Reflexiones sanitarias a propósito de la hepatitis C

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Son las 05:23 del Lunes, 21 de Octubre del 2019.
Reflexiones sanitarias a propósito de la hepatitis C

Quizás El Roto no andaba muy descaminado en su viñeta de El País ante lo que se nos avecinaba cuando los responsables del derroche en el gasto público diseñaron e implementaron la política de recortes en materia de sanidad y asuntos sociales.

El mensaje de austeridad ha ido poco a poco entrando en el « inconsciente colectivo » como una necesidad incuestionable para el mantenimiento del estado del bienestar, asegurandonos sus portadores, que no necesariamente iría acompañada de una disminución en la calidad asistencial.

En los primeros años de este siglo y antes de la crisis se puso en marcha un sistema sanitario público, que sin ser de los mejores del mundo, como publicitaban algunos, ha sido una referencia de organización y eficacia para algunos de los paises de nuestro entorno e incluso para nosotros mismos. El país pobre que siempre fuimos, entraba en una especie de ensoñación. Por fín algunos derechos constitucionales se hicieron efectivos. Los hospitales se dotaron de tecnología y de personal. La formación de los facultativos y la calidad de los científicos estaban ampliamente contrastadas. La asistencia llegaba a casi todos con la calidad necesaria. Sin embargo, la política de recortes fue menoscabando la eficiencia y eficacia del sistema sanitario intentando obtener los mismos resultados con una inversión cada vez menor. Los ciudadanos fueron más que nunca, pacientes. La vuelta a las tradicionales listas de espera para diagnóstico y tratamiento, los repagos, la precarización de contratos y sueldos de sus profesionales y la diáspora de científicos y facultativos a otros paises donde la investigación y la asistencia estan bien financiadas y reconocidas alcanzaron un protagonismo indeseado.

hepatitis C

El fracaso progresivo de una sanidad pública mal planificada ha dado alas a los promotores de las políticas neoliberales para intentar privatizar los servicios. Evidentemente, qué mejor argumento que el fracaso de lo actual para promover un cambio. Afortunadamente se han encontrado con la oposición activa, casi unánime, de los profesionales en la defensa del sistema de salud pública. Las políticas progresistas han conocido posturas diversas y divergentes desde la atónita pasividad de algunos a las medidas demagógicas de otros. La salud, derecho constitucional, se ve sometido al implacable imperio de la austeridad donde predominan los criterios de rentabilidad sobre los de calidad olvidándonos que la sanidad la financiamos todos. Por ello, siempre con criterios de racionalidad clínica y no solo política, nadie debería quedar excluido del disfrute de la misma, teniendo acceso a los mejores tratamientos posibles y a los avances científicos que progresan en la resolución de enfermedades tradicionalmente mortales.

En estos últimos meses y ante esta situación, la sanidad española se ha encontrado con un nuevo problema : la financiación del tratamiento para enfermos de hepatitis C. Con los fármacos de nueva generación se ha pasado de una curación del 70% con muchos efectos secundarios al 90% y casi sin efectos secundarios. El elevado coste de estos medicamentos obliga, según los expertos, a seleccionar y priorizar el acceso al tratamiento a aquellas personas más gravemente afectadas, siguiendo criterios clínicos. Sin embargo, utilizando criterios de salud pública, los afectados en fases iniciales de la enfermedad podrían prevenir complicaciones a largo plazo que contribuirían a su posible erradicación lo que repercutiría por consiguiente, en un ahorro económico significativo para el sistema de salud ya que se impediría con el tratamiento precoz el desarrollo de complicaciones como cirrosis, cánceres y trasplantes hepáticos.

