Quedamos en la Fuente Agria

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Son las 06:01 del Martes, 10 de Diciembre del 2019.
Quedamos en la Fuente Agria

El editor de “La voz de Puertollano” me da la noticia de que el anterior artículo de esta sección, titulado “El pueblo de las dos mentiras” ha recibido 161 visitas provenientes de diversos países: Reino Unido, Francia, Alemania, Bélgica, Holanda, Italia, Suiza, Rusia, Islandia,   Estados Unidos, Canadá y Australia. Y conjetura él: puertollaneros por el mundo. Pues de ser así: ¡Bienvenidos, puertollaneros de la diáspora! ¡Qué alegría sentir vuestra presencia, pensar que os podáis sentir más cerca de vuestro pueblo a través de este espacio! Ya sabéis que la distancia aviva el recuerdo, intensifica los sentimientos, da valor a las raíces. Nadie mejor que vosotros lo sabe. Vosotros, los del extranjero y vosotros, los que habitáis en otros puntos del país. Conozco a ciencia cierta vuestros esfuerzos por mantener los vínculos con Puertollano, sé de vuestro interés por conseguir las últimas publicaciones –históricas, literarias, fotográficas- de autores o temas locales salidas a la luz. Si los que permanecemos en la ciudad actuásemos igual que vosotros, seguramente mejorarían algunos de sus aspectos.                                                  

     Vamos a fantasear un poco. ¿Qué os parece si quedamos en la Fuente Agria? Buscamos un día que nos venga bien a todos y una hora temprana que nos permita alargar la jornada y poder pasar más tiempo juntos y, como un clavo, copamos los alrededores de las barandillas de la vieja Fuente. Como hacíamos antes con los amigos, como siguen haciendo los jóvenes de ahora. Quedar en la Fuente Agria alcanza la categoría de tradición local, casi tanto como el Santo Voto y no menos que el Día del Chorizo o el Día del Hornazo. Seguro que no habéis olvidado aquellas citas bajo la atenta mirada del doctor Limón Montero, ilustre paisano que describió las propiedades del agua agria y fue autor del primer tratado de hidrología de nuestro país con el poético título “Espejo cristalino de las aguas de España”, y  cuyo busto de largas patillas preside la columna central que sostiene los cuatro caños (se pone en duda que los rasgos perfilados en el busto respondan con fidelidad a los del  doctor Limón). Aquellas citas están grabadas en nuestra memoria, fijadas en el tiempo por la clepsidra que componen los cuatro chorros permanentes de agua.

     Quedar en la Fuente Agria. A veces, como una rutina. A veces, como algo especial. Quizá, en esas ocasiones singulares que se convierten en inolvidables, hemos aguardado impacientes al pie de la barandilla para, al fin, ver avanzar por uno de los pasillos aledaños a aquella chica, aquel chico, que tanto nos importaba. Nos parecía increíble que hubiera aceptado nuestra cita. Y ahora su silueta se aproximaba hacia nosotros. Recordaréis el temor que sentíamos a lo que pudiera pasar, a lo que pudiera nacer o morir en ese momento. Dejábamos de oír por un instante el ruido de los chorros, las conversaciones de la gente de alrededor y escuchábamos con toda nitidez una frase quizá cargada de futuro. “Aquí estoy. Ya ves que he venido”.

     Otras veces la cita era rutinaria, de fin de semana, con el grupo de amigos. Una rutina deliciosa, sin la que no podíamos pasar. Quedábamos para estar juntos, porque la amistad es un bien preciado como pocos: “amigos nada más, el resto es selva” afirmó con razón el poeta. Quedábamos para acometer alguna cosa, tal vez “algo duro por hacer” como cantaba Mary Hopkin en “Qué tiempo tan feliz” la canción convertida en un himno para toda una generación. Aquel era un tiempo feliz, aunque sepamos que no lo era tanto, que también era un tiempo dominado por el miedo a tantas cosas, por la indecisión,  por las esperanzas defraudadas, por el desaliento. En suma, un tiempo único, nuestro tiempo.

     La Fuente Agria, émula de la Puerta de Alcalá, ha visto pasar este tiempo, nos conoce a todos por nuestro nombre. Recibe a los visitantes y les pide que no se queden con la primera impresión del sabor de su agua, que repitan el trago, que muchas bebidas de las que ahora nos costaría prescindir, nos provocaron una impresión desfavorable la primera vez. Y nosotros desgranaremos al visitante sus excelencias: que mana fresca en verano y templada en invierno, que ninguna como ella para calmar la sed, con el regusto carbónico que apacigua la sensación de sequedad, que es mano de santo para la resaca, que…hay que beberla para no desperdiciar la sabiduría de la naturaleza..

     La Fuente Agria es la seña de identidad de mayor nombradía de Puertollano. Somos conocidos como mineros pero también como aguagrieros. Y sois vosotros, los que estáis alejados de la ciudad, los que más propagáis que aquí se cuenta con el privilegio de poder beber un agua especial que resiste la comparación con las más afamadas. Y, entre vosotros, recordáis el tiempo en que quedabais en la Fuente Agria para darle carta de naturaleza a este espacio tan singular. Recordáis entre vosotros los acontecimientos vividos que tuvieron como punto de partida sus aledaños. Probablemente, al recordar ahora las lecciones que fue dando la vida, sus reveses, concluyáis que, como cantaba el grupo Kansas en otro himno de la época, ahora son “polvo en el viento”.

     Para hablar de todo ello, quedamos en la Fuente Agria.

Eduardo Egido Sánchez

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