El cine de mi vida

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Son las 20:21 del Martes, 23 de Julio del 2024.
El cine de mi vida

 

Por Lourdes Carrascosa Bargados

 

Con los años, nuestras cabezas, siempre que no tengamos la desgracia de padecer un deterioro, se llenan de recuerdos.

En mi memoria guardo de manera especial el de las tardes de los jueves, en las que no había colegio, aunque a cambio, teníamos los sábados por la mañana. Mi tía abuela Carmen, venía a comer con nosotros, para luego llevarme de merienda a casa de unos primos suyos con hijas de mi edad, acabando la tarde con una sesión de cine.

Creo que de esas tardes me viene el placer que he sentido siempre por asistir a las proyecciones de cine. Por muchas plataformas digitales de las que podamos disfrutar en nuestra casa, no son comparables a la experiencia de una sala de cine, su pantalla grande, sus butacas. las palomitas y el disfrute de la película.

Ahora, de mi niñez y juventud, quedan solo las imágenes de mi mente, pero sigo disfrutando con acudir cada semana a Multicines Ortega.  Gracias a esa extraordinaria familia, que luchan por mantener su negocio, personas como yo, podemos asistir a sus pases.

Mi relación con el cine se inicia en esas sesiones de jueves de cine en blanco y negro, con el Gordo y el Flaco, como les llamábamos antes a Laurel y Hardy, con Charles Chaplin, en La quimera del Oro y su inolvidable escena en la que se come un zapato; las risas con los Hermanos Marx, aunque en realidad, cuando me hice mayor, fue cuando comprendí realmente lo profundo de su humor, que de niña era solo una risa sin entender más que lo cómico y no la profunda ironía de sus diálogos.

Vinieron luego las películas de Sissí, la princesa favorita de las niñas de esos años, de la que leíamos sus libros de la colección Historias y disfrutábamos con sus películas.

Después empezamos con las películas de Walt Disney.

La hermana de una amiga de mi madre trabajaba entonces en el cine Proyecciones, en mi Madrid natal, por lo que tengo un recuerdo especial de la película 101 Dálmatas, que vi una noche de Nochevieja, la primera de mi vida que pasé fuera de mi casa y que, como la niña que era, sentí mágica cuando a las doce de la noche se detuvo la proyección y se escucharon las campanadas con el regalo de la bolsa de uvas, dulces, confeti y copita de vino dulce que dieron en el cine para celebrar la llegada del año nuevo.

Días de disfrute con Mary Poppins o con una de mis favoritas Sonrisas y lágrimas con todas sus recordadas canciones y esa inolvidable historia y, por supuesto, no puedo olvidar Mujercitas. En distintas etapas de mi vida he visto todas sus cuatro versiones, aunque mi favorita es la primera la de George Cukor, titulada Las cuatro hermanitas con una intérprete de lujo Katharine Hepburn, que recibió un Oscar por su interpretación de Jo, la mejor de todas las filmadas.

Mi padre, un gran aficionado al cine, solía llevarme a las proyecciones matinales de los domingos en el Cine Real Cinema, que tenía una pantalla que entonces llamaban panorámica y que era, o al menos, mi memoria la recuerda curva. En ella vi Lawrence de Arabía, mi padre nunca supo lo que me impresionó la escena de esa cabeza cortada, entregada en una especie de cofre al enemigo, que me dejó algunas noches sin dormir. En su compañía también recuerdo Ben- Hur, Los cañones de Navarone, El Cid y otras películas que se definían como superproducciones.

Sería interminable el número de recuerdos de mi vida asociados al cine, por lo que elegiré solo unos cuantos.

Historias de Filadelfia, que no creo haberla visto en cine, pero que he visto en otros medios cientos de veces y siempre me encanta, con la enorme personalidad de sus protagonistas.

No puedo recordar las veces que he visionado Lo que el viento se llevó y cada vez que la veo, descubro algo nuevo en alguno de sus personajes, más que una película, una leyenda.

Vacaciones en Roma, Sabrina, o Desayuno con Diamantes con una de mis actrices favoritas, en la ficción y en su vida real: Audrey Hepburn, con su música cargada de emociones.

Tal como éramos me trae un recuerdo repleto de lágrimas y me acercó a la realidad de que amar no es suficiente.

Gandhi me lleva al cine de verano de los Hermanos Ortega y a pesar de estar embarazada, a punto de dar a luz a mi hijo, armada con un cojín, la bolsa con el bocadillo, la bebida y las pipas, me hizo disfrutar la historia y mitigar con el aire fresco de la noche los rigores del verano en Puertollano.

No me gustan las películas de miedo y si son de espíritus y aparecidos, mucho menos. Aún me produce pánico una escena en un pasillo en El resplandor, aunque su protagonista, Jack Nicholson me hace reír siempre con Mejor Imposible y me impresiona en Alguien voló sobre el nido del cuco.

Una de las últimas películas que me han emocionado ha sido Todo sobre mi madre, me admira de Pedro Almodóvar la capacidad que tiene para crearnos estados de ánimo, pasando en segundos de la risa al llanto, aunque sea con personajes y personalidades poco corrientes.

Por desgracia, el cine, no está en su mejor momento y resulta más difícil que nos deje recuerdos duraderos, ya que los héroes y las historias de ahora, al menos para mí, resultan más superficiales, pero, pese a todo, no quiero perder la costumbre de acudir a una proyección de cine cada semana, porque el cine ha formado y forma parte de mi vida y cuando se apaga la luz, comienza el espectáculo.