En el artículo publicado en El País el 15 de enero por Elena Sevillano y Emilio De Benito ponen en evidencia la desidia de los responsables políticos en la resolución de este conflicto : « La Agencia Europea del Medicamento aprobó los primeros antivirales hace un año. El Gobierno tardó nueve meses en negociar con el laboratorio el precio de uno de ellos, el sofosbuvir. Y no ha sido hasta estas últimas semanas cuando ha planteado la creación de un plan nacional que determine número de pacientes, criterios de administración y prioridades ». Por otro lado, se ha creado un grupo de reconocidos expertos que, cuya legitimidad se cuestiona en algunos medios ya que participan como asesores o han participado en actividades científicas patrocinadas por los laboratorios farmacéuticos que fabrican estos medicamentos. ¿ Pero a quien le puede extrañar que los laboratorios se rodeen de los mejores expertos para desarrollar sus productos ?. No pongamos en entredicho a los que realmente estan en primera línea en el tratamiento de estos pacientes. Yo creo en el compromiso ético de los expertos. Ni siquiera los laboratorios deben ser estigmatizados. Estos son necesarios para sistema de salud. ¿ Quien sino se atreve a investigar ?

El problema no esta ahí. Hay un evidente problema de planificación sanitaria : ¿Cual es el lugar de los laboratorios farmacéuticos en el sistema de salud ?, La falta de control sobre los precios exagerados de los medicamentos, el funcionamiento de sus sistemas de gestión, los sueldos desorbitados de sus ejecutivos, la deslocalización de sus empresas y el monopolio que a veces representan en algunos campos de la medicina.

Mientras tanto, en el primer « año de recuperación » y ahora que « estamos saliendo de la crisis », los afectados han tomado la iniciativa y su protesta esta llegando claro y fuerte a la opinión pública y a las autoridades políticas europeas. « Señor, no hay nada como estar en periodo electoral para que te hagan caso », diría hoy mi amigo Sancho.

Más allá del clientelismo de unos y de las medidas expropiatorias de otros necesitamos racionalizar el problema. Su excesiva politización en tiempo electoral corre el riesgo del recurso a medidas de urgencia necesarias, sin duda, pero recurriendo también al olvido, como de costumbre, en el abordaje de la planificación sanitaria que nuestro pais necesita para los próximos años, décadas dría yo : ¿ Dónde situamos la inevitable cohabitación entre los recursos públicos y privados en pro de la eficacia de la calidad asistencial ?; ¿ Que lugar ocuparían los laboratorios farmacéuticos en el desarrollo de nuevos medicamentos para que se pudiera establecer una equidistancia entre la eficacia para el paciente, la eficiencia para del sistema público de salud y la rentabilidad financiera para la empresa ?.

En este contexto, el « que inventen otros » ya no sirve. No estaría mal, de paso, que el Estado invirtiese a través de sus universidades y de su inversión pública en investigación básica y clínica. Sería una excelente manera de crear empleo. Las políticas de investigación y desarrollo que se propusieron antes de la crisis estan abandonadas. Hoy en día, los trabajos de investigación que se realiza en los hospitales universitarios carecen de finaciación cuando no de calidad inovadora. Se re-investiga sobre lo que ya se sabe y sólo en contadas ocasiones se realizan ensayos clínicos que aportan algo realmente diferente.

Los nuevos métodos de diagnóstico clínico, las terapias basadas en la ingeniería genética o en el desarrollo de técnicas de tratamiento extremadamente precisas y carentes de efectos secundarios para el tratamiento de radioterapia y quimioterapia para el cáncer o el desarrollo de fármacos para el tratamiento de las enfermedades virales como el SIDA o las hepatitis, unido al envejecimiento de la población y el costo de las enfermedades crónicas, necesitan de mucha competencia técnica, de imaginación, creatividad y de políticos al servicio de la sociedad que les elige. Entre otras medidas, el desarrollo de un partenariado dinámico entre los poderes públicos y la empresa privada donde el ciudadano/paciente se situe en el centro del interés y de la intervención de todos, sea cual sea su enfermedad, haciendo efectivo su derecho constitucional al disfrute de una salud digna.

Miguel Marset

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