Peligro de extinción

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Son las 21:26 del Lunes, 9 de Diciembre del 2019.
Peligro de extinción

La rosa con tallo pero sin el puño que la sostiene, se encuentra en peligro de extinción. Si el puño abandona la rosa, esta no podrá hacer otra cosa que marchitarse.

Hace años que nuestra sociedad se está explicando las razones de la crisis por la que estamos pasando. Nuestros dirigentes saben porqué pero no saben salir de ella. De todas formas no es de extrañar porque no hay ninguna crisis de la que se haya salido aplicando los mismos métodos que la provocó.

Las políticas neoliberales desarrolladas por la derecha social y financiera encontraron acomodo y complicidad en la social-democracia gobernante. Los programas progresistas desarrollados por las bases en sus congresos lejos de mandatar a sus dirigentes se han quedado en mera declaración de intenciones. La “realidad inesperada” con la que se encuentran los políticos cuando llegan al gobierno sirve de coartada para que la política se convierta en “el arte de lo posible” abandonando todo horizonte utópico en pro de un pragmatismo cómplice con el establishment.Así hemos llegado a la desmoralización y a la desesperación de los ciudadanos que más esperaban de las políticas social-demócratas tan bien adaptadas a la clase media acomodada que dominaba en España. Estas ya no aportan nada nuevo dejando de ser una alternativa económica y social original para retrotraerse al recuerdo del estado del bienestar que desarrollaron en otra época. Quién nos iba a decir que esto era “pan para hoy y hambre para mañana”. Las mismas bases políticas que

 

asentaron el bienestar de la clase media estaban abriendo el surco de su propia destrucción mientras los españoles nos contentábamos con el “pan y circo” que nos estaban dando para escondernos la cruda realidad que nos esperaba al final del camino. Contra todo pronóstico los trabajadores fueron perdiendo derechos y poder adquisitivo ante la mirada atónita de sindicatos y partidos políticos. Las leyes de flexibilización han aumentado la precariedad laboral hasta límites desesperantes, sobre todo entre los jóvenes y los profesionales más experimentados que con 50 años el mercado los ha convertido en indeseables. La social-democracia española y también la europea han participado como cómplices de este sistema neoliberal con algunas pinceladas de postureo progresista. Algunos de los ERES más sangrantes se han hecho con beneficios y con “socialistas” en los consejos de administración. Poco a poco se ha dado al traste con los proyectos más ilusionantes de los años 80 y 90 del siglo pasado concentrados en la construcción europea. Un proyecto que ahora se cae a pedazos por la negligencia de sus dirigentes que han puesto la prioridad en el mercado y no en el desarrollo progresivo de una identidad común.

La globalización, presentada como una oportunidad para el desarrollo de los pueblos, se ha “olvidado” desde el inicio de globalizar también los derechos humanos afianzando el mercado libre y en consecuencia la precarización de las condiciones de vida de sus ciudadanos. En occidente, se ha creado más riqueza donde ya la había, parados y pobres en las clases medias y miseria entre los desfavorecidos. Del otro lado del planeta, se han creado gigantes económicos que no respetan ningún derecho humano fundamental y esclavos entre las clases trabajadoras. Los políticos europeos han asistido a la deslocalización de las empresas y a la creación de inmensas bolsas de paro y de pobreza.  

A nadie le extraña ya la caída libre de la social-democracia europea: griega, holandesa, francesa y posiblemente española que se afana en presentarnos una renovación basada en su pasado más esplendoroso, lleno de éxitos, pero también en el más siniestro: puertas giratorias, contratos basura, terrorismo de estado, burbujas económicas, corrupción y venta de los bienes públicos no siempre al mejor postor. “De aquellos polvos estos lodos” que dice el refrán. Todo ello con una gran dosis de incompetencia. La izquierda, aunque en este estilo de gobierno no se la esperaba, estaba. La mayor crisis económica de la historia fue negada mientras el poder gozaba de un casi pleno empleo basado en una burbuja inmobiliaria que explotó sin ningún tipo de previsión y que llevó al país a la hecatombe económica y social. Por ello la izquierda social-demócrata tardará mucho tiempo en remontar el vuelo. Este tiene que reformarse en sus estructuras y en sus contenidos. Por qué no con confluencias sectoriales con la izquierda real que les permita encontrar una nueva identidad, como ocurre con el modelo portugués de Antonio Costa y no retrotrayéndose a una tradición política decadente asociada al liberalismo económico.

Estamos asistiendo a un proceso de primarias en el PSOE. A pesar de la pasión ambiental, sigue sin existir un debate claro entre los candidatos. Todos llaman a la unión. Quizás deberían apelar a la reconciliación, como si tuviesen miedo a hacerse año o a romper el partido o quizás al mismo debate político, a la libertad de pensamiento dentro de un proyecto común. De todos modos, unos y otros se sitúan en los extremos de un proyecto político que debe aspirar a romper con la tradicional falsa unanimidad de sus congresos para proyectándose en una auténtica unidad de acción y haciendo confluir libertad e igualdad, utopía y pragmatismo.

 

 La evolución social es imparable y el cambio que nos espera no puede fundamentarse en recetas antiguas. España tiene problemas que la pasividad desesperante del presidente del gobierno está cronificando: globalización y deslocalización, pérdida del poder adquisitivo y de la calidad en el empleo, pobreza y miseria de las clases más desfavorecidas, un pacto educativo, problemas territoriales, reforma de la justicia, sistema impositivo más justo, lucha contra la corrupción y construcción de un nuevo proyecto europeo.

El PSOE, si quiere sobrevivir e incluso si pretende ser alternativa de gobierno, tiene que dejar de querer seguir ocupando el centro político. Ese no es su espacio natural. Lamoderación, sin perder la esencia del fondo del pensamiento y la gestión social-demócrata es el estilo  inequívoco de la izquierda democrática. Quizás Martin Schultz, recién elegido líder de la social-democracia alemana, como en otro tiempo Willy Brandt, tenga la clave del cambio que todos estamos esperando para dirigir la social-democracia por el rumbo acertado, asegurando su supervivencia y aún más, empezando a construir su liderazgo.

Ante la polarización de las propuestas existentes en el partido socialista debe aparecer una tercera vía capaz de confluir sin que la alternativa ganadora sea ninguneada de un plumazo y convertida una vez más en gestorade frustración y no en impulsora de ilusión.

La Rosa, además de tallo, necesita un puño que la sostenga antes de que el viento de la irremediable realidad, gravitando en la nada, la marchite para siempre.

Como diría Silvio Rodríguez: “Si alguien que me escucha se viera retratado, sépase que se hace con este destino”.

 

 

 

A mis amigos y compañeros José Luis y José Antonio

Miguel Marset

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