Por Lourdes Carrascosa Bargados
A finales del mes de Octubre, tiene lugar un acontecimiento que considero especial, al que me gusta dedicar la tarde, si no tengo otras obligaciones y en caso de no poder seguirlo en directo, luego lo veo, como antes se decía, en diferido.
Me refiero a la entrega de los premios Princesa de Asturias, en Oviedo. Independientemente del acto en sí, me interesan siempre las figuras de los premiados, bucear en sus biografías e historias personales, que suelen ser todas de un gran interés.
Este año 2025, además de otros galardonados más conocidos, ha llamado poderosamente mi atención el premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades a Byung Chul Han, filósofo, teólogo, profesor en la Universidad de las Artes de Berlín, escritor que cuenta entre sus obras más notables con La Sociedad del Cansancio y La Teoría de la Esperanza.
Según Byung Chul Han, vivimos en una “sociedad del rendimiento” marcada por la hiperactividad, la auto explotación y la constante exposición. La acción continua no es sinónimo de libertad o creatividad, es agotamiento. Vivimos en un estado de cansancio colectivo, que es fuente de infelicidad contemporánea, ya que ese “hacer sin descanso” nos impide pensar, contemplar o disfrutar del simple hecho de existir.
Según nuestro Premio Princesa de Asturias, la felicidad no depende de la acción, sino de la contemplación. Es en la inactividad (que no es pereza, ni vacío) donde el ser humano puede encontrar su esencia y reconectar con la felicidad autentica. Ese secreto de la felicidad lo asocia a cultivar relaciones saludables de amistad o de familia; desarrollar la gratitud; encontrar un propósito vital y centrarnos en vivir el presente.
En muchas ocasiones he planteado a pacientes, o a personas a las que se puede aconsejar para mejorar su existencia, esta forma de enfrentar la vida, mucho más parecida a la que se vivía antiguamente y que psicológicamente era mucho más sana.
Hace unos días, dando una charla, explicaba las cosas extraordinariamente buenas que tiene nuestra ciudad de Puertollano, que son saludables y que no deberíamos perder, ya que nos acercan más a la idea de esa felicidad de la que hablamos y que todos deseamos.
Sentarse en un banco, plaza o puerta de casa a charlar con los vecinos; poder ir por la calle saludando a la gente que conocemos y de la que sabemos parte de su historia personal, pero sobre todo a la que apreciamos; tener un grupo de amistades de confianza, con las que poder compartir lo bueno y lo malo, en la seguridad de que eso se va a quedar para las personas en las que confiamos; caminar nuestra ciudad en la seguridad de que en caso de necesidad, conocemos al camarero de la cafetería, a la dependienta de la panadería; al pescadero, carnicero; saber que en cualquier sitio de la ciudad, puedes ir con esa tranquilidad que dar el sentir que estás en casa.
Quizás no demos importancia y valor a que en Puertollano haya un nivel de asociacionismo enorme con grupos de todo tipo: sociales, folclóricos, culturales, de salud, deportivos, etc. Lo importante de esto es que ese tejido asociativo constituye una red de apoyo para todos los ciudadanos, que podemos formar parte de aquellas asociaciones que más nos interesen y en ellas encontrar propósito vital.
Tal vez debemos poner el acento en todas aquellas cosas que parecen antiguas, pero que tienen un valor increíble de cara a la salud mental, a la felicidad y a la satisfacción de uno mismo. La vida no es estar encerrado en tu burbuja personal, atado a tu móvil, ordenador o tablet. La vida es contemplación de lo que nos rodea, disfrute de lo que se vive cada minuto, emocionarnos viviendo con pequeñas cosas.
Buscar la felicidad en esas gotitas de satisfacción que podemos encontrar en cosas, que parecen simples, pero no lo son: ver amanecer o atardecer, disfrutar de un paisaje, leer, escuchar música, hacer ejercicio, escribir, tomar un café con amigos, sentarnos en nuestro sofá simplemente a pensar, a reencontrarnos con nosotras mismas, mirar el fuego en la chimenea, jugar con nuestra mascota, pintar, coser. Podría hacer infinita la lista, pero el sentido es que la felicidad no está en cosas grandes, está en el encuentro profundo con nosotros mismos y con las cosas que nos producen satisfacción y alegría.
Vivir corriendo sin saber a dónde vas, solo nos conduce a la depresión, la angustia y la falta de satisfacción.
Espero que caminemos hacia esa teoría de la esperanza en la que todos, aún podemos pensar en mejorar y construir una sociedad más feliz, pero para ello, debemos trabajar con nosotros mismos y no dejarnos llevar por aquellos que quieren cosificarnos y manejarnos.
Se hace imprescindible el encuentro con uno mismo.