Camino Izard

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Gastronomía

Son las 17:41 del Sábado, 26 de Septiembre del 2020.
Camino Izard

     A la Chimenea Cuadrá se accede por numerosos itinerarios que muchos vecinos de Puertollano conocen bien. Los más frecuentados en la época en que subir a ella estaba tan “chupado” como el plácido paseo que hoy nos lleva hasta el “charcón de los patos” eran, citados de norte a sur, los siguientes: tomar la trocha que nace en el Monumento al Minero y conduce oblicuamente por la vertiente oeste del cerro de Santa Ana hasta el Puente Natural a través de jaras y matorrales; una vez coronado el cerro, se sigue la cuerda de la sierra en dirección oeste hasta la Chimenea. El itinerario que seguíamos los alumnos del instituto fray Andrés era ascender por la calle Copa -entonces sin asfaltar- y trepar por los estrechos pasos que brindaban los riscos, buscando la línea más recta, con el riesgo de rompernos la crisma. La tercera ruta partía del “Peñón Gordo” -situado actualmente en el margen de la carretera de circunvalación del Monumento al Minero, junto a la rotonda que permite bajar al centro de la ciudad por la calle Velázquez- y luego ascender cómodamente por la ladera de la sierra. Quizá el itinerario menos fatigoso consistía en subir por la Avenida 1º de Mayo (entonces Avenida de los Mártires) hasta tomar las calles Venezuela y México y continuar hasta el llamado camino de la bachillera –actualmente en un recodo de la carretera de circunvalación del Monumento al Minero- para alcanzar la cuerda de la sierra y seguirla en dirección oeste hasta la Chimenea. De todos modos, nadie te quitaba ascender desde los 700 metros de altitud del paseo de san Gregorio hasta los 918 metros de la Chimenea. Subieras por donde subieras.

     Cuando el pasado 29 de junio me invitaron a realizar la ascensión a este vestigio histórico mediante una ruta que se iniciaba al atardecer , con objeto de contemplar el crepúsculo desde la cima y regresar de noche con la sola ayuda de linternas de mano, tuve serias dudas para aceptar: habría que sobreponerse al calor sofocante, agravado por el uso de las mascarillas; hacía muchos años que no subía a la Chimenea de noche y el descenso podría resultar peligroso; pregunté por el itinerario a seguir y la ambigua repuesta fue que Ernesto conocía bien el camino; de los cinco expedicionarios, cuatro  teníamos una edad en la que es necesario cuidarse…A pesar de todo, acepté.

     La cita fue en la puerta del colegio salesiano. A las nueve en punto el grupo estaba al completo. Si en ese momento hubiésemos confiado a alguien nuestro plan con intención de hacerle partícipe, con toda seguridad hubiera respondido que mejor nos esperaba tomando una cerveza en el velador de cualquier terraza. Así pues, nos dispusimos a ponernos en marcha. Ernesto, con un tacto digno del diplomático más avezado, aseguró que lo peor estaba al principio, ya que subiríamos en línea recta por la Avenida  María Auxiliadora hasta alcanzar la carretera de circunvalación. No mintió. Se trata de una subida tipo Mortirolo que conviene atacar con la recomendación de los expertos en repechos montañosos. “Hay que subir como un viejo para llegar como un joven”. Cruzamos la carretera y pusimos el pie en el camino Izard.

     Lo que viene a continuación es difícil de creer, un hecho que merece ser calificado de extraordinario. El camino Izard (segundo apellido de Ernesto, por lo tanto aventuro que pueda ser un homenaje a su madre) es un estrecho sendero que asciende por la falda de la sierra serpenteando para suavizar la subida hasta la misma Chimenea Cuadrá. Pero no un sendero sin más sino que Ernesto lo ha dotado de un sinfín de soluciones ingeniosas para realzar su atractivo y solidez. En las zonas donde cabe que se produzcan corrimientos de tierra, el firme está reforzado por una base de cantos firmemente asentados. Los recodos están dotados de rudimentarios peraltes para facilitar el giro de la marcha. En algún punto especialmente delicado, existen ondulaciones a modo de resaltes para que los ciclistas reduzcan la velocidad y no socaven la base. Hay plantaciones de especies autóctonas que jalonan la ruta y, en especial, una zona de plantas florales. Para evitar la escorrentía en algunas zonas particularmente inclinadas, se ha drenado la base del sendero para que el agua discurra por el subsuelo. De vez en cuando el autor desbroza el sendero para impedir que lo invadan las malas hierbas. La última ocasión en que lo hizo fue justo antes de nuestra expedición.  Estas actuaciones y otra más de su ingente obra las explicaba Ernesto como la cosa más natural del mundo mientras ascendíamos. Todo lo ha llevado a cabo personalmente con la ayuda de sencillas herramientas y algún apoyo humano ocasional. Era obligado preguntar cuánto tiempo le ha supuesto culminar su proyecto y, si no recuerdo mal, han sido más de cuatro años. Ante una perseverancia de este calibre, cualquiera se queda sin palabras. Y formula sus conjeturas.

     Ernesto es sacerdote. Desde hace muchos años dirige el colegio salesiano de nuestra ciudad. Posiblemente interpretó la Chimenea Cuadrá como un jalón ubicado en la cumbre. Precisamente, en ese emplazamiento estuvo la ermita en honor de Santa Ana que dio origen a la leyenda del enebro cuyo aceite vendió el ermitaño provocando que se secara. Y ha querido establecer una vía ascendente que conduzca desde el colegio hasta esta atalaya. Con mimo, sin escatimar detalle. Una vía con un componente alegórico que trasciende al sencillo sendero de tierra. Una obra mayúscula y un afán personal dedicados quizá a las madres, a la suya biológica y a la titular del colegio, María Auxiliadora. Hace falta una voluntad férrea para emprender, proseguir y culminar un proyecto de semejante envergadura.

     En todo caso, fue una jornada especial que nos permitió a Ernesto, Manuel, Mariano, Julio y quien suscribe disfrutar de la brisa que corre en la cumbre del cerro de Santa Ana en plena canícula, cambiando impresiones sobre este entorno y experiencias personales mientras el cielo mostraba el último resplandor del día. Tras ascender por el singular camino  Izard. Sin duda, un recuerdo memorable.

Eduardo Egido Sánchez
Manuel León, Eduardo Egido, Mariano León, Ernesto Rguez Izard, Julio

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