esta Hoz del Viso comenzó en la noche de los tiempos, cuando la accidental presencia humana acaso no estaba siquiera prevista. Y la fecha tope de este singular proyecto, superando cualquier obra de arte imaginable, aún no está ni estará nunca acordada. Su autor jamás dejará de retocarla. Remodelará y alzará así nuevos árboles, tumbará otros acompañados de sus madreselvas agonizantes —metáforas de la derrota y el desarraigo—, pulirá escaleras pétreas con cascadas de agua, tensará nuevos arcos de cuarcita con su inconmensurable fuerza orogénica. Sobre este lienzo polícromo, esta escultura viva de bosques y rocas, estos bajorrelieves de ocres, verdes, y fauna esquiva se adivina un hilo musical que huele a agua cristalina en caída libre, y sabe a vuelo repentino de aves rivereñas.


Ocurrió en un lugar que, definitivamente, es y está. Hemos aniquilado el mito y la leyenda de un golpe. Lo constatamos con nuestra propia visita. Aun así, nos ha dejado un poso de irrealidad e incredulidad. No es posible que un lugar tan bello esté a la vuelta de la sierra. Un proyecto acuífero de soledades en fuga. Pero es y está. ¡Podéis creerme!... ¡O NO!

Antonio Carmona

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