El pacto necesario para una nueva transición

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Son las 04:32 del Miércoles, 23 de Octubre del 2019.
El pacto necesario para una nueva transición

La memoria tiene fuerza de gravedad, siempre nos atrae. 

                                             Los que tienen memoria son capaces de vivir en el frágil tiempo presente                                  

     Los que no la tienen no viven en ninguna parte.                  

  Patricio Guzmán

 

Las elecciones legislativas del día 26 de junio es uno de esos acontecimientos inciertos por naturaleza sobre todo a tenor de los resultados de las “primeras” de diciembre que no primarias”. Las diferentes formaciones han preferido dejar al país en stand by antes que desarrollar un pacto de gobierno que responda a la urgencia social de los ciudadanos. Aunque se agradece el esfuerzo del PSOE y de Ciudadanos para lograrlo los extremos lo han impedido.

En España, llevar razón siempre ha prevalecido sobre el entendimiento. Por ello, en estas elecciones resultaimposible anticipar nada consistente. Todos han declarado su intención de liderar el cambio y no pactar contra natura. Parece sensato viendo el espectáculo ofrecido en Cataluña. Pero, ¿es posible dejar de nuevo el estado sin gobierno? En mi opinión, no  sabremos lo que va a ocurrir hasta el mismo día de la investidura del nuevo presidente. Ni siquiera después de la elecciones. En esta época el análisis político es más competencia de expertos en arketing que de politólogos o de expertos en temas sectoriales. De alguna manera, dándole la razón a quien definía la economía como “la ciencia de adivinar el pasado”.

La actividad política en estos últimos meses nos ha retrotraído al “duelo a garrotazos” que tan bien practicaron nuestros ancestros. Hemos reactivado el viejo estilo de la discordia. Como si se pudiese reconstruir un país sólo con la mitad de sus ciudadanos: los que llevan razón.Sin embargo, cuandohemos querido dialogar lo hemos hecho. ¡Y de que manera!.

No hace falta ser un avezado politólogo pero sí « haber nacido antes de 1975 » para llegar a la conclusión de que, a tenor de los datos de pobreza, paro, falta de expectativas, deterioro de los servicios públicos, corrupción y alejamiento de la clase política del servicio a los ciudadanos en favor de sus propios intereses, personales o de partido, asistimos a la caducidad del modelo de convivencia desarrollado en los últimos 40 años. En este sentido, parece que se impone una nueva transición política que dé salida a las necesidades esenciales del pueblo español y no tanto a un nuevo « encaje de bolillos » que llame a lo mismo de manera diferente y que agudice todavía más las diferencias ya existentes.

Con voluntad política y apoyándonos en la conciencia democrática colectiva, esta nueva transición nos debería llevar hacia la construcción de un futuro no tan incierto como el vivido en el transcurso de este siglo.

Sabido es que « los pueblos que no conocen su historia estan condenados a repetirla ». Yo sugiero además que los que la tienen presente pueden rescatarla. En nuestro caso, no todo tiempo pasado fue mejor por lo que nos queda rescatar nuestros mejores momentos de la memoria colectiva : el periodo social y político de la transición a la democracia o la lucha contra el terrorismo.

La primera transición tenía como horizonte utópico la libertad y la segunda, en la que ya estamos, la igualdad. Las dos comparten un valor común, la democracia. Sin embargo la segunda tiene todavía que rescatar un valor fundamental que tenía la primera, la capacidad de diálogo. La primera se centró en el desarrollo de una constitución democrática suficientemente amplia para que fuese duradera. La segunda necesita una revisión para que este modelo de convivencia pueda proyectarse hacia el futuro como válido dentro de ese incierto espacio común que se llama Europa.

La política y el papel de los políticos ha cambiado sensiblemente según las generaciones. En la primera transición era claramente un servicio público. Después llegaron los rodillos, socialista y popular y finalmente la inoperancia, socialista y popular. En el primer rodillo el Estado vendió su patrimonio  al mejor postor. En la segunda época se creó la burbuja inmobiliaria que se podía haber evitado si no estuviese implicado, con honrosísimas excepciones, el mismísimo sistema político y financiero.

La legítima alternancia, esencia de la democracia, se ha ejercido de manera autoritaria. Nos gustan las mayorias absolutas, los valores incólumes y eternos, de uno u otro signo, los líderes firmes que nos gobiernen con « un par... ». El fondo de la acción política no importa tanto como la forma.

Sin embargo las estructurasdel estado, tradicionalmente resistentes al cambio, han sido las prmeras en mover ficha. El anterior Jefe del Estado ha abdicado en su hijo, dándole a la institución monárquica un nuevo impulso. Los llamados otrora poderes facticos, el ejercito y la Iglesia, han conocido transformaciones sin precedentes. El primero completamente integrado en el orden de « defensa » internacional ha dejado de ser una amenaza para la libertad de los ciudadanos. La segunda sigue teniendo mucha influencia pero cada vez menos poder. La abdicación del cardenal Ratzinguer en el Papa Francisco les ha situado también en una dimensión inesperada ante los escándalos y la creciente falta de credibilidad. Nunca hubo un Papa tan decidídamente comprometido con los necesitados y con la resolución de los problemas crónicos de la Iglesia.

¿Es necesaria la reforma de la constitución ? Creo que puede ser necesaria pero no urgente. Lo que es urgente y necesario es hacer efectivos los títulos constitucionales que garantizan el cumplimiento de los derechos de los españoles : trabajo (en cantidad y en calidad) justicia (rápida e igualitaria), sanidad (universal y de calidad), educación para la convivencia, vivienda accesible, servicios sociales justos… Mientras esto no se resuelva de manera muy significativa, todo lo demás son palabras técnicas que despistan del verdadero objetivo de un modelo de convivencia en que no solamente se garanticen el ejercicio de los deberes sino también de los derechos. Hemos asistido con la misma estupefacción que inoperancia cómo las cifras de desempleo llegaban al 24% o al 50% en la población general y en menores de 30 años respectivamente, la diáspora de profesionales y científicos de talla al extranjero encontrando la dignidad perdida u observando tras los recortes, cómo la educación, la cultura y la salud se deterioraban cada vez más hasta ponernos, de nuevo, a la cola de los paises de nuestro entorno.

En el contexto europeo el margen de maniobra de nuestros políticos esta muy limitado. Ciertas reformas que algunos partidos preconizan no son viables porque son incompatibles con lo establecido en la constitución europea : la deslocalización de las empresas, la falta de covertura social, la inseguridad en el empleo, los salarios de miseria de algunos paises, un sistema tributario injusto con la carga fiscal sostenida sobre las clases medias y la insolidaridad global con los más necesitados…

Por todo ello, el margen entre unas y otras formaciones no se va a establecer tanto en el fondo de la políticas sino en la forma de desarrollarlas. En eso que se ha dado en llamar « regeneración política » y que no es más que ejercer la política con honestidad y como el servicio público que es. Nada nuevo.

Pero, ¿quien tiene que conducir este proceso transicional y hasta dónde ?. Sin ninguna duda TODOS. En el gobierno, lo más amplio posible, o en la oposición, lo más leal y solidaria posible. El nombre del presidente no es tan importante como la voluntad de todos en colaborar para dotar a España de las mayores cotas posibles de bienestar, libertad e igualdad.

 Sin embargo, creo que el PSOE esta vez sí, va a ser la clave de la futura gobernabilidad, sesgando el gobierno hacia la derecha o hacia la izquierda según los resultados que alcance el PP o Unidos Podemos. Me atrevo a baticinar también que Mariano Rajoy no será el nuevo presidente. La credibilidad de todos esta en juego. Puede ocurrir que él mismo sea el sacrificado, como ocurrió con Artur Más en Cataluña. No parece ni lógico ni decente que quien ha estado amparando la corrupción en España, por acción o por omisión, vaya a ser el conductor de esta nueva transición. Ahí esta la clave de « la gran coalición ». Si no es así, ésta la conducirá Unidos Podemos. De cualquier modo, se impone un pacto, necesario para afrontar los nuevos retos sociales, económicos y políticos de la nueva transición española. En esta ocasión no hay excusas. Va en ello nuestra credibilidad como sociedad libre y democrática de derecho.

 

                

Miguel Marset
Duelo a garrotazos. Francisco de Goya. 1820 – 1823. Museo del Prado

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