Unidad vs Unanimidad

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Son las 05:20 del Miércoles, 23 de Octubre del 2019.
Unidad vs Unanimidad

Recientemente hemos asistido en España a dos acontecimientos políticos y mediáticos de primer orden: la Asamblea Ciudadana de Podemos y el Congreso del Partido Popular. Dos acontecimientos de la misma naturaleza pero con distinto desarrollo y significación.

En el congreso del Partido Popular, « España adelante », ya se atisbaba, desde su anuncio, su final unánime. Ya se encargó José María Aznar de centrarlo previamente con su narcísica espantada. Mariano Rajoy, con su actitud pasivo-agresiva, obliga siempre al contrario a mover ficha y a situarse donde él quiere.

La unanimidad se perfila como el objetivo central de los congresos de los partidos que representan « la vieja política ». Nada nuevo, pero paradójicamente muy rentable ya que es lo que la mayoría de los españoles quiere: el encuentro con el « yo » pretendidamente tolerante pero autoritario, que llevamos dentro.

Por otro lado, la Asamblea Ciudadana de Podemos, « Un país contigo», nos ha proporcionado una gran sorpresa: los compromisarios han debatido sus propuestas políticas como en los viejos  tiempos y junto a militantes y simpatizantes han votado listas abiertas a los órganos de representación. Los más jóvenes no se acordarán pero los que peinamos canas podemos reconocer en este gesto rasgos de la vieja política, la de verdad.  La « nueva política » parece perfilarse como la vuelta al pasado democrático de los partidos. Ver para creer.

La opinión pública, por su parte, ha interpretado el duro debate representado entre Iñigo Errejón y Pablo Iglesias como una lucha fratricida y no tanto como el ejercicio de la democracia interna de un partido. Estos debates cargados de pluralidad y de propuestas políticas al no ser unánimes representarían desorden e indefinición; sin una ideología clara y con un estilo autoritario, señalando al líder.  Paradójicamente las encuestas de opinión aparecidas posteriormente ponen este hecho en evidencia  quedando dañada la imagen de Podemos tras estos intensos debates según una encuesta de Metroscopia publicada por El País el 20 de febrero.

  Sin embargo, si prescindimos de prejuicios y descalificaciones y nos basamos en hechos objetivos me atrevo a afirmar que Podemos, en su Asamblea Ciudadana, no solo ha dado al país una lección de democracia interna sino también de estrategia política. La expresión de sus planteamientos más moderados ha tenido cabida como un grupo organizado del que no se puede prescindir a pesar de su clara derrota. Es decir, en Podemos cabrían todas las izquierdas: la moderada social-demócrata de Iñigo Errejón (33%), la radical marxista de Pablo Iglesias (50%) y la extrema anarquista de Miguel Urban (13%). La estrategia no deja lugar a dudas,  desplazar al PSOE de los espacios políticos que pretende ocupar y alzarse con el liderazgo de la izquierda real que falta en España.

La Asamblea de Podemos, alejándose de la unanimidad, terminó con una cuota de representación proporcional de cada grupo y todos concluyeron en reclamar la unidad desde la diversidad como base de su estrategia política. Veremos si los vencedores son capaces de mantener la transversalidad que se atribuyen y no caen en la tentación de ejercer el poder con la autoridad de la victoria y no con la proporcionalidad de los resultados. Este detalle me parece esencial para marcar la diferencia en relación al funcionamiento de los partidos tradicionales integrando a una sociedad civil harta de escenificaciones y ávida de instrumentos de participación política y rompiendo con la tradición de la obediencia como método de represión de las ideas.

 

Los españoles en el ejercicio de la democracia guardamos muchas de las actitudes y tendencias que tradicionalmente han caracterizado nuestro pasado más sombrío. Es decir, para ser gobernados necesitamos autoridad. Esta nos da seguridad. Necesitamos personas que nos marquen el camino, con claridad y sin ambivalencias, aunque este camino nos lleve al abismo.

Cuando un partido duda o tiene la osadía de debatir públicamente alejándose por consiguiente de la unanimidad tendemos a desvalorizar sus mensajes. Sin embargo, sabemos que el conflicto y las divergencias abren las puertas de las nuevos planteamientos y de los cambios efectivos. Pero para llevar este hecho a la práctica necesitamos debate de ideas y unidad de acción de los ciudadanos con sus representantes y estos entre ellos con el único objetivo del bien común.

                España sufre en la actualidad de desafección política pero no creo que la sociedad se haya desinteresado de los problemas que les aquejan sino que ha tomado una gran distancia, quizás insalvable, de los que tienen que gestionarlos. Quieren hacer una nueva política con los viejos métodos. Esto no solo es inviable sino también falso. Los grandes partidos han fracturado la democracia interna con frases tan contundentes y desafortunadas como aquella de Alfonso Guerra: « el que se mueve no sale en la foto » y con la búsqueda impenitente de la unanimidad en torno al líder único, tan frecuente en la derecha española.

¡Ah! hablando de coherencia y compostura: mientras Patxi López y Pedro Sánchez buscan la unidad de acción tomando posiciones en el gran debate socialista que se avecina los del establishment, apoyándose en la gestora, siguen trabajando para asegurarse que en torno a la « figura redentora » que todos conocemos, en el próximo congreso no falte la unanimidad.  

Miguel Marset

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