Por Lourdes Carrascosa Bargados
En estas fechas de Marzo, cuyo día ocho se dedica siempre a las mujeres, quiero hacer mi particular homenaje a una persona que considero pionera en muchas cosas, pero, por desgracia, mujeres como ella pasan desapercibidas para el mundo, aunque son pilares en la sociedad. Nos acostumbramos a verlas por las calles, en las tareas cotidianas y no nos damos cuenta de su importancia y del valor que han tenido en su relación con nosotras y en la vida de nuestro Puertollano
Nuestra querida amiga, recientemente fallecida, Aurora Corchero Ureña, era una mujer de carácter, ideas claras y compromisos férreos, por lo que quedará siempre en nuestra memoria.
Su primera gran labor ha sido siempre su familia, su marido, sus hijos, nietos y hermanos, de los que se ha sentido orgullosa y a los que ha apoyado incondicionalmente en sus carreras y vidas profesionales, implicándose en todo, tal como era ella. Recuerdo, como si en este momento estuviera a mi lado, con su tono de voz inconfundible, sus comentarios sobre su marido, sus hijos, sus nietos, sus nueras, cargados de cariño y respaldo.
Aurora, hasta su último suspiro, ha sido incansable. Si no que se lo pregunten a su campo y a su coche. La recuerdo conduciendo desde la primera vez que la vi y me decía que para ella el coche era media vida. Lo necesitaba para ir al campo, en la compra, para traslados médicos y en sus apoyos de familia y amigos. Imposible no verla cargando en su coche cajas de libros de Ediciones Puertollano, para colaborar en llevarlos a una firma o presentación con su hijo Javier.
Pero ella y su coche eran además una mano tendida. Con nada que oyera una necesidad, ya estaba disponible a trasladar a quién fuera y lo que fuera, a donde se necesitara.
El campo, algo que para cualquiera podría haber sido visto como una obligación, para ella era un placer y yo creo que casi un deber ineludible. Yo le decía muchas veces “Aurora, tu campo es tu tercer hijo” y ella se reía, con esa alegría que contagiaba. A pesar del peso de la edad, estaba dispuesta siempre a quitar hierbas, cavar o lo que hiciera falta. La encontré hace no mucho tiempo por la zona cercana a su casa, me dio mucha alegría verla, porque hacía un tiempo que no nos cruzábamos y, entre otros temas, le pregunté si había bajado su nivel de “actividad agrícola” y me contestó que ella seguía haciendo lo que podía. Era incansable.
Aurora hacía causa de todo lo que tocaba. Ha sido durante años una socia activa e infatigable de nuestra Asociación de Amas de Casa y Consumidores UNAE El Timón. Aún el pasado viernes que compartí un rato con las personas que componían la directiva cuando fui presidenta y, entre ellas, se encontraba Manoli Sánchez, la actual presidenta. Me comentaba que hace unos días había llamado para decir que no la dieran de baja, que estaba un poco pachucha, pero que tan pronto se pusiera mejor, iba a pagar la cuota. Típico de ella, genio y figura.
La recuerdo en las conferencias, preguntando dudas a los ponentes, con esa manera tan suya de hacer las preguntas y no parar hasta no quedar satisfecha con la respuesta.
Una socia que siempre ha puesto en valor al colectivo, que ha reconocido el esfuerzo de las que trabajaban para hacer que las demás contaran con actividades y que ha apoyado incondicionalmente lo que se hacía.
Aurora, allá donde esté, me permitirá que cuente algo que ella nunca quería que se supiera, porque “lo que una mano hace, la otra no debe saberlo”. Una tarde, en mis tiempos de organizar la sede que entonces teníamos en la calle Cañería, hice un comentario en voz alta sobre la necesidad que teníamos de comprar más sillas, porque para ciertas actividades no había bastantes. A escondidas del resto que había en la sede, se acercó y me dijo, toma, compra unas pocas con ese dinero. Yo trate de convencerla con la idea de que ya nos llegaría por algún sitio una ayuda para ello, pero me insistió diciendo que para ella era un gusto colaborar
Así era, todo generosidad y entrega; carácter y responsabilidad; alegría y esfuerzo; amor y exigencia; dulzura y fuerza.
Seguramente no hemos sabido, a lo largo de todos los años que hemos compartido, que la admirábamos, que veíamos en ella a una mujer valiente, adelantada a su época, que tenía claro lo que quería y que estaba segura de lo que hacía.
Gracias por todos esos momentos vividos contigo y por todo lo que hemos aprendido de ti.
Te echaremos mucho de menos, pero estamos seguras que allá donde estés, seguirás siendo un referente.
Con todo cariño…