Pitos para Mas

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Son las 14:52 del Sábado, 7 de Diciembre del 2019.

El escritor Umberto Eco sostiene que los pueblos, para definir su identidad nacional y desarrollar su poder, necesitan construir un enemigo. Este sirve además para procurarnos un obstáculo con respecto al cual medir nuestro sistema de valores y mostrar, al encararlo, nuestro propio valor. Asi pues, cuando el enemigo no existe, es preciso construirlo. Del mismo modo, cuando es vencido hay que reactivarlo. Desde esta reflexión « lo español » aparece para los nacionalismos peninsulares como el enemigo necesario contra el que identificarse y construir su propia identidad aunque para ello tengan que negar una parte de ella, la española. Por ello no es de extrañar que los más radicales estén sin cesar desenterrando el espíritu del franquismo, representado en las instituciones democráticas, como  si  fuese  el  enemigo  a combatir,  todavía  hoy.  El mundo al revés. Este discurso que  parece delirante es, sin embargo, uno de los fundamentos ideológicos del nacionalismo radical del que el presidente Más esta cada vez más cerca. De este modo, es como si el estado democrático del que gozamos desde hace casí cuarenta años fuese todavía una amenaza para algunos.  Naturalmente que las malas prácticas realizadas por algunos, entre ellos, miembrosdestacadísimos de su partido, lo han puesto seriamente en jaque en estos últimos años, sirviéndose presuntamente del legítimo anhelo identitario de una parte de su pueblo, para el desarrollo de intereses privados. Este es el lado perverso del asunto : « Poderoso caballero don dinero » que diría Lope de Vega.

En la última final de la Copa del Rey de fútbol cuando estaba sonando el himno nacional se organizó una sonora pitada que se pretendía ruidosa pero sobretodo unánime. El nacionalismo catalán y vasco allí presentes mostraron, que ni el Rey de España ni lo que representa eran bienvenidos a la copa que lleva su nombre. Soberana expresión de cobardía e intolerancia apropiándose del sentir mayoritario de todo el pueblo catalán y vasco. Eso debía creer el presidente Más cuando escuchaba el himno nacional a tenor de su gesto de satisfacción. Como si estuviese recibiendo una gran noticia. Como si esos pitos fuesen en realidad destinados a él, a su pretendido unánime liderazgo. Esos pitos, por un momento, como en un gesto más cerca del delirio que de la realidad, debieron borrar de un plumazo el mal resultado de las elecciones municipales o el de la interesada « consulta » con una proyección hacia el futuro tan desastrosa como incierta.

Creo que la unanimidad por muy justa que parezca es con frecuencia  enemiga de la libertad. En general, detrás de un gesto unánime se suelen esconder muchos pensamientos y emociones que corresponden a la frustración de no poder expresar los matices que lo cotrarrestan. Los matices sociales, económicos y políticos rompen con frecuencia dicha unanimidad dando crédito a la expresión libre y sonora de « la mayoría silenciosa » en las urnas.

Este gesto de descortesía institucional para con el Jefe del Estado y de mala educación del público hacia el resto de los españoles, incluso aficionados del Barça o del Athletic, me recuerda la unanimidad con la que el General Franco escuchaba los vítores de sus incondicionales en la Plaza de Oriente de Madrid. Todo « atado y bien atado » en aquel « destino en lo universal » que decían que era España y que la libertad se encargo de ponerla al servicio de sus ciudadanos.

En la fotografia podemos observar además otros dos gestos, el del Rey Felipe, haciendo frente a los pitos protegido por el reflejo de la legitimidad que representa, y el del presidente de la Federación Española de Futbol quien debe estar pensando, en un monólogo de ida y vuelta, quién fue el cretino que organizó este partido aquí, diciéndose al mismo tiempo : « Te lo juro, yo no he sido ».                                                                                                                                                                               

 

Que inoportunidad, que ineptitud la de estos dirigentes del deporte español poniendo al Rey en esta embarazosa situación y acrecentando todavía más la brecha entre muchos de los españoles. No creo que fuese un exceso de confianza de la Casa del Rey. Todos sabíamos lo que iba a pasar.

Sin embargo, en el fútbol, he visto cosas peores. En el clásico del año pasado observé con estupor como miles de gargantas gritaban enloquecidas en el Santiago Bernabeu, « puta Barça, puta Cataluña ». Nadie dijo nada al día siguiente en los medios de comunicación ni tampoco la comisión antiviolencia se inmutó. Como si esa barbarie formase parte del decorado futbolístico. No eran los Ultrasur, era casi todo el estadio porque otra mucha gente como yo no gritamos. ¿A quién interesa tanto odio ?. Hay que luchar pacíficamente contra esta jauría de incultura, intolerancia y mala educación que constituyen una buena parte de la gente del futbol español : aficionados, jugadores y dirigentes. 

Dice un refrán que no me gusta mucho que « piensa mal y acertarás ».  Esta situación me inclina a pensar  que quizás el mantenimiento de este enemigo radical, de esta confrontación fratricida, interesa a algunos, de uno y otro lado. Si es así, hemos caido en la trampa.

El fútbol es un movilizador de masas que sigue utilizando los estereotipos sociales para sembrar odio y desencuentro. El radicalismo del fútbol no solo es un problema de educación sino  también de salud mental.

Con estupor he leído la condescendiente y aparente democrática reflexión de los dirigentes del Barça y hasta de los jugadores ante este ejercicio de incivismo. A los primeros les propondría que abandonasen esta competición si no les gusta, pero con valentía. Algo así como hizo Rafael Alberti en base a su republicanismo renunciando al premio Principe de Asturias antes de que alguien se le ocurriese proponerle o José Bergamin criticando a María Zambrano por haberlo aceptado. Muy al contrario, el Barça no rechazó el indulto del Rey Juan Carlos cuando en una muestra más de su victimismo se retiró de la competición por no sé qué agravio comparativo con su eterno rival. El Racing de Santader no tuvo la misma consideración de la Casa Real cuando sus jugadores se negaron a jugar porque no cobraban su salario desde hacía meses mientras sus dirigentes seguían recibiendo sus emolumentos por no hacer nada. Un gesto digno y ético sin precedentes en el fútbol que quedó perdido en el vacío.

Para terminar quisiera responder a Xavi Hernández, admirado jugador, quien justifica la mala educación de sus hinchas proponiéndonos a todos reflexionar sobre el porqué de los pitos. No está mal como esfuerzo intelectual. Le propongo que, en Qatar, se pregunte porqué allí la gente no pita al himno, porqué  las mujeres no van al futbol, cuales son las condiciones de trabajo de los obreros que construyen los estadios o, simplemente, porqué hay tanta unanimidad…

¡ Bendita democracia la nuestra !  

Miguel Marset

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