Por Antonio Carmona
Son puentes de por aquí, funcionales, mineros, de belleza austera, de hierro y piedra, de arquitectura industrial y ferroviaria. Son puentes de una modernidad que ha envejecido pronto y mal en Puertollano.
Puentes que unen orillas de un Ojailén imprevisible y conectan vidas pretéritas de trabajo duro, sudor de hollín y luz de carburo con otras vidas presentes de felicidad impostada, incertidumbre e inteligencia precocinada.