“Down by the river”: Eterno Neil

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VI Concurso de Dibujo Ecológico

Son las 16:06 del Miércoles, 30 de Noviembre del 2022.

Si hay un artista en la historia del Rock’n Roll que haya atravesado décadas sin perder un ápice de credibilidad en el trayecto y, al mismo tiempo, abanderado corrientes estilísticas que parecían creadas para engullirlo, ese es sin duda el canadiense Neil Young, un tipo con más de cincuenta discos, tantos como años de carrera y que ha prodigado su genio en diversas formaciones entre las que destacan, Buffalo Springfield, CSNY, Stills-Young Band, Crazy Horse etc. y que ha sido honrado por el movimiento punk debido a aquel bestial “Rust Never Sleep” y algo más de diez años después fue subido a los altares del “grunge”.

 

Con esas características, la mayoría de ellas ignoradas cuando en el otoño de 1972 compré en Madrid la cassette de “Harvest” (1972) me he alineado desde que “Heart of Gold” o “Are you ready for the country?” sonaban en la habitación de la pensión donde vivía. Neil Young es y ha sido una de mis señas musicales, la portada de su primer disco es mi foto-perfil de Facebook, mis amigos me recuerdan por canciones que compartimos, hasta mi hija (o sobre todo ella) sabe de ese vínculo extremo. Sorprende, eso sí, que después de dieciocho entregas para que nuestro amigo Sam haya “evitado” sistemáticamente enfrentarme a un tema de Young, quizá porque hay decenas de ellos que están situados en lo más alto de imaginario rock de todos los tiempos, tal vez porque elegir es priorizar… Sea como fuere ya era hora de abordar el asunto y qué mejor con una canción de sus inicios, pero que, como todos los ríos de la tierra, fluye incesantemente, viéndonos pasar con nuestra vida a cuestas en su mismo devenir.

 

Tal vez sea esa misma metáfora del devenir la que plantee “Down by The River” en su letra algo encriptada que, como la de “Hey Joe” denuncia un crimen pasional (violencia de género, diríamos hoy), pero que en el fondo retrata la amargura de una pérdida “río abajo”. Incluida en el segundo disco de Young,  “Everybody knows this is nowhere” (1969), primero en el que contaba con la banda que iba a ser el sostén para ejecutar sus discos más eléctricos, Crazy Horse, “Down by The River” fue editada en single y tal vez por ello, junto a la inigualable “Cinnamon Girl”, compañera de disco, aquilató la opinión de que el disco era la obra maestra del canadiense… ¿tan pronto? Cuando hablamos de 1969-70, estamos considerando una época en que nadie pensaba que iba a durarse mucho en el negocio del rock, todos eran (éramos) extremadamente jóvenes y con tres discos con Buffalo Springfield, junto a Richie Furay, y Stephen Stills, entre otros, un par de ellos en solitario y una carrera llena de expectativas con el trío Crosby, Stills & Nash que, convertido en cuarteto con su incorporación, pasó a ser etiquetado como “supergrupo”, un marchamo demasiado grandilocuente pero que permitió a las discográficas reunir grandes talentos, generalmente para un par de discos antes de que sus egos chocaran como trenes de mercancías. A esas alturas del partido, Neil Young, a los mandos de su inseparable Gibson Les Paul, ya se había consolidado como un guitarra de primera y, aunque aún estaba por llegar lo mejor, la primera muestra fue la estructura por y para los solos de guitarra que era “Down by The River”.

 

Un primer recitado con la guitarra cansina, rasposa, determinantemente triste; unos coros para acusarse una y otra vez “río abajo, disparé a mi chica” y, enseguida un bloque de improvisaciones y manejos de cuerdas electrificadas que han visto decenas de años de evolución, desde los más de nueve minutos de su versión en estudio, hasta la más comedida con la formación de gala del disco “Deja Vu” (1970), el futuro fue alargando o encogiendo la duración total de la canción según fuera para conciertos hippies tardíos, bien para beneficencias varias (Farm Aid, entre otras), “Down by The River” mantenía su oferta: cada vez más guitarras viscerales, cada vez mayor introspección tal vez porque la frágil salud de Neil le obligó a fabricar muchos de sus canciones en solitarias sesiones de baja médica (por llamarlo de alguna forma), estancias tristes por sus episodios epilépticos, eso acaba endureciendo un carácter que Young ha reflejado en sