Por Lourdes Carrascosa Bargados
No recuerdo en los últimos veranos uno como este, lleno de imágenes y momentos desagradables, de situaciones trágicas como el terremoto de Venezuela, terribles incendios forestales en nuestro país, con cientos de personas teniendo que abandonar sus casas, No es solo en España en otros muchos países hay graves incendios, ríos casi sin agua, con importantes sequias y sus consecuencias, fuertes tifones, ahora el terremoto de Colombia. Parece que nos están atacando las plagas bíblicas.
Y por si no fuera bastante, el pasado 30 de Julio se produjo el asalto masivo de los inmigrantes de Marruecos y de otros países subsaharianos, entre ellos miles de menores solos a nuestra ciudad de Ceuta.
Pero hay imágenes que no se pueden borrar de la cabeza. Voy a elegir dos de las que me han afectado más en los últimos días. Ambas se corresponden con ese asalto y son, en sí mismas, un drama. La primera imagen, dos bebés de pocos meses, entiendo que colocados por sus propios padres en unos flotadores y lanzados al mar para llegar a Ceuta, con la incertidumbre de que cualquier situación desfavorable pueda llevar a esos dos niños a una muerte segura. ¿Cómo tienen que estar viviendo los padres de esos menores de tan corta edad la situación en su país, para aceptar el envío de sus dos hijos en esas condiciones?
La segunda imagen es la de un padre que decide venir por mar a Ceuta acompañado de sus cinco hijas, todas preparadas con chalecos salvavidas. Es evidente que un viaje por mar así es algo preparado, no se pone uno una mañana y se mete en el mar para venirse a Ceuta con todas las hijas, como el que sale a dar una vuelta.
Pero no son solos las imágenes sobrecogedoras de niños o familias, es también difícil de asumir qué en un país moderno como el nuestro, se pueda ver una falta de actuación en las fronteras como la que hemos visto y sentido, por supuesto sobre todo los ceutíes.
Resulta muy sorprendente que no se haga ningún comentario negativo y encima se considere a Marruecos como buen vecino, cuando nos llena Ceuta de menores y de personas que bastante desgracia tienen con mantenerse con vida y en situación precaria. Esto es un abuso por parte de Marruecos y una falta de mostrar la fuerza necesaria por parte de España. ¿Qué sería ahora si no hubieran ido saliendo voluntariamente los miles de inmigrantes que entraron? Es así, con una gran mayoría devueltos a su país, y la población de Ceuta está bajo una gran presión y angustia.
Entiendo el estado y las quejas de los habitantes de Ceuta, una ciudad completamente española, que existe como ciudad, mucho antes de la fundación del propio Marruecos. Algo no se está haciendo bien en el comportamiento del equipo de exteriores de nuestro país y en la actuación de nuestro Gobierno. Han pasado ya más de diez días y todavía no se han tomado soluciones para que la población de Ceuta pueda llevar a una vida tranquila como la que llevaban hasta el 30 de Julio.
Entiendo su preocupación cuando tengan que iniciarse los colegios, cuando ahora no se atreven a salir a la compra, a la playa o a tomar un café, teniendo siempre el temor a que alguien se les meta dentro de su casa. Los ceutíes necesitan un estado que les proteja y les asegure una vida normal, como la de cualquier ciudad española.
Tampoco es muy normal la posición que toma la Unión Europea, siempre entre dos aguas y sin aclararse casi nunca, lo que da lugar a una sensación de falta de fuerza que aprovechan los estados como Marruecos.
Tomar medidas no es ir a visitar la ciudad, es tomar decisiones serias e importantes que solucionen este problema en el menor tiempo posible. Y esto no es lo que se está haciendo.
A graves problemas, soluciones rápidas, y da la sensación que tenemos miedo a Marruecos. Dice el refrán castellano: “El que algo teme, algo debe”. ¿Qué será lo que nuestro gobierno debe a Marruecos? Tal vez algún día nos quede claro que es lo que está pasando y gracias a que los vecinos de Ceuta, como siempre, están dando una lección de ayuda y solidaridad, aunque esta situación sea social, política, económica y emocionalmente insostenible.