Tuve un sueño

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Son las 04:48 del Miércoles, 23 de Octubre del 2019.
Tuve un sueño

« Un político piensa en las próximas elecciones,          un estadista en la próxima generación »

                              James Freeman Clarke

 

El sueño representa la expresión de un estado distinto de conciencia, de estar vivo, que aparece cuando dormimos. Pero no es lo mismo dormir que soñar. A veces, hasta podemos soñar despiertos. En las obras contemporáneas que presento, Dalí y Picasso nos muestran simbólicamente la significación de estos dos estados tan cercanos y sin embargo, tan distintos. Observamos en « Sueño » un estado de tensión donde la conciencia se sostiene pasívamente en sí misma con un cuerpo desinflado. Un estado de dependencia de sus referentes externos, cercanos o ajenos, que lo anulan como persona y lo hacen sujeto pasivo de sus circunstancias. Por el contrario, en « El sueño » podemos identificarnos con un estado de conciencia sereno y placentero, libre, donde la persona se recrea quizás en una nueva realidad. Un estado de contemplación activa que vive en armonía con su cuerpo, sin ataduras. Un auténtico estado de libertad que se prepara para la acción.

 

Hace unas semanas, leyendo las encuestas sobre intención de voto para las próximas elecciones, me desperté sorprendido, casi sobresaltado de mi personal sueño político. Obsevé atónito un empate técnico entre cuatro grandes partidos, ¡ Cuatro !. Como en los viejos tiempos -me dije- cuando en la transición estabamos construyendo la democracia, políticos y ciudadanos con gran complicidad. Pensé que, por primera vez en muchos años, España esta despertando de su letargia. Un largo sueño… pesadilla quizás.

Hoy, tras casi 40 años de ejercicio democrático en el contexto de una Europa sin rumbo claro, la democracia ha quedado seriamente dañada con la gestión cínica e irresponsable de los dirigentes de la post-transición. El bipartidismo reinante lejos de favorecer una alternancia seria y responsable ha servido de plataforma para el desarrollo de « malas prácticas » de ejercer la noble tarea de servir al bien común. Una corrupción inesperada pero casí generalizada ha alcanzado a casi todas las instituciones del Estado. Los ciudadanos nos estabamos resignando a una España sin esperanza cuya recuperación se asentaba en las mismas estructuras, en las mismas formas y con los mismos protagonistas que la llevaron a la bancarrota.

La democracia no ha fracasado. Es el fracaso del bipartidismo.

Esta situación ha dado paso, desde la indignación, a la aparición de nuevas fuerzas políticas verdaderamente alternativas a las clásicas, que nos auguran el fin del bipartidismo para dar entrada a una nueva etapa de consenso político. Una segunda transición donde se recuperen y se consoliden los valores que nunca se debieron perder. Se abren las puertas a una nueva generación de políticos de izquierda y de centro que basan en la honestidad su tarea política. No esta mal, pero no es suficiente. Además habrá que gobernar.

Contra todo pronóstico, nos encontramos en un nuevo tiempo de entusiasmo. Podemos y Ciudadanos, con sus grandes diferencias programáticas, han tenido el indudable mérito de hacer reaccionar a los partidos clásicos cambiando algo en sus formas y, de nuevo, hacer que los españoles puedan volver a créer en sus representantes. ¡Bienvenidos !

Por cierto, el otro día tuve un sueño. ¡ Y estaba despierto !. Soñé con un país decidido a vencer sus dificultades centrándose en lo que les une y no en lo que les separa. Un país en el que

 

 

gobernaban todos los partidos de forma colegiada porque el objetivo era el bien común. Los partidos mayoritarios con dos ministros y los minoritarios con uno. Un pais cuya corrupcción se autorregulaba porque la alternancia en el poder no significaba reparto de privilegios y cuya presidencia era rotativa. 

Un congreso ejecutivo y un senado donde se depositaba una eficaz representación territorial. Un poder judicial elegido por los ciudadanos independientemente de los resultados electorales y no nombrados por los partidos políticos. Una justicia independiente suficientemente dotada de recursos técnicos y humanos para garantizar el ejercicio de los derechos a los ciudadanos y no solo de sus obligaciones, que pueda perseguir la corrupción lo más cerca del momento en que se produce y no muchos años más tarde, cuando los delitos prescriben o cuando se complican tanto que no se pueden demostrar.

Un país, en definitiva, donde ante la crisis se bajaban los precios y no los salarios.  

En realidad, una España, donde el derecho a la salud, la vivienda, la justicia y la educación estén garantizadas en la práctica y no solo escritas en un papel. Una salud sin listas de espera. Una cultura cuyo IVA este reducido al mínimo. Una educación pública de calidad con número de alumnos reducidos. Una enseñanza pública digna y una privada con criterios racionales y no que mantenga las economias de las élites. Una remuneración digna a los profesionales en el contexto de una verdadera ley de incompatibilidades.

Unas listas abiertas donde los ciudadanos elijamos a nuestros representantes en función de nuestra ideología pero también de sus competencias, personales o profesionales, dejando de asumir a « honorables incompetentes cuando no impresentables » escondidos en medio de las listas.

Una descentralización efectiva del poder y de la gestión política. No una multitud de instituciones públicas destinadas a aumentar el gasto y a garantizar prevendas...

Soñé que soñaba y era verdad. Me encontré envuelto de mi realidad helvética.

España ya no duerme ni en sus laureles ni en la pasividad de lo irremediable.

España empieza a soñar.

Miguel Marset
El sueño de Picasso
Sueño de Dalí

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