Por Lourdes Carrascosa Bargados
Cada vez escucho con mayor frecuencia a madres y padres comentando situaciones personales bastante dolorosas relativas a la relación que llegados a la vejez, establecen con ellos sus hijos y que nada tiene que ver con las formas de atención, cariño, cuidado y respeto que otras generaciones hemos tenido a nuestros predecesores. Podemos dividirlos entre los preocupados y atentos a sus padres y madres con los que mantienen una relación magnífica; los obligados a mantener una relación porque comparten vivienda o condiciones económicas o personales que les obligan a esa dependencia; los utilitarios, que usan a sus padres y madres para su beneficio, ya sea en cuidado de nietos, economía u otros factores y los que no mantienen ningún contacto con sus familiares, en muchos casos, sin una razón de peso para esa ruptura.
Existe una idea muy extendida entre las parejas jóvenes de hoy, por la que sus padres deben estar a disposición de los hijos cuando ellos manden y de la manera en la que ellos los necesiten. Parecen pensar que sus padres ya han terminado su ciclo vital y no tienen nada importante que hacer, por lo que ellos, de manera muy egoísta, los utilizan, a veces casi como si fueran sus criados o esclavos.
Llevo siguiendo durante un tiempo una página de Facebook llamada Teresitaysuscositas, en la que una abuela, todavía relativamente joven, se queja de ciertos comportamientos de sus hijos e hijas. Un ejemplo reciente es el planteamiento por parte de su hija, después de tener un bebé, de contar con la madre para que acuda a su casa todos los días a las siete de la mañana para atender al nieto, posteriormente llevarlo a su casa y organizar la comida para todos, en la tarde quedarse con el bebe hasta la hora de llegada de los padres, realizando esta jornada de lunes a sábado. Ciertamente me parece que los padres, antes de tener hijos, deben tener claro cual va a ser su planteamiento de cuidado y atención al hijo, no es cuestión de descargar toda la responsabilidad en sus abuelos, que ni por edad, ni por ser su responsabilidad, deben ocuparse de sus nietos más que para una ayuda extraordinaria.
Para mí es licito y positivo que los abuelos colaboren en la crianza y educación de sus nietos, pero no con carácter de obligación, sino como una ayuda para situaciones excepcionales. Es demasiado frecuente en nuestra sociedad que el planteamiento laboral de los padres, pase porque sean los abuelos los encargados de la crianza de los nietos y esto no me parece normal.
Tampoco es lógico que los padres dejen a los niños con libros de instrucciones para los abuelos, una larga lista de lo que pueden hacer o no hacer con los nietos, lo que les pueden dar de comer, de beber, como jugar, en resumen criterios que en todo caso quienes los deben ejercer, si están de acuerdo con ellos, son los propios progenitores. Muchas veces los abuelos tienen la sensación de ser incapaces, tontos e inútiles, como si muchos de ellos no tuvieran en su haber la crianza de sus hijos, en situaciones mucho más difíciles y complicadas que las actuales.
Desde luego los resultados educativos de los padres de hoy, con sus normas de vivir en felicidad, sin normas, ni límites para los niños dejan mucho que desear de cara a una buena educación. En el pasado, padres y madres menos preparados y formados, has sido capaces de sacar adelante generaciones mucho más responsables.
Otro tema sorprendente es la necesidad de disponer de los bienes de los padres antes de su fallecimiento con la frase de “Para que quieres tu ya esto”. A mí me parece otra conducta cargada de egoísmo, pero sobre todo una injusticia que no se debe cometer. No se saben las necesidades que una persona mayor pueda tener hasta el fin de sus días y, disponiendo de bienes a su nombre, será mucho más fácil, ser atendido. No es raro descubrir casos donde los padres han puesto todo a nombre de los hijos y llegado el momento, han sido abandonados y en algunos casos, excepcionalmente, hasta maltratados y con intentos de asesinato.
Creo que los mayores somos un valor importante en nuestra sociedad, como experiencia, transmisión de cultura y costumbres. pero, sobre todo, corazones llenos de cariño que necesitan dar y recibir por lo que no podemos caer en los planteamientos de sociedades deshumanizadas y faltas de valores morales y emocionales.