Animales que viven mejor que sus dueños

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VI Concurso de Dibujo Ecológico

Son las 15:48 del , 4 de Diciembre del 2022.
Animales que viven mejor que sus dueños
Raquel Munguía y Jesús González son dos claros ejemplos de apuesta por la ganadería extensiva en la Sierra de la Demanda burgalesa, una actividad que atraviesa una situación difícil pese a lo necesaria que es para el cuidado de los ecosistemas rurales.
 
De Palacios de la Sierra y Castrillo de la Reina respectivamente, la una lleva escasos cinco años en la profesión mientras que el otro arrastra toda una vida cuidando ganado desde que comenzó «con unas pocas ovejas» de sus padres. 
 
La familia de Raquel también se dedicaba a la ganadería, y precisamente fue esta la razón por la que se mostró reacia en un primer momento cuando su compañero y la persona con la que lleva a cabo este proyecto, Javier, le propuso comprar unas vacas que vendía otra pareja del pueblo. 
 
«Aquí tienes que venir los 365 días del año; llueva, nieve, haga frío o calor», insiste la ganadera; sin embargo, tampoco duda en describir el trabajo como «gratificante» al procurar que los animales estén «en las mejores condiciones que puedan».  
 
¿Qué significa ser ganadero?
«Para mi ser ganadera significa estar en relación con la naturaleza, porque yo no concebiría una ganadería que no fuera la extensiva», asegura cuando se le pregunta qué significa para ella su profesión. 
 
 

 
Ante la misma pregunta, Jesús González describe su oficio como su vida y la de sus personas cercanas. Se ha «sacrificado» tanto él como su mujer e hijos por los animales, llegando a tener hasta «1.500 ovejas, casi 200 vacas, cabras y yeguas».
 
Ahora el número de animales que cuida es mucho menor, ha reducido el número de vacas a 150 y el de ovejas a 40; y pensando en jubilarse dentro de poco augura un mal futuro para el sector entre el escaso relevo generacional y los injustos precios de venta de la carne. 
 
«Cada vez es menos rentable. Haces una inversión grandísima de naves, fincas y maquinaria. Ahora yo tengo dos hijos y tienen que trabajar por su cuenta porque van a sacar mucho más de lo que estarían sacando aquí», según sus palabras.
 
 
 
En el caso de Raquel, compagina este oficio con el de autobusera. Por las mañanas, lo primero que hace es llevar tanto a obreros a una fábrica como a niños a una escuela para luego comenzar con su ganadería que consta de poco más de 100 vacas. 
 
Durante la entrevista, Raquel ha explicado cómo la situación actual ha derivado en un encarecimiento de los combustibles y en una bajada del precio por el cual vende cada animal, puesto que los cebaderos también deben de hacer frente a un encarecimiento de los piensos que ha hecho que le ofrezcan menos dinero por cada res. 
 
Y al igual que Jesús se dedicaba a la ganadería junto a su familia, Raquel junto a su compañero Javier, puesto que «una persona sola no puede dedicarse a este trabajo sin ayuda». 
 
Beneficiosa para el medio natural
De hecho, defiende su profesión como una forma de fijar población en el mundo rural, además de por ser garante del cuidado de los montes, que «necesitan ganado para que se limpien. Ahora vas a sitios que no hay población y se quedan abandonados», aumentando así el riesgo de incendios en verano.
 
 
Sin embargo, ambos ganaderos denuncian las grandes presiones y trabas burocráticas que tienen que afrontar en su día a día; además, el control de la tuberculosis aparece en boca de ambos para criticar las excesivas exigencias a las que deben hacer frente, aseguran.
Para empezar, no es una prueba completamente fiable, habiendo casos de animales que han tenido que ser matados para luego dar negativo en los análisis de tejido posteriores; por otro lado, la aparición de un positivo implica aislar al ganado en un recinto cerrado hasta que se les hagan las pruebas correspondientes.
 
En total son dos pruebas, una a los 45 días de encerrar las reses y la siguiente otros 45 días después, pero Raquel Munguía ha asegurado que «hay casos en los que el ganado ha estado encerrado hasta un año», con todo lo que ello implica: tener que ir a echarles a comer, independientemente de que haya o no pastos, y no poder venderlos.
 
Por ello, concluye que hay que apostar por la ganadería extensiva: «somos lo que comemos y qué mejor carne se puede tener si no es de vacas como estas, si viven mejor que yo». EFEverde. Pablo Rojo
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