Golondrinas

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Son las 15:36 del Miércoles, 20 de Mayo del 2026.
Golondrinas

 

Por Antonio Carmona Márquez

 

Traigo el barro y la brizna prendida en la boca.Con mi saliva hice casa en casa, nido que anida cinco vidas venideras, cinco golondrinas, cinco huevos de cáscara pintada como superficies lunares e inhóspitas. Muy cerca se alza un tejo que alberga bullicio emplumado y una oropéndola de silbo burlón y altanero. El autillo marca deshoras y nocturnidades con su monótono canto de sónar, mientras nos arrastra la languidez estrellada de un cielo tan oscuro que no se da pie.

Desde la orilla de mi nido, veo a dos individuos de una misma especie —son macho y hembra— con más envergadura que un mastín, entrados en años, dada la parsimonia de sus gestos, con el aliciente de una caja torácica que expele sonidos enigmáticos. “¡Mira cómo están dejando el alféizar!” No me parecen peligrosos. Aun así, desconfío de sus aspavientos. “Volverán las oscuras golondrinas en tu balcón sus nidos a colgar”, recita el otro. Creo que en este recinto ya no soy “una golondrina”, sino “la golondrina”. He dejado atrás mi fugacidad indeterminada.

Toman asiento al atardecer para observarme. Se comprende que no tienen nada mejor que hacer. “Este es el último año que les dejamos hacer el nido”. Cuánto me alegro de haber encontrado la seguridad perenne de este hogar tras mi larga peregrinación allende los desiertos subsaharianos. “Eso mismo dijiste el año pasado. ¡Déjalas, le dan al patio un toque mágico!”. Traigo el barro y la brizna prendida en la boca. Traigo la primavera prendida en las alas.

Antonio Carmona