Reflexiones pandémicas II: Sentido del humor

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Son las 19:43 del Sábado, 27 de Febrero del 2021.
Reflexiones pandémicas II: Sentido del humor

 

Si algo es propio del carácter de los españoles es “reírnos hasta de nuestra sombra”. En los mejores momentos y también en los más críticos.

¿Qué mejor manera tendríamos de lidiar con la desconfianza y el desaliento tan común, desde siempre, en nosotros mismos y entre nosotros?

Utilizamos el humor con naturalidad en nuestro lenguaje, en nuestras formas de comprender y afrontar los acontecimientos de la vida cotidiana. Rompemos el pensamiento consciente con su transformación al absurdo y de golpe, la vida la imaginamos y la sentenciamos de una manera diferente. Nos la podemos tragar sin indigestión. De este modo el subconsciente nos aporta todo aquello que alguna vez ocupó nuestra vida fantasmática y que ahora, sin vergüenza ni culpabilidad, podemos compartir con gracia y desenfado.

Citemos a algunos de nuestros cómicos: Tip y Coll, Gila, “Martes y trece”, “Cruz y Raya” o Chiquito de la Calzada. A nuestros cineastas Pedro Almodóvar, Luis Garcia Berlanga o José Luis Cuerda. Y por qué no a nuestros viñetistas: Forges, Peridis o ese manchego tan nuestro como es Miguel Alcobendas. Son diferentes maneras de mostrarnos la realidad sin apearse del sentimiento que las impregna.

Nos podemos reír hasta de lo más trágico y solemos saber “de qué vamos”. En el humor conocemos nuestros límites y si los sobrepasamos podemos comprender y perdonan, salvo los del “mal Fario”, los “cenizos” o los que banderillean “a toro pasao” que esos lo saben todo y nunca esta estarán contentos.

Sabemos si el asunto no va con nosotros o si “la procesión va por dentro”. El respeto es el mismo. Cuántas veces hemos salido de la miseria, aunque fuese momentáneamente, con unas buenas risas o con unos abrazos, esos que uno recibe del amigo de verdad y que confirman un hecho muy real entre nosotros, que rara vez estamos solos.

Alguien ha dicho que para evadirse hay que alejarse de los dramas y huir de las tragedias. Y eso es verdad. También es válido, verlas de otra forma, conel sentido del humor que nos aleja del fondo depresivo con el que el drama nos pudiese invadir.

Sigmund Freud decía que “el humor es la manifestación más elevada de los mecanismos de adaptación del individuo”. Y entre nosotros es muy cierto. Nos adaptamos y, además nos da la impresión de que lo superamos aunque pueda tratarse tan solo de una ilusión…

Recuerdo que, cuando empecé a trabajar en un hospital psiquiátrico, teníamos la costumbre de reírnos de algunas cosas francamente graciosas que hacían los pacientes. Uno de mis maestros nos dijo un día algo que me ayudó mucho para el resto de mi carrera: “reírnos de lo que hace el paciente es sano pero reírnos del paciente es perverso”. ¿Es posible disociar una cosa  dela otra? Pues claro que es posible incluso necesario disociar los actos del ser humano que los protagoniza. En esta pandemia que nos ha tocado vivir, he reído a carcajadas y también he llorado cuando lo he necesitado pero en ningún momento estos sentimientos o estados del alma se contrapusieron ni fueron reprimidos. Esto, en el manchego y en el español, por paradójico que parezca, es mágico.

Todos hemos sido testigos o protagonistas de memes, viñetas, chistes o videos con los que hemos sobrellevado el confinamiento de este virus  con corona de espinas de pescado rancio. Esto hace del español un ser casi único. Un compañero de otro país me dijo que si no nos daba vergüenza reíros de una cosa tan seria. Le recibí con la pena que me inspiraba y con la gloria del que se sabe lleno de razón. Él no entendió nada cuando le dije que reírnos de un acontecimiento que nos concierne a todos, incluso tan dramáticamente es, ante todo, un acto de solidaridad.

Y tenemos razones para llorar, parar enfadarnos incluso mucho, además de por la pérdida de amigos y familiares, de los incompetentes que han gestionado está inesperada aunque bien anunciada pandemia. A estos y a los que se propugnan como portadores de alternativas interesadas les vamos a dejar, por el momento, seguir gestionando esta urgencia sin respiradores, estas residencias ya sin ancianos, esta mascarada sin mascarillas o, aún peor, esta crisis sin acuerdos.

Ven ustedes como, aunque nos riamos de nuestra sombra, podemos llamar a las cosa por su nombre. Pero bueno, como dirían Tip y Coll: “la semana próxima hablaremos del gobierno”…

 
  Ilustración: Miguel López Alcobendas
Miguel Marset

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