Por Lourdes Carrascosa Bargados
Van quedando en los escaparates los restos de corazones rojos, Cupidos, lazos, bombones, propuestas para regalar a los amores de nuestra vida, ya sean parejas, familia, amigos o incluso mascotas y, entre estas llamadas a nuestros sentimientos, se me cuela el tema del que quiero hablar: ¿Puede ser objeto de nuestro amor la ciudad en la que habitamos?
Vayamos a la etimología de la palabra amor: sentimiento intenso de afecto, atracción y conexión emocional hacía otra persona, idea o cosa, que busca la unión, reciprocidad y bienestar mutuo. Se caracteriza por la empatía, el compromiso, el cuidado activo y el respeto.
También nos indican que el amor no solo genera bienestar y felicidad, sino que actúa como un motor de motivación y energía para la convivencia y la creación.
Los seres humanos podemos desarrollar dos tipos de actitudes: bajo una de ellas somos altruistas y colaboradores, y bajo la otra somos egoístas y competidores.
Puertollano, la ciudad en la que vivo desde hace bastantes años, tiene problemas en relación con la manera en la que sus habitantes la cuidan y, cuando hablas con nuestros responsables políticos, se quejan de que no encuentran modo de lograr cosas como el respeto y el buen trato a lo público.
Quizás no fuera tan descabellado promover en los ciudadanos el amor por su ciudad, buscando su cuidado activo, el respeto y la colaboración de todos.
Pasar por cualquiera de las zonas verdes de nuestra ciudad, por sus plazas, por nuestro magnifico Paseo de San Gregorio, y ver tanta suciedad y desperdicio en muchas zonas en las que al lado hay una papelera vacía, indica como somos los que la vivimos.
Hace unos días, en mi caminata diaria pude ver una escena bastante desagradable. En la entrada de un portal en pleno Paseo de San Gregorio había un total de siete trozos de excremento de perro, que los vecinos tenían que saltar para poder salir del bloque. Evidentemente hay que pensar que quién dejó esos detritus en un portal, con estos días de lluvia, era un dueño que quiso evitar que su mascota se mojara e hiciera más cómodamente sus necesidades, pero lo lógico es recoger las basuras y no dejarlas en un portal.
No sé de qué manera se podría hacer entender a los vecinos que si no amamos el lugar en el que vivimos, no lo cuidamos y le damos lo mejor de nosotros, somos responsables de como esté la ciudad. Que esa responsabilidad del cuidado no es solo de quienes gestionan la administración local, sino muy fundamentalmente de cada uno de nosotros.
Oímos muchas conversaciones donde la gente se queja de que está todo sucio, que se pisan los jardines, se destrozan los bancos y las papeleras, pero somos los mayores responsables de su falta de cuidado.
Los monumentos de nuestra ciudad se ponen en valor si los consideramos, les mostramos el cariño respetando sus fachadas, manteniendo limpios sus entornos, no pintando sus paredes, reconociendo su mérito y no con ese desprecio con el que se dice “Puertollano no tiene nada”.
Digo siempre que yo me siento de Puertollano, pero tengo formas de ver las cosas de mi nacimiento y juventud en Madrid. Nuestra ciudad tiene muchas cosas positivas para disfrutar, como la cercanía que tenemos para todo, los ambientes agradables, poder hacer las cosas con tranquilidad: tanto asistir a un espectáculo, al cine, salir a tomar una copa o un aperitivo ir de compras, sin prisas, sin colas. Puertollano es una ciudad muy vivible, con el campo a tiro de piedra, sin atascos, tal vez por todas estas cosas, la gente de fuera la valora más que los que la habitan.
Me molesta ir al Auditorio, o a los Multicines Ortega y ver a niños y grandes pisar las butacas, tirar cosas al suelo, no respetar las normas. Recuerdo ahora el día de la cabalgata de Reyes, que la vi desde la terraza de mi casa y pude comprobar que, al finalizar y desaparecer la gente, la calle quedaba llena de desperdicios, papeles de caramelos, bolsas de chucherías, latas vacías de bebidas, es como si pensáramos que las cosas se recogen solas, cuando el sencillo gesto de que cada uno lo deposite en la papelera, deja la ciudad limpia, a todos nos cuesta menos y la imagen es mejor.
Ahora viene el carnaval y volveremos a repetir la misma historia. Nos juntamos donde haya movimiento y luego se queda todo, como si hubieran pasados las hordas bárbaras, ya sean jardines, bancos, o el santo suelo.
¿Como se quiere a una ciudad?
Primero de todo conociendo su historia. Viendo sus fortalezas y sus defectos, pero actuando con ellos para valorar lo bueno y corregir los errores. Después toca mimar y cuidar a la ciudad, sus monumentos, sus zonas ajardinadas, sus calles y plazas, para disfrutar. Y habrá que educar a sus vecinos, con respeto, en limpieza, en recrearnos sanamente de sus espacios, pero trabajando para querer lo que nos ofrece.
Por último, hablar bien de ella, llenarnos la boca reconociendo la seguridad, la comodidad, la disponibilidad que nos da de ser libres y vivir tranquilos.
Creo que Puertollano se merece un poco de nuestro amor. El mejor regalo que le podemos hacer es cuidarla.