España camisa blanca

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Con este verso comenzó Blas de Otero uno de sus poemas más famosos. Fue vasco, aunque sobre todo fue un gran poeta. Uno de esos ingenuos que pensaba que la poesía podía cambiar el mundo y a los que yo tanto admiro. En el mismo poema encontramos este verso: “Nos haces siempre a tu imagen y semejanza (…)”. Nadie puede negar que los resultados de estas elecciones hayan sido sorprendentes, pero todavía me ha sorprendido más la reacción de algunos, por no decir de muchos. De quienes quieren ver en el otro, ese que ha votado al partido mayoritario o a los partidos de la “vieja política”, a una especie de idiota que se deja engañar por los mismos de siempre. No les cabe en la cabeza, así de simple. Quizás, si reflexionáramos un poco nos daríamos cuenta de que todos los que votamos —votemos a quien votemos—, e incluso los que nunca votan, tenemos más cosas en común de las que nos gustaría admitir. No hace falta echar mano a argumentos conspiranoicos, ni que nos lo expliquen en Cuarto Milenio. Vivimos en una España que nos hace a su imagen y semejanza. El famoso “que no nos representan” es un eslogan muy bien traído, pero poco acorde con la realidad que nos rodea. Claro que SÍ nos representan, sino fuera así jamás habrían llegado al lugar que ocupan.

Queremos olvidar que vivimos en el país del chanchullo, la chapuza y el mínimo esfuerzo. Se nos llena la boca criticando a las grandes fortunas que pagan menos impuestos de los que debieran, pero el “a mí no me cobres el IVA” lo llevamos siempre dispuesto. En ningún país civilizado podría una gran compañía anunciarse en radio y televisión con el eslogan: Durante el mes “tal” NO LE COBRAMOS EL IVA. No cobrar el IVA es un DELITO. Por supuesto que cobran el IVA. Si acaso hacen un descuento que corresponde al porcentaje del IVA, pero los encargados de marketing saben el tirón que causa sobre el español el hecho de no pagar el IVA. Supone un gran triunfo. ¿De dónde supondrá el español medio que se obtienen todos esos servicios “gratis” que luego demanda como un derecho irrenunciable? Nos parecería de locos que alguien anunciara en televisión que hace un buen descuento en productos alcohólicos a menores. También es DELITO, pero éste lo tenemos más asumido como tal. Eso sí, todos sabemos que efectivamente se vende alcohol a menores.

Claro que esta es otra de las características que nos definen como español: lo que todos sabemos pero no se puede decir públicamente. Todo aquello que no es “políticamente correcto” mejor no comentarlo más allá de la barra del bar. En España, las asociaciones de vecinos llamamos para un arreglillo a ese que no está dado de alta para que nos salga más barato (y esto tiene un pase, si por lo menos no está cobrando el paro). Ese que ha conseguido la baja simulada/definitiva es una especie de héroe/modelo a seguir. Aquel que “coge prestado” material de la empresa o institución donde trabaja y lo cuenta como un logro. Este es el país de “que no nos pongan donde haiga”. Y, efectivamente, todos estos pequeños engaños nos demuestran que muchos españoles no se comportan como esos políticos a los que critican porque no pueden, no están en el lugar adecuado. ¡Claro que SÍ nos representan!

Vivimos, en fin, en el país donde alguien se te confiesa ateo en la barra de un bar y pone a parir a la iglesia. Más tarde le ves perdiendo el culo para llevar a sus hijos a catequesis, o sentirse de alguna manera protagonista en una procesión religiosa (sin que tengamos nada en contra de los ateos, o los que profesan sinceramente una religión, pero sí contra la hipocresía). ¿Pero de verdad alguien puede extrañarse de los resultados de unas elecciones en España? ¿No es más fácil pensar que la gran mayoría nos hemos adaptado a un “modus vivendi” que es más fácil llevar a cabo con los de siempre, que ya los conocemos? Solo faltaba que “los nuevos” sean honrados de verdad —que va a ser que no— y tengamos que vivir en una sociedad que premie el verdadero esfuerzo y que sea inútil arrimarse a un buen árbol —sea del partido que sea— para que una buena sombra en forma de empleo fijo/contrato suculento te cobije.

Muchos se han querido convencer de que esto se solucionaba con nuevas fuerzas emergentes, pero aquí tenemos un problema con unas raíces mucho más profundas. Se trata un problema de educación, de valores, de prioridades, que habría que atajar desde la base y en cada casa. ¡Ya está bien de echar toda la culpa de lo  que nos pasa a la clase política! De nada sirven las proclamas altisonantes si nuestra máxima aspiración es “a ver si me llaman”, “a ver si me dan una subvención”, “a ver si apruebo unas oposiciones y luego me toco los… (cuidadito con las rimas)”, etc. Y mientras tanto, me levanto todos los días a llevar a cabo la patética ocupación de apalear a la tendencia política que no me agrada en las redes sociales, en ocasiones, sin ni siquiera dar la cara.

En una sociedad bien formada y honesta, donde el programa de cotilleo de turno no sea el máximo protagonista de la conversación diaria, dará igual que gobierne este o aquel, porque será inconcebible que alguien que cometa la más mínima tropelía, siga ni un minuto más en su puesto. Pero en ésta, nuestra España actual, se sienten arropados por el pueblo al que —insisto— sí representan. Pues lo dicho: estos son mis principios y si no os gustan, desgraciadamente, NO tengo otros.

Antonio Carmona

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