Vuelta al hogar

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Son las 07:20 del Lunes, 19 de Enero del 2026.
Vuelta al hogar

 

Por Lourdes Carrascosa Bargados

 

Cuando finaliza el verano en Septiembre, quizás sea mi imaginación, pero yo veo que los rayos del sol se hacen más dorados, tocando de ese tono los atardeceres, dejando su rastro de color, para que poco a poco lo veamos reflejado en las hojas de los árboles.

Muchos dicen que la llegada del otoño, con menos horas de luz, noches más largas, vuelta a las rutinas de trabajo o estudio con menor tiempo para el ocio y las salidas, les deprime. En mi caso estos días me llevan a sensaciones, emociones y recuerdos muy agradables que asocio con una palabra: hogar.

Ya nuestro latín nos indicaba las diferencias entre una casa, que es un edificio para habitar y un hogar, de la palabra latina focus, con la connotación de hoguera, lugar dónde se enciende el fuego y ahí está la diferencia: la casa es un lugar físico que habitamos, pero el hogar es afanarnos en dar calor al lugar en el que vivimos y para ello este tiempo es el del retorno a él.

En esta época del año me pongo siempre en la piel de las personas sin techo, que no tienen casa y mucho menos hogar y lamento que se les ayuda poco a salir de su situación, con lo que les espera en los largos y fríos períodos que vienen, y en todas esas personas que por situaciones de guerras sin sentido, no tienen donde ir. El mundo se está convirtiendo en un lugar horrible.

Pero volvamos al tema del que escribo hoy, que el otro da para muchos escritos más.

Me gusta madrugar todo el año, pero en estos meses especialmente, ya que puedo disfrutar de ver salir el sol, iluminando el entorno. El olor del café de la mañana, del pan tostado para el desayuno, sentada, observando a la naturaleza desplegar todos sus encantos, a la vez que me dejo acompañar por los amigos de las ondas, y voy enfrentando al día, es puro placer, ya sea en días soleados o cuando llegan las primeras y muy necesarias lluvias. No hay nada más relajante que mirar llover entre cristales.

Sentir caer sobre tu cuerpo el agua cálida de la ducha, notar la suavidad de las toallas al secarte, disfrutar de los olores de champús, cremas y, por fin, ponerte un chándal calentito para salir a caminar, sin que agobie el calor, sin sudar, o abrir el armario y coger prendas de ropa que llevas meses sin usar y ahora te parecen más bonitas que al finalizar el invierno, que ya estabas cansada de lo mismo siempre, porque, aunque nuestros armarios estén plenos de ropas, terminamos vestidos con aquello que nos resulta más cómodo.

Es un regalo cuando, al llegar a casa, metes la llave en la cerradura, abres la puerta y percibes el olor característico de ti y de tus cosas, esa sensación de seguridad y tranquilidad que te ofrece el estar en tu casa, el lugar que has convertido en TU HOGAR.

Poner la olla al fuego para preparar ya otro tipo de comidas, de esas que llamamos de puchero, que nos gustan y nos recuerdan a nuestro mayores, es otra manera de disfrutar la estación, dejando de lado gazpachos y ensaladas, para entrar en sopas, cremas, potajes y cocidos que son una delicia para nuestros sentidos.

Terminada la comida, como no hacer un homenaje a esa mantita del sofá que nos acompaña en los ratos de relax con ese efecto de caricia y acogimiento tan necesarios para los que estamos solos, dándonos alivio para los duros momentos que vivimos en este mundo que parece haber perdido la razón.

Llega la tarde, pero se mantiene el placer del sofá con la compañía de un buen libro que nos permite vivir otras vidas, un capítulo de una serie o una película y esa taza de café con leche humeante con la que sientes que recuperas las fuerzas para lo que queda de día.

Llegadas las noches más largas, acostarte en tu cama, con sus sábanas o edredones limpios, ya con algo ligero de abrigo, las ventanas cerradas, deleitándote de ese gozo que produce meterse en la cama a descansar, sin la presión de los calurosos días de verano, hacen que el sueño sea más reparador.

Nuestra casa puede ser la más humilde o la más lujosa del mundo, pero la clave está en saber hacer de ella un hogar, un lugar donde recargarse de momentos con aquellas pequeñas cosas que nos traen felicidad y esos instantes agradables que son los que nos vamos a llevar. Ningún objeto nos acompañará en el camino, pero la sensación de gozar de lo nuestro, los instantes vividos en el pasado con los que ya no están, o las nuevas sensaciones que podamos encontrar, son un bálsamo para enfrentar la vida de estos tiempos de locos donde el reposo en nuestra casa se hace imprescindible para una buena salud mental.

A partir de este cambio de tiempo, en lugar de entristecernos por lo que ya quedó atrás, debemos aprovechar el presente que nos trae la calidez y el gusto por sentirnos en nuestra casa.

Foto: Pixabay