Tres estaciones de ferrocarril

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Tres estaciones de ferrocarril

Comentaba Carmelo Alonso, autor de la magnífica maqueta ferroviaria ubicada en el Museo de la Minería e inaugurada el 4 de diciembre de 2009, que seguramente Puertollano ha sido la única población española no capital de provincia que contó al mismo tiempo con tres estaciones ferroviarias con un ancho de vía distinto cada una de ellas. Conozcamos sus emplazamientos y sus trenes.

     La estación de la RENFE (Red Nacional de Ferrocarriles Españoles) estuvo situada en la plaza Ramón y Cajal y se mantuvo activa hasta ser sustituida por la actual estación del AVE, ubicada al final de la calle Muelle. Era conocida popularmente como estación de la “ancha” porque el ancho de su vía férrea o distancia entre raíles era de 167 centímetros, sensiblemente superior al ancho de los ferrocarriles europeos y al de otros ferrocarriles nacionales. El principal tren que circulaba por ella era el expreso Madrid-Ciudad Real-Puertollano-Badajoz, desde donde enlazaba con Portugal, país que contaba con idéntico ancho de vía y por ello era denominado “ancho ibérico”. Este trazado ferroviario se pone en funcionamiento en 1864 con el tramo Ciudad Real- Puertollano y después se amplía hasta completar el recorrido Madrid-Badajoz con una longitud total de 512 kilómetros, que descendían desde los 619 metros de altitud de Madrid hasta los 192 metros de Badajoz. Nuestra estación se encontraba en el punto kilométrico 214 contado desde Madrid.

     La estación Renfe era la más pujante de las tres existentes en nuestra ciudad. El trasiego de viajeros y mercancías comenzaba de madrugada y no se interrumpía hasta bien entrada la noche, por lo que la plaza Ramón y Cajal presentaba una animación digna de ser observada. Al edificio de la estación propiamente dicho se añadía un muelle anexo para mercancías y otro muelle más alejado, en el punto donde ahora está la estación del Ave.  Y siguiendo en dirección a Cuatro Caminos (actual puente del Ave) se levantaba el embarcadero de ganado, que daba servicio al sistema de la trashumancia de ganado lanar entre la antigua Castilla la Vieja y el Valle de Alcudia. Antes de que el taxi apareciera en la explanada de la estación, se daban cita allí una decena de carreteros con sus carros tirados por animales para el acarreo de mercancías. Y junto a ellos, un mozo de cuerda singular, el recordado “chato de la estación”.

     La estación FEVE (Ferrocarriles Españoles de Vía Estrecha) o de la “estrecha” se encontraba frente a la anterior a un centenar de metros, a los pies del cerro de san Sebastián. Hasta la construcción, a comienzos de los años sesenta del pasado siglo, del túnel de peatones que une la plaza Ramón y Cajal con la barriada de El Carmen, los viajeros iban y venían a la estación Feve cruzando la playa de vías y sorteando los trenes que pudieran salirles al paso. El ancho entre raíles era de 100 centímetros, por lo que también se conocía como ancho métrico. Por la estación circulaba el ferrocarril que cubría el trayecto Minas de San Quintín-Almodóvar del Campo- Puertollano-Conquista-Peñarroya-Fuente del Arco, con una longitud de 244 kilómetros, el segundo más largo de vía estrecha, solo superado por el tren de La Robla con 312 kms.

     Los orígenes se remontan 1895 con la puesta en marcha de la línea Peñarroya-Fuente del Arco por parte de la Sociedad Minera y Metalúrgica de Peñarroya para dar salida a los productos de sus explotaciones mineras; luego siguen los tramos Puertollano-Almodóvar del Campo(1899) Almodóvar del Campo- San Quintín(1903) Peñarroya-Pozoblanco(1906) Pozoblanco-Conquista(1907) y por último Conquista-Puertollano (1927). Todos los tramos utilizaron locomotoras de vapor excepto el de Conquista-Puertollano que estaba electrificado. El tramo Almodóvar-San Quintín se clausuró en 1956 debido a la crisis de las minas de S. Quintín, mientras que el cierre definitivo del ferrocarril se produjo el 1 de agosto de 1970. Los principales nudos ferroviarios de la línea eran: Fuente del Arco, donde se enlazaba con la línea Mérida-Sevilla; Peñarroya, donde se tomaba el enlace con la línea Almorchón-Córdoba; y Puertollano, que permitía enlazar con la línea Madrid-Badajoz. Muchos vecinos de nuestra ciudad aprovechaban este ferrocarril para darse un buen chapuzón o pescar en las tablas del río Tablillas próximas a la estación Brazatortas-Alcudia.

     Finalmente, la tercera estación local, llamada por todos la del “trenillo de La Calzá”, estuvo situada en el descampado tras la ermita de la Virgen de Gracia, a los pies del cerro de Santa Ana. El actual “caminillo”, integrado en la Ruta de Don Quijote y que se dirige hacia Argamasilla de Calatrava, está formado por la traza de esta vía férrea. La distancia entre raíles o ancho de vía era de 75 centímetros y esta estrechez y lo cerrado de sus curvas provocaban no pocos descarrilamientos y limitaban la velocidad del tren, hasta el punto de permitir a los viajeros bajar del convoy en marcha para coger uvas. Las principales estaciones del recorrido fueron las de Puertollano, Calzada de Calatrava, Moral de Calatrava y Valdepeñas, con un recorrido total de 76 kilómetros.

     Esta línea se construye en dos etapas: en 1893 se inaugura el tramo entre Valdepeñas y Calzada de Calatrava con una longitud de 42 kms. y en 1903 se prolonga hasta Puertollano, añadiendo 34 kilómetros, con la finalidad de poder conectarla con la línea Madrid-Badajoz. Las locomotoras de vapor remolcaron durante más de 50 años todos los trenes de la línea. Para completar el trayecto del recorrido se necesitaban cuatro horas y media, por lo que el promedio oscilaba en torno a 17 Kms. por hora. Este ferrocarril no tuvo gran incidencia sobre el transporte de personas sino que primaba el de mercancías provenientes de las grandes fincas de sus proximidades, principalmente vino, aceite, grano y tubérculos. Su cierre tuvo lugar el 1 de septiembre de 1963, provocado por la mejora de carreteras emprendidas en las épocas de Primo de Rivera y de la posguerra civil.

     Se puede afirmar, por tanto, que nuestra ciudad cuenta con un pasado ferroviario de envergadura y que la plantilla ferroviaria radicada en la localidad suponía un considerable número de puestos de trabajo. Las estaciones de tren y sus aledaños eran  escenarios pintiparados de nuestros juegos infantiles: partidos de fútbol (llamados desafios, sin tilde) en la explanada de la estación de la Renfe, entre los caudalosos charcos que se formaban con la lluvia; la disposición del embarcadero de ganado se brindaba a urdir juegos de todo tipo y su descampado anejo también servía como campo de fútbol, al igual que el amplio terreno frente al muelle donde finalizaba la calle del mismo nombre y en cuyas puertas metálicas se dejó una par de dedos un amigo de la infancia. Nos gustaba vagabundear por la interminable playa de vías y sus numerosos edificios entre las estaciones de la “ancha” y de la “estrecha”, temerosos siempre de los tiros de sal de los consumistas, es decir, los encargados del control de los consumos, que también vigilaban que no hubiera hurtos de carbón en los vagones que lo transportaban. También jugábamos a empujar la plataforma giratoria utilizada para que las máquinas del trenillo de La Calzada cambiaran de dirección hasta lograr la máxima velocidad y encaramarnos  entonces al artilugio para dar vueltas como una peonza. Estaciones y ferrocarriles daban mucho juego a nuestra exacerbada imaginación.  

 

 

 

      

Eduardo Egido Sánchez

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