La lavadora inteligente

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Son las 06:49 del Martes, 10 de Febrero del 2026.
La lavadora inteligente

 

Por Lourdes Carrascosa Bargados

 

Vivimos en los tiempos de la Inteligencia Artificial, algo que mucha gente ya ha adaptado a su vida diaria y con el asistente habla, comenta su día, le pide consejo para ver que hace de comer y hasta lo utiliza como si fuera el psicólogo que va a ayudarle a resolver sus problemas, el médico que le trata, o quién le ayuda a buscar pareja, conductas todas que dejan en evidencia como tenemos las cabezas y la inmensa soledad en la que transita la vida de muchas personas.

Es indiscutible el valor de la inteligencia artificial en muchos campos, pongamos por ejemplo la medicina, pero como herramienta para expertos.  Escuchaba el otro día el caso de la primera intervención realizada en un hospital, con un cirujano conectado en remoto y coordinando la operación que hacía otra profesional con el paciente, mientras el doctor le hacía recomendaciones. También hemos escuchado los casos de personas que han realizado por estos medios trabajos, artículos y en algunos casos hasta tesis doctorales.

Toda tecnología tiene su valor, pero todo depende del fin que se le dé.

La inteligencia artificial se utiliza para muchas otras cosas de uso cotidiano: ayuda en la conducción con los ordenadores en el coche, para electrodomésticos, maquinaria, etc.

Mi amiga Marili tuvo recientemente que cambiar su lavadora, ya que había dejado de funcionar. Lo mismo nos había ocurrido a su hermana y a mí. Cuando las nuestras dejaron de poderse utilizar, yo compré primero una de una marca que funcionaba muy bien, la hermana compró (siguiendo mi consejo) la misma, y ambas estábamos encantadas con el resultado de nuestras respectivas adquisiciones de máquinas de lavar.

Visto nuestro grado de satisfacción, ella también optó por la misma marca, solo que en ese caso ya era mucho más avanzada y el vendedor le dijo que era una lavadora inteligente. Ella la adquirió en la confianza de las alabanzas nuestras.

Desde el primer día la relación entre la lavadora inteligente y mi amiga ha sido bastante desastrosa.

Se vuelve loca por no encontrar los programas adecuados para su cantidad de ropa y la suciedad que presenta. Se ha dedicado a estudiar a fondo el electrodoméstico, sentándose incluso delante con un taburete para comprobar la duración de los programas y las funciones que en ese tiempo realiza.

Pero, como la lavadora es inteligente, hace lo que le parece y cambia los programas, tarda mucho tiempo en los lavados y no te digo nada si lo que pone a lavar son los trapos de la limpieza. Ya le ha sucedido más de una vez que, pese a que ella dice que le añade muy poco detergente, la “lista” de la lavadora empieza a escupir espuma y mi amiga, además de ponerse de los nervios, tiene que dedicarse a limpiar y retirar el agua y burbujeo blanco que inunda su cocina.

Poner la lavadora antes era un placer. Metía la ropa seleccionando por colores y grado de suciedad, elegía el programa correspondiente, calculaba el detergente, el suavizante y a lavar. Como no tenía ningún miedo de las acciones de su máquina, podía hacer otras cosas en la casa, mientras lavaba la ropa.

Desde que tiene la nueva adquisición, ha generado una enorme desconfianza, no sabe lo que va a realizar en cada lavado, es incapaz de reconocer el tiempo que va a tardar y lo que aún le preocupa más es no saber si de repente se va a poner a escupir espuma como si no hubiera un mañana, o, por su cuenta y riesgo, se reinicia el lavado, cosa que hace si intenta finalizar un programa. En resumen, que la máquina inteligente la trae de cabeza.

Nos insiste muchas veces en la recomendación de que, si se nos estropea nuestro electrodoméstico, no se nos ocurra comprar uno inteligente, el problema será que no nos dejen otra opción, porque las tecnologías cada vez avanzan más y no se tiene en cuenta la dificultad de muchos que ya peinamos canas para adaptarnos a los cambios.

Sin ir más lejos el otro día subí en uno de estos coches de ahora, de esos híbridos, parece que no se mueve, no se le oye. A veces, por las calles peatonales de nuestra ciudad, pasan coches de estos, como los de la policía y no se les escucha venir. Pero lo más llamativo es el hecho del interior, aparenta que hemos entrado en un cohete espacial: espejos inteligentes, ordenador de a bordo, aviso por medio de sonido en muchas funciones del coche, ayuda en el aparcamiento. Reconozco que muchas de estas cosas mejoran mucho la conducción, sobre todo la seguridad, evita dormirse al volante, pero otras no sé hasta qué punto no nos distraen, porque entre el GPS, el teléfono móvil, los avisos de radares y los pitidos, yo no sé si me sentiría tranquila.

El caso es que mi pobre amiga Marili tiene un problema cada vez que pone en marcha su lavadora y los programas duran más, la tiene que vigilar y dice que no lava mejor, que antes en la vieja, tenía un programa de ropa de lavado corto, que le resultaba rápido y económico y ahora no se fía de su lavadora.

Parece que la inteligencia artificial plantea también sus problemas en la vida diaria.

Foto: Pixabay