Siempre Carlos Santana

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Siempre Carlos Santana

«La música exige un perfecto equilibrio entre razón, emoción y temperamento.   Si este se consigue, los hombres, incluso las naciones, podrían entenderse mucho más facilmente »

 Daniel Barenboim

 

Cuando siendo adolescentes escuchábamos o, con más suerte, bailábamos el « Samba pa ti » de Carlos Santana en la azotea de la casa de Felipe de la calle Córdoba, jamás pensé que algún día asistiría a alguno de sus conciertos. Este verano presencié con mi hijo, por quinta vez, un concierto suyo en el marco incomparable del Festival de Jazz de Montreux, junto a los Alpes suizos.

Carlos Santana es un músico de aquella y de esta época, de todos los tiempos. No solo por haber estado siempre en primera línea de la actualidad musical sabiéndose  adaptar a las generaciones que le han escuchado sino también porque su obra ha trascendido a lo meramente musical para convertirse en una forma de ser, en un encuentro del hombre con lo más profundo de sí mismo : sus valores, sus pulsiones y sus pasiones. Un mensaje válido para cualquier generación o espacio socio-cultural, religioso o político.

 

Carlos Santana y su grupo combinan sensibilidad y carácter, técnica, valentía y genio en ese lenguaje universal que es el rock. Una comunicación que, en vivo, se convierte en sublime cuando alcanza a su fusión con el jazz.

Cada concierto de Carlos Santana es diferente al otro. Su grupo y él dan lo mejor de sí mismos poniendose al servicio del público, que vive sus conciertos completamente entregado. Un gesto de verdadera generosidad del que el propio Santana se enriquece. Y se le nota. Todos sentimos que Carlos es feliz cuando se dirige a su público. Recíprocamente nos hace felices a todos los que le escuchamos. Viéndole podriamos afirmar que no solo toca para la gente que le escucha sino para toda la humanidad. Desarrolla acordes inverosímiles en un universo de ritmos latinos, chicanos y africanos. La profundidad de su música se encuentra en los sonidos tradicionales de las tribus africanas llevados a América con la esclavitud. La confluencia con el Blues, en su primera salida a la escena americana, en 1966, con el grupo Santana Blues Band, y posteriormente con el rock y su fusión con el Jazz le convirten en un músico universal.

La improvisación que nos ofrece a través de sus temas clásicos alcanzan de lleno al espíritu del que lo escucha, desempolvando del subconsciente valores íntimos o sentimientos primitivos, quizás reprimidos en algún momento azaroso de nuestras vidas. Por ello, Carlos Santana es un místico de nuestro tiempo, como tantos otros « artistas globales » que trascienden a su época. Se acompaña en el escenario de un retrato de Cristo, cuyo mensaje le inspira, situado encima de uno de sus gigantescos bafles como si la espiritualidad que desprende quisiera expandirse con la fuerza del sonido de su música. Con frecuencia, en algún momento del concierto, se acerca a niños para invitarles a tocar en el escenario. A estos, con toda seguridad, les deja una huella imborrable y a nosotros nos impregna de su inocencia, de un espíritu todavía desprovisto de «maldad». De este modo, integra y trasmite en su música la pureza de la que nos hablaba Cristo o la perfección a la que se refería Joan Miró para definir la pintura. Quizás, la esperanza de construir un mundo mejor termine siendo una obra de arte sólo al alcance del sueño de un niño. 

 

Carlos Santana rebosa compromiso y generosidad. Siempre con un mensaje de recuerdo para sus maestros : B.B. King, John Lee Hooker… para sus admirados cohetáneos Bob Dylan, Jhon Lennon… proyectando a jóvenes virtuosos y siempre acompañado de los fieles escuderos que forman su grupo. Carlos les dirige con la maestria, la fuerza y el genio de un director de orquesta pero con un estilo original y desenfadado. A través de gestos, cargados de complicidad, establece con su música auténticos diálogos que nos invitan a sentir y también a pensar. Resulta particularmente excitante presenciar como la guitarra de Carlos se afirma y casi sobrevive al vendabal de ritmos que la percusión de Karl Perazzo, casi siempre acompañado de Raul Rekow, tratan  de imponer. Nadie vence pero tampoco nadie queda vencido. Una metáfora para la utopia de la paz universal que él anhela. El horizonte de Eduardo Galeano : « un lugar inmovil que nunca alcanzamos pero que nos sirve para caminar, para avanzar ».

Este concierto fue presentado por el gigante Georges Benson y tuvo como acompañante privilegiado a su amigo de batallas musicales y de otras, Jhon Mclaughlin. Tres horas de música sin parar que nos obligó a todos a pedir un « tiempo muerto » para poder respirar y metabolizar tanta fuerza y tanta belleza. ! Gracias Carlos !

El concierto terminó con un magestuoso « Soul Sacrifice » habiendo pasado previamente por una versión del legendario tema del grupo America : « Un caballo sin nombre » conectándonos con Woodstock. Aquel histórico e improvisado concierto en el que los jóvenes, en 1969, reivindicaron el amor contra la guerra. Vivir liberados de los prejuicios de la época. ¿Mensajes algunos que podían ser válidos en la actualidad ?. Carlos Santana, en aquel concierto, impresionó al mundo con sus ritmos y fusión afro-latinas en presencia de leyendas como Jimy Hendrix, Janis Joplin ou Joe Cocker y sirviendo de preámbulo a la que sería su primera obra de arte en 1970 : « Abraxas ». Y así sin parar, aunque con alguna pausa existencial, hasta hoy .

Carlos Santana y su grupo exploran nuestros sentidos y nos hacen sacar lo mejor de nosotros mismos. Un encuentro de la memoria con la música y la ensoñación que esta provoca. En esos momentos todo es posible. Hasta enamorarse. Como alguien ya ha dicho, los temas de Carlos Santana, constituyen la banda sonora de muchas historias de amor. Él mismo, en Chicago, encima del escenario y tras un impresionante solo de bateria, pidío matrimonio a Cindy Blackman a lo que esta le respondió con un afirmativo beso que el público aclamó como propio.

Pero también, escuchando a Santana muchos vivimos, paradógicamente en silencio, la esperanza de que la corrupción, las guerras, la codicia y la explotación del hombre por el hombre se conviertan en un mal recuerdo. Una pesadilla de la que Santana nos saca con su música y su fuerza espiritual.

Carlos Santana transforma el escenario en un púlpito exortándonos a no cejar en el empeño de buscar la paz y la solidaridad entre las razas y las culturas de nuestro planeta. Como él mismo dijo en el inolvidable concierto del Estadio Azteca de la ciudad de Mexico : « Estamos rodeados de ángeles que con su música nos envían un mensaje de paz amor de compasión, compasión,compasión…

…Para que no existan ni fronteras, ni trincheras, ni carteras ». 

Carlos nos espera en su próximo concierto. Con los años, como el vino, habremos madurado, crecido quizás y nos parecerá como siempre más actual, mejor. Volveremos a rememorar al Aguilucho, su gran mentor en nuestra pandilla, acariciando aquel vinilo que sonaría en el viejo tocadiscos. En la azotea de la casa de Felipe, tan romántica como una luz de luna en el suizo Lago Leman.

Entonces, ahora y siempre comprometidos con nuestro lenguaje común, la amistad.

 

                                                                                              

Miguel Marset
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