Por José Belló Aliaga
En Espacio del Grupo Editorial Sial Pigmalión, situado en la madrileña calle Huesca, número 7, se ha presentado el libro NO SE HAGA DAÑO A LOS CUCOS, de Vicente Araguas, en cuyo acto han intervenido, junto al autor, la editora Verónica Vilaverde y el Presidente del Grupo Editorial Sial Pigmalión, Basilio Rodríguez, que lo presentó y coordinó.
También participaron varios asistentes a la presentación.
(Presentación del libro NO SE HAGA DAÑO A LOS CUCOS, de Vicente Araguas, editado por Sial Pigmalión)
Vicente Araguas
Vicente Araguas nació en Neda (Coruña), un domingo, 24 de setiembre, al mediodía. «Nunca quise molestar», aclara, y añade: «y como titulé uno de mis libros gallegos, Ás veces en domingo abonda coa tenrura; también por eso». Doctor en Filología Inglesa, ha dedicado gran parte de su vida a la docencia, últimamente de Poesía, en el Colegio Logos, de Las Rozas (Madrid). Su vida, larga y muy vivida —nació en 1950—, transcurre ahora entre Majadahonda, Neda y Olomouc (Moravia). Siendo este último lugar causa y razón de alguno de sus títulos poéticos más recientes, por ejemplo, Variaciones Goldstein, debutante en este volumen. Poeta en ejercicio, Araguas se desenvuelve también como narrador, articulista, Diario de Ferrol, Majadahonda Magazin, crítico literario, Leer, El Urogallo, Revista de Libros, Nordesía, La Región, conferenciante, ensayista. En este último territorio publicó en Pigmalión un estudio sobre la poesía dylaniana, su tesis doctoral, El mundo poético de Bob Dylan. Vicente Araguas es, en esencia, alguien que ha hecho de la búsqueda de la belleza el motivo central de su devenir, literario, artístico y humano. Traducido al portugués, italiano y checo, autor bilingüe, en gallego y español, ha botado recientemente dos libros gemelos: Que voy de vuelo y Ronsel de prata vella, inspirados en la misma «alma vieja», que todo —asegura, y como cantaban Four Tops—, It’s The Same Old Song.
El libro presentado
Aunque el poeta sea un fingidor, y Pessoa no mentía al decirlo, a pesar y a favor de todos sus heterónimos, hay en el último libro de Vicente Araguas mucho de verdadero. Pero esta verdad tiene muy poco que ver con las certezas que nadan en el río de lo que llamamos vida. Porque en No se haga daño a los cucos está presente ese misterio sin el cual no existe la Poesía. Tampoco se trata de camuflar la realidad inmediata con juegos de artificio como metáforas. Vicente Araguas, revestido con el hábito de la costumbre elegante, no aquel hecho trizas en el verano de la mentira, procede a mitificar los hechos de un adiós, de una despedida ni siquiera insípida, sino tocada por el sabor de las famosas lentejas por las que Saúl vendió su primogenitura. Ello, y otras cosas no menos sabrosas, están en este libro, confesión de parte, y aun de partes, de un cuco enamorado hasta que dejó de estarlo. Un cuco anidado en nido ajeno, pero para quien el don sagrado de la hospitalidad no le es desconocido. Tampoco el arte supremo de la belleza hecha Poesía. «No hay dolor más atroz que ser feliz», cantaba Alfredo Zitarrosa en memorable canción. Araguas hace suyas estas palabras para iluminar un poco más este libro tan confesional como el azul de verano en el cielo de su Neda.