Por Lourdes Carrascosa Bargados
“La inocencia y la alegría de un niño son los tesoros más grandes de la humanidad”
Querida Cristina:
Seis años tan solo para vivir una tragedia. Un fin de semana de celebración del regalo de Reyes, que seguro os hacía una gran ilusión. Asistir con tus padres, tu hermano y tu primo al partido en el Bernabéu entre el Real Madrid y el Levante, más todos los ratos felices que seguro sucedieron en el fin de semana. Luego, un regreso cómodo para Huelva y de vuelta a vuestro querido pueblo de Aljaraque.
Eso era lo planificado, pero la historia ha sido otra. Desgraciadamente, el ALVIA de Huelva, chocó con otro tren, el IRYO que venía de Málaga y no pudo superar con todos sus vagones la rotura de la vía. Llegó la desgracia, en ese fatídico domingo, ya anochecido, en el que Cristina se encontró atrapada en el tren, entre su padre, su madre, su hermano y su primo, todos muertos.
Esas fueron sus primeras palabras cuando descalza, y sin abrigo, caminando por las vías, la encontró un guardia civil. “Una niña muy valiente”, comentó, se desembarazó de su calzado y de su abrigo, que suponemos le impedían salir y busco escapar al exterior, sin entender muy bien lo que pasaba, pero con la claridad de que su familia ya no estaba con ella, siguió su impulso vital hacía la vida.
Sé que tus abuelos y tus tíos no te dejarán y te darán todo su amor para que salgas adelante, pero que difícil va a ser que olvides lo que has vivido. Nunca es sencillo perder a nadie, hay que superar el duelo y salir de él, pero que una niña pierda en un instante a todo su núcleo familiar, es un duelo multiplicado.
Los niños, como Cristina, representan la forma más pura de honestidad, de asombro y de amor incondicional, actuando como un recordatorio para que los adultos recuperen la ilusión y vivan el presente. Y eso va a ser esta pequeña para su familia, el motor de sus vidas.
Es evidente que en nuestros corazones tenemos el sentimiento de todas las personas que han fallecido en el terrible accidente ferroviario. De cada una vemos sus fotografías, nos van contando los familiares sus historias, con emociones y sentimientos profundos, pero, tu, pequeña Cristina, eres especial. Sé que todos los que te van a rodear ahora, familia, profesionales, escuela, compañeros, van a esforzarse porque estés bien, pero, también sé que los horrores que se viven siempre dejan huella profunda en nosotros y, aunque seas tan chiquita, en tu mente siempre habrá un espacio para ese minuto fatal en el que perdiste a los tuyos. Todos te ayudaran a superarlo, lo encerrarás entre siete llaves, pero en muchos momentos de tu vida, volverá a tu cabeza esa imagen dolorosa que te acompañará siempre.
En muchos momentos de tu vida, aunque pronto ya casi ni recuerdes sus caras, escucharás a tus compañeros de colegio llamar a sus padres, compartir con sus hermanos o primos y tu vacío y ausencia estarán ahí, aunque los corazones del resto de la familia luchen para darte todo el amor que necesitas.
Pero, como decimos los psicólogos, con trabajo y ayuda, de todo se sale y tú y tu familia estáis comenzando un nuevo capítulo.
Ahora toca iniciar cada mañana con una nueva normalidad. Volver al colegio, a los compañeros, a las risas, aunque al principio sean forzadas, a jugar y a ser querida, muy querida. Ese amor de los tuyos va a ser la mejor medicina para las ausencias.
Hoy, en cada rincón de nuestra España, tienes a miles de personas pidiendo por ti, para que sanen tus heridas psicológicas y puedas ser una niña feliz.
Queda hacer justicia, por tu familia y cada uno de los cuarenta y cinco muertos en el accidente, también por el maquinista del tren accidentado en Cataluña. Ojalá ese deseo de todos y cada uno de los españoles para que esto se aclare, no vuelva a repetirse un desastre así y se haga justicia, se cumpla, porque tú, los tuyos y los ciudadanos de España lo merecemos
Con todo cariño,
Lourdes.