Por Antonio Carmona Márquez
Hoy, no sabe muy bien por qué, al caminante le han llamado la atención esos árboles solitarios, aupados en lo más alto de los riscos. “A hombros de gigantes”, piensa.“¿Quién usó esa expresión? Newton, creo o cualquier otro de esos. ¡Vaya usted a saber! El árbol se ha encaramado sobre hombros de gigantes de piedra, como en los cuentos.”
Desde ahí se tiene mucha más perspectiva, se evidencia una gran variedad de puntos de vista. El árbol ha aprendido a sobrevivir en un medio con largos períodos de sequía, una nutrición exigua, con lluvias irregulares, vientos caniculares o gélidos. Ha recibido una herencia genética milenaria, una sabiduría que ahora le permite subsistir y quiere reivindicarlo extendiendo sus brazos parece llamar al caminante.
“¡Aquí estoy! He aprendido a sobrevivir sin pararme demasiado a reflexionar sobre el sentido de la vida. ¿De qué serviría?... No necesito saberlo. ¡Necesito vivir!”