Un suceso de la guerra civil

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Son las 21:01 del Miércoles, 11 de Diciembre del 2019.
Un suceso de la guerra civil

No conocí a mi abuelo paterno. Ninguno de sus nietos, y no somos pocos, lo conoció. Fue asesinado en el transcurso de la Guerra Civil, en Puertollano, no en acción de guerra sino en la retaguardia, no por militares o fuerzas del orden sino por paisanos descontrolados, no por su militancia política o por ejercer cargo público sino por motivos desconocidos, no en los momentos inmediatos al comienzo de la Guerra sino cinco meses más tarde, cuando se supone que ya había pasado la reacción furibunda a la rebelión militar. Mi abuelo paterno fue un hombre emprendedor que abandonó su tierra de nacimiento y recaló en nuestra ciudad, como tantos otros, en busca del sustento para su familia. Y aquí encontró lo que buscaba y decidió quedarse. Y como todos los emprendedores, no miró el reloj para lograr sus objetivos sino que confundió su vida con su trabajo. A su inicial dedicación a la ganadería, añadió  otra oportunidad que se le presentó para afianzar su posición, siempre en un plano modesto e implicando a toda su familia en la actividad profesional.

     Saco a colación, tantos años después, el asesinato de mi abuelo porque recientemente y de manera fortuita me ha llegado un documento oficial en el que se recogen determinadas circunstancias del suceso. Porque he de decir que en casa jamás se habló del asunto al margen de algún comentario casual. Nunca he escuchado a mi abuela ni a al resto de la familia lamentarse o condenar el hecho. Hasta el punto de que la figura de mi abuelo es prácticamente desconocida para mí y ni su fisonomía conozco porque nunca he visto una fotografía suya.

     De modo que ha sido ahora, al recibir el mencionado documento, cuando me han asaltado algunas preguntas. Por ejemplo: ¿Qué siente un hombre al encontrarse frente a las armas de fuego de un grupo de conciudadanos de los que probablemente no reconoce a nadie? ¿Qué piensa ante el hecho de que lo han condenado a la mayor pena posible sin juicio previo ni permitirle defenderse de manera alguna? ¿A qué puede atribuir su asesinato dado que nunca tuvo filiación política ni ocupó cargo público? ¿Qué perjuicio puede causar a los demás su actividad profesional? En fin ¿Podrá su familia –esposa y tres hijos- salir adelante en un momento en que tanto lo necesitan y en una época tan dura?

     Para dar a conocer a mi abuelo se pueden seguir las respuestas que figuran en el documento mencionado. Es un modelo que, según los indicios, se distribuyó en los ayuntamientos de todo el país y que corresponde, obviamente, al Ayuntamiento de Puertollano. Su objetivo era establecer la relación de personas muertas violentamente o desaparecidas en cada término municipal por el bando republicano. El documento tiene un texto transversal que reza. “Archivos estatales- Ministerio de Cultura”. Figuran 51 personas, entre ellas la familia de Juan Gregorio Cabañero Cabañero y otras de cierta notoriedad en la población. El documento está fechado el 3 de mayo de 1938 y lo firman el alcalde, Toribio Mora García, y el secretario del Ayuntamiento, Eleuterio Calatayud. Es de suponer que la fecha real sea el 3 de mayo de 1939, puesto que en 1938  la Corporación Municipal de  Puertollano era republicana y su alcalde, Leonardo Rodríguez Barrera.

     Los datos de mi abuelo son los siguientes, según los epígrafes y respuestas textuales del documento:

     -Nombre y apellidos de la víctima: Mariano Egido Garrido.

     -Años de edad: 57 años. (El dato es incorrecto, a su fallecimiento contaba con 55 años y así consta en su fosa).

     -Profesión: Propietario. (Nació en Losana de Pirón, un pueblecito de la provincia de Segovia, al norte de la capital y en las márgenes del río Pirón, que en 2018 contaba con 57 habitantes. Mi abuela era de  Adrada de Pirón, pueblo vecino de similar población, donde nacieron sus tres hijos. Deduzco que mi abuelo, que era ganadero, practicaba la trashumancia al Valle de Alcudia y que, en un momento determinado, tomó la decisión de afincarse en Puertollano, como tantos otros migrantes, animado por la pujanza minera de la ciudad. Mantiene como negocio familiar la ganadería y más tarde se anima a arrendar un establecimiento de hospedería que ya en 1925 se publicitaba en el periódico EL Defensor a tal fin. En sesión municipal de 16 de mayo de 1936 se somete a aprobación el “Escrito de Mariano Egido Garrido que solicita licencia para la apertura de un Hotel denominado H. Mercedes”. Este establecimiento es una ampliación del arrendado.

     -Filiación política y cargos políticos que había desempeñado: (El espacio figura en blanco. Como ya se ha señalado, nunca perteneció a ningún partido ni desempeñó  ningún cometido público).

     -Fecha de su muerte o desaparición: 17 de diciembre. (Se refiere a 1936. Ese día fue el último en que se produjeron asesinatos en Puertollano según este documento y según historiadores locales. Conjeturo que cinco meses después del comienzo del conflicto bélico las personas asesinadas no serían consideradas como objetivo prioritario).

     -Si fue encontrado su cadáver, en qué sitio y clase de heridas que presentaba: Puerta Cementerio.

     -¿Fue inscrita su defunción en el Registro Civil?: Sí.

     -Personas sospechosas de participación en el crimen: (Figura el nombre y apellidos de una persona).

     -Si cree están en zona libre o roja: (El espacio figura en blanco)

 

     Hasta aquí el documento. La escasa información familiar que he podido conseguir indica que mi abuelo, tras el trabajo diario en el campo como ganadero, hacía las veces de conserje nocturno en el hotel inaugurado unos meses antes. La noche del suceso lo apresaron cuando desempeñaba ese cometido y ya nunca volvió. Cuando su familia, extrañada al no encontrarlo en su puesto a la mañana siguiente, salió a la calle en su búsqueda, alguien le informó de lo ocurrido. Su desaparición obligó a mi abuela y a mi tía Mercedes, de 14 años, a sacar adelante el establecimiento superando un sinfín de calamidades.

     Si le hubieran permitido seguir viviendo, mi abuelo habría recibido con alegría la llegada de 12 nietos: José y Andrés de su hijo mayor, Mariano; María Dolores, Mariano, Eduardo y Florencio de su hijo mediano Florencio; y Mercedes, María de Gracia, Marilí, Manuel, Mariano y Pilar de su hija pequeña Mercedes. Y a nosotros, nos hubiera permitido conocer a ese abuelo que siempre ha permanecido en penumbra.

Eduardo Egido Sánchez

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