Siguiendo el río

Escucha la radio con La Voz de Puertollano
La Voz de Puertollano
La Voz de Puertollano en Facebook
La Voz de Puertollano en Twitter

 

 

Son las 05:00 del Martes, 8 de Septiembre del 2026.
Siguiendo el río

 

Por Antonio Carmona Márquez

 

Este tramo de río es el más urbano y fabril. Siempre hay algo o alguien empeñado en cruzar estas orillas: una tubería, un ciclista, una banda de estorninos, una pasarela, un corredor de fondo, un puente… Durante estas fechas puedes acogerte a la posibilidad de no cruzarlo, puedes recorrer su cauce seco sobre retazos de hierba aún verde y suelo de barro resquebrajado por el rigor estival. Desde su lecho ves exactamente lo mismo que ve el agua cuando corre o lo que ve el río cuando no corre, porque el río es siempre río con o sin escorrentía.

La mirada de un caballo nunca pasa desapercibida. Si está a tu espalda, la sientes como si reclamara tu atención rozándote el hombro con un halo inmaterial. Dos de ellos observan al caminante ribereño y aguzan las orejas con sumo interés cuando les habla. Los caballos no entienden las palabras, pero sí el tono. Queda a la derecha una amplia extensión de pasto amarillo enmarcado por una sierra con crestas de regularidad apalachense que solo interrumpe el puerto de Mestanza. A la izquierda, apenas se vislumbra la mañana tranquila y silenciosa de un Puertollano dominical. Al frente, se alza ese gran monstruo de aspecto amenazante, de respiración estentórea y fuliginosa.

Caminando en el sentido de la corriente, no percibes la cuesta abajo debido a lo nimio de su desnivel. Seguimos por un río de características calatravas más acordes a la cuenca del Guadiana que a la del Guadalquivir, a la que en realidad pertenece. Las orillas están forradas de carrizos, espadañas y avena silvestre. La correhuela acolcha las orillas con un verde inquebrantable como una mullida almohadilla cuajada de campanillas blancas. El estramonio edifica arbustos lozanos que también han estallado en pétalos moteados de púrpura y acabados en punta. Aquí y allá, alineaciones de plantas rojizas contrastan sobre un fondo pajizo que lo domina todo y sobre el que se asoman las inflorescencias disecadas y esféricas de ajos porros asilvestrados.

La desembocadura del arroyo del Pozo Norte es el final de esta breve caminata. Más adelante está el Antiguo Puente, construcciones de corte rural. albercas, norias ancestrales, un castillejo prehistórico/medieval y un torreón de piedra volcánica, un molino fluvial… Pero no hay prisa. Si algo nos enseña el río, es que no hay que apresurarse. Más tarde o más temprano llegaremos a donde quiera que se halle nuestro destino.

Antonio Carmona