Santa Marí­a del Guadiana

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Son las 06:51 del Lunes, 6 de Diciembre del 2021.
Santa Marí­a del Guadiana

Una casa solariega junto al río. Tiene horno, caballerizas, corrales, palomar, un pequeño molino fluvial y sobre todo, tiene escudo blasonado. Por aquellos entonces, tener un escudo blasonado sería algo así como tener la sartén por el mango. Un blasón tallado sobre piedra noble para poder decir a todos: ¡yo tengo el poder y la gloria! O, al menos, hacerlo creer y, quizá, hasta convencerte a ti mismo de ello. El paso obstinado de los siglos pone cada elemento de nuestro escenario en su lugar. A día de hoy, por supuesto hay quien sigue teniendo la sartén por el mango, aunque ya nadie necesite escudos blasonados para tal merced. Será por eso que los escudos y blasones han quedado como la guinda de un gran pastel en ruinas, derritiéndose hasta sus cimientos a la orilla del Guadiana.

Muy cerca hay un largo puente moderno de ocho arcos. De allí llega el ruido incesante de la velocidad. Es el sonido de una civilización que parece que está ahí mismo, pero en realidad pertenece a otro mundo, vive en otro tiempo, en otra dimensión. Sobre  esto debe de tratar la Teoría de la Relatividad. Las personas dentro de los vehículos, la ansiedad cruzando el río, cambiando la hora, engañando al tiempo, siempre al encuentro de algo, siempre esperando a alguien. Viviendo sus frenéticas vidas a cámara rápida. Mientras, la casa solariega “Santa María del Guadiana” escucha el pulso sosegado del campo que le rodea y el mudo fluir del río. Una teja está a punto de desplomarse. Quizá lo haga antes de lo esperado. En todo caso, no hay ninguna prisa. Ya caerá.

Antonio Carmona

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