Por Lourdes Carrascosa Bargados
El veinticuatro de Julio de 2026 ha sido para mí un día de horror, creo que también para muchos españoles. De ese “Todos contra el fuego” que nos repetían hace unos años, hemos pasado a “El fuego contra todos” y, por desgracia, poco o casi nada se ha hecho para poner solución a este gravísimo problema que nos destroza vidas humanas, paisaje, el presente y el futuro de muchas familias.
Me sobran todos esos comentarios de los políticos que gastan su saliva en meterse unos con otros para lanzarse las responsabilidades. Ellos sí que están quemados en sus respectivos papeles. Basta ya de hablar, de hacerse fotos, de insultarse y pónganse a hacer gestión que es para lo que les pagamos y bastante bien, por cierto. Trabajen por el beneficio de todos los españoles, aunque eso no les llene a ustedes sus bolsillos.
Llevan años hablando del cambio climático. Nadie niega que ese cambio existe, pero, no sirve de nada repetirlo como un mantra cada vez que tenemos un incendio, inundaciones, volcanes. Hay que derivar fondos, dedicar medios a los problemas más acuciantes de nuestros pueblos y ciudades, cambiar la política medioambiental.
Resulta revelador observar los datos de los incendios forestales de gran nivel, como los que estamos sufriendo. Grecia, Portugal, Francia, Estados Unidos han vivido situaciones parecidas. En Europa tenemos ese problema y ni un solo incendio en África. Parece que algo no estamos haciendo bien en los países que llamamos más avanzados.
El fuego en los montes no se soluciona en los meses de verano. Evidentemente tener muchos medios para luchar contra el fuego es un camino, pero a la vez, hay que modificar leyes, mejorar el cuidado de los montes, potenciar la vida de nuestros pueblos para evitar tanto desastre. Curiosamente para esto nunca hay suficiente dinero. ¿En que gastan los millones de euros de nuestros impuestos?
Estos días pasados en el incendio de la carretera de Brazatortas en la zona del Retamar, el fuego asoló el campo de una amiga, aunque gracias a la intervención de sus hijos, los bomberos y algunos vecinos, salvaron la casa, perdiendo almendros y olivos. El fuego, en las imágenes que nos enseñó, parecía imparable. Y repito, tuvieron, con suerte y esfuerzo, capacidad para no dejar entrar las llamas en su casa, que en otros casos no se logró.
Mi hermano pequeño y otro familiar están enterrados en el cementerio de San Martín de Valdeiglesias en Madrid. Entenderán todos ustedes lo que para mí significa esa población, a la que visito con cierta frecuencia. Por eso el incendio de Madrid, iniciado en San Martín de Valdeiglesias, ha supuesto otro horror. Y yo no tengo más que unas lápidas, así es que imagino lo que pueden sentir todas esas personas que han tenido que dejar todo: casa, tierras, negocios, animales, para no saber si podrán recuperarlo o se perderá entre las llamas calcinando toda una vida de esfuerzos.
No hay un solo lugar de España que se libre del fuego. Si, comprendo lo de las lluvias en primavera, las olas de calor, pero esto ya es un cuento chino para los que venimos oyéndolo desde hace años.
Algo no funciona en nuestro sistema de gobierno si no somos capaces de encontrar soluciones a estos problemas, aunque nos parezcan nuevos.
A mi juicio creo que tenemos que volver a usos más tradicionales, a tener los montes y campos limpios, a dejar que sean los animales quienes nos ayuden en esta labor, usando también la tecnológica para el cuidado del entorno natural, pero, sobre todo hay que actuar de inmediato, no podemos dejar que nuestro ecosistema desaparezca por intereses de unos y dejación de otros. Esto es una tarea de todos para el presente y sobre todo para poder tener futuro.