Tres cumbres de Fuencaliente

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Son las 03:16 del Lunes, 17 de Diciembre del 2018.
Tres cumbres de Fuencaliente

Los aficionados al senderismo, los caminantes impenitentes, tenemos dos escenarios fabulosos para dar rienda suelta al hábito de mover las piernas al tiempo que se contempla la naturaleza. Ambos territorios se encuentran a poca distancia de Puertollano en dirección sur: el Valle de Alcudia y Sierra Madrona. Basta con tomar la  nacional 420 en dirección a Córdoba. Nada más rebasar Puerto Pulido se abre el Valle de Alcudia donde podemos localizar numerosas rutas dignas de ser recorridas. Seguimos adelante y los puertos de Niefla y Valderrepisa nos muestran el valle de Sierra Madrona y otras sierras aledañas donde se localizan las tres cumbres que visitaremos virtualmente a través de este artículo. No quemaremos grasas pero al menos cabe la posibilidad de que se despierte el interés de algunos lectores por ver in situ los tres vértices geodésicos que coronan estos tres puntos, los más elevados de las proximidades de Fuencaliente.

     Antes de nada, hay que aclarar que no se necesita ser Juanito Oiarzabal –el escalador que ha culminado los 14 ochomiles del planeta- para lograr este objetivo, ni constituye un obstáculo insalvable la edad, porque quien esto escribe no es ningún niño. Naturalmente, sí es preciso estar un poco entrenado y con una salud de andar por casa. Y, especialmente, tener el deseo de hacer acopio de eficaces antídotos contra el sedentarismo y la melancolía y  de contemplar unos paisajes espectaculares. Con este bagaje en la mochila, acompañado de una botella de agua y una bolsa de frutos secos  (los hay que prefieren viandas  que “se peguen al riñón” y bebidas más caloríficas) estamos pertrechados de lo necesario para iniciar el ascenso. También es útil seguir la máxima que me dio mi amigo Carmelo (artífice de la maqueta ferroviaria del Museo de la Minería) con ocasión de la subida al Veleta: “Hay que subir como un viejo para llegar como un joven”. O lo que es igual, despacito y buena letra.

     Vamos a ir de menos a más, como conviene en tantas cosas de la vida. Así pues, comenzaremos por el hermano menor de los tres picos, Peñarrodrigo, que tiene una altitud de 1267 metros y se encuentra en la Sierra de la Garganta, al oeste de la N-420. Hay que advertir que la dificultad de la ascensión es superior a la de sus hermanos mayores, particularmente en su tramo final. Dejaremos el vehículo en el aparcamiento de la ermita de san Isidro y comenzaremos la ruta por un camino paralelo al camping próximo, en dirección sur. Un kilómetro después, el camino inicia la subida y nos conduce hasta el Camino Real, que dejaremos a la izquierda y que lleva hasta Fuencaliente por un bonito paraje. Seguimos ascendiendo por la vertiente de las Vaquerizuelas, atravesamos una cancela metálica, y continuamos hasta alcanzar el gasoducto que cruza el camino. Aprovecharemos para no perder la ocasión de contemplar el Roble Abuelo, un ejemplar que no le va a la zaga a la renombrada Encina Milenaria del Valle de Alcudia. Para ello, tomaremos un ramal que se encuentra a la izquierda a una veintena de metros del gasoducto, descenderemos por él trescientos metros, nos extasiaremos con el Abuelo y volveremos sobre nuestros pasos para continuar por el camino que habíamos abandonado. Seguimos por la Morra del Puerto hasta llegar al Pozo de la Nieve y allí abandonamos el camino y en dirección oeste subimos campo a través, en el tramo más peliagudo del itinerario, durante algo más de un kilómetro hasta alcanzar el cilindro vertical que constituye el vértice geodésico. Llevamos nueve kilómetros en las piernas y el cansancio se deja sentir pero nos diremos que el esfuerzo ha valido la pena. El regreso lo haremos, en su segunda mitad, por el arroyo del Robledo de las Hoyas, con un paisaje de piedras cubiertas de musgo y visitando la famosa Chorrera de las Sierpes, un espectacular salto de agua. En un solo itinerario hemos conocido destacadas señas de identidad de este privilegiado paraje.

     La segunda altura de estos andurriales es el Abulagoso, pico de 1301 metros que se ubica en Sierra Madrona propiamente dicha. Es recomendable comenzar por este pico nuestro triple recorrido porque un anchuroso camino nos lleva a él, resulta difícil extraviarse, tiene menor distancia desde el punto de partida –unos 6 kms.- y las pendientes son menos pronunciadas. Iniciamos la marcha en la explanada próxima al Puerto de Valderrepisa, donde están los depósitos verdes de la sal y comienza el camino a Ventillas y a la Fuente del Almirez. En vez de tomar este camino, nos dirigimos hacia el sur por un descampado paralelo a la carretera durante unos ochocientos metros hasta dar con una puerta metálica a la izquierda. Ahí nace el camino que no morirá antes de dejarnos en nuestro objetivo. Va alternando tramos de pronunciada cuesta con otros llanos que nos permitirán recuperar el aliento. Y siempre, un paisaje de postal con el valle al fondo, las sierras en derredor recortando el horizonte y los pueblos  Fuencaliente y Azuel en la lejanía. Si al hollar la cumbre queremos seguir ascendiendo, hay una torreta de vigilancia forestal que nos lo permitirá. Dispondremos así de un mirador privilegiado desde el que se divisa Sierra Nevada en días claros (no faltan los que ponen en duda esta afirmación pero son más los que la dan por cierta).

     Y ha llegado el momento de ascender al techo de estas sierras, el nombrado Pico Bañuela, de 1322 metros, en la Sierra de Navalmanzano, al sur del Abulagoso y al sureste de Peñarrodrigo. Confieso que he necesitado varios intentos, por desconocimiento de la ruta, hasta que el Club de senderismo Pozo Norte me llevó a su cúspide. Se inicia el recorrido en el aparcamiento de Peña Escrita, lo que nos permite aprovechar para ver estas pinturas rupestres, las más representativas de la zona. Luego tomaremos el camino que se dirige al este hasta un cartel que nos señala que a la izquierda hay una trocha que nos llevará hasta el Bañuela tras caminar unos siete kms.  Conviene ir acompañado de alguien que conozca el itinerario porque dicha trocha se asemeja al  “camino que serpea y débilmente blanquea, se enturbia y desaparece”, del poema de Antonio Machado. Arriba, nos espera como en los casos anteriores un paisaje que sobrecoge el ánimo por su magnitud, cielo y horizonte hasta decir basta, aves rapaces(los buitres parece que esperasen que alguien desfallezca mientras sobrevuelan en círculo) que surcan el aire y aves cantoras que deleitan con sus trinos. El regreso se puede enriquecer bajando por el collado de Hornilleros y el barranco de Peña Escrita.

     Si el caminante se adentra en solitario por estos lugares ha de prestar atención a esas pisadas que lo acompañan, a veces cortas y pausadas a veces largas y dinámicas según se ascienda o se avance por terreno llano. Notará que le proporcionan una cálida compañía. Podrá compartir de este modo la experiencia singular que proporcionan el paisaje, la luz del día, el silbido del viento, los sonidos del entorno, la respiración jadeante…Todos los estímulos penetrarán en profundidad y se percibirán nítidos y excitantes hasta convertirse en un tiempo auténtico de vida, el que regala la naturaleza a los que comulgan con ella.

 

Eduardo Egido Sánchez

 

Nota.- La fotografía que ilustra el artículo está tomada desde el mirador que hay  sobre la Chorrera de las Sierpes y muestra el Bañuela en el extremo derecho y el Abulagoso en el extremo izquierdo. 

       

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