Capítulo 2: El tesoro de Oretania

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Son las 08:06 del Lunes, 21 de Octubre del 2019.
Capítulo 2: El tesoro de Oretania

     Utilizar el hierro para la fabricación de herramientas y elementos cotidianos, dejando al bronce para un uso más selecto, hizo que vuestros antepasados, los íberos oretanos, buscaran en mis entrañas la obtención del metal de moda. Buscando hierro, perforando mi ser, les hice llegar regalos importantes a mis hijos.

     Ya que la cordillera de los dioses; la Sierra Morena, divide mis tierras en dos, repartí  riqueza en ambas partes. No tardaron en la Oretania Sur en dar con las minas de plata que protegería Cástulo. En las tierras del septentrión; en la Oretania Norte, costó un poco más encontrarla. Pero al final dieron con ella; la mina del mineral de minio, que hice aflorar a la superficie para que su rojo color fuese visto. Lástima que el pueblo oretano no supiera explotar los beneficios del minio para obtener bermellón, que Roma sí supo explotar, casi en exclusiva. Únicamente algunos pueblos primitivos de los alrededores le supieron sacar rendimiento fabricando, con él, pinturas que terminarían viendo los siglos pasar desde el arte rupestre de un abrigo o de una cueva.  Paradojas del destino… empieza sirviendo para pintar signos en cuevas y acaba siendo la pintura más cara del imperio romano. Rojo bermellón, rojo imperial.

     A fin de cuentas, dos tesoros que ofrezco a mis hijos acaban siendo beneficio directo para otros. Cástulo, por sus pactos con Amílcar, dio la riqueza de plata de su mina para pagar las guerras cartaginesas. Y la mina sisaponense,  de minio, acabó engordando, y mucho,  las arcas del senado romano.

     El tiempo y la historia darían merecido lugar al regalo que quise hacer a mis hijos. Quedó claro que la plata de Cástulo pagó los movimientos de Amílcar, Asdrúbal y Aníbal. Podría decirse que sin la plata de Cástulo las dos últimas guerras púnicas no habrían podido tener un soporte económico suficiente. Si bien es cierto que el período cartaginés, agotó  bastante las minas, Roma terminó con ellas.

    En el caso de la mina sisaponense, posteriormente llamada “El Almadén”, ¿qué queréis que os cuente que no sepáis? Bien conocéis que por sus riquezas se agitaron las espadas calatravas… De sobra sabéis que el poder de la Orden de Calatrava fue enorme cuando el rey Alfonso, el octavo, le entregó una mitad de la mina como agradecimiento por sus servicios a la hora de frenar y repeler el avance musulmán. Y también es sobradamente conocido que al recibir la otra mitad de la mina, por otro rey distinto al anterior, Sancho el cuarto, y como pago a sus… apoyos para que éste fuese coronado rey,  su poder alcanzó los máximos predecibles.

     La mina de Cástulo enriqueció a Cartago y después a Roma.

     La mina de Sisapo enriqueció a Roma y después a la Orden de Calatrava. Justo es decir que en el último siglo, ha contribuido a la economía de la zona gracias al azogue que contiene el cinabrio.

     Mis hijos, los que debieron ser herederos de estas minas, aprovecharon solo un poco la plata de Oretania sur. En Oretania norte… nada. ¿Imagináis qué habría sido del pueblo oretano si hubieran sabido extraer todas esas riquezas de mi interior para sí mismos?

 

     Los oretanos, como otros pueblos iberos, vivieron sin la consciencia de un espíritu de unidad cultural que fuese más allá de sus poblados. En nuestro caso, dos ciudades importantes, una en Oretania sur y otra en la norte, canalizaban la forma de vida de los poblados menores que se salpicaban en sus cercanías. En ambos casos, la Oretania norte de Ciudad Real y Albacete actuales, así como en la Oretania sur de la zona norte de Jaén, tenían consciencia de los pueblos y culturas vecinas, pero no un vínculo estrecho con ellos. Eso hizo que cualquier conquistador, organizado, encontrase un puñado de culturas repartidas por la península sin apenas contactos entre ellas, viviendo de forma individualista y con la única unión, prácticamente, proporcionada por el comercio. Y los pueblos que no están unidos… son muy fáciles de conquistar… Eso siempre fue así. Y seguirá siendo así.

Miguel Ángel Márquez

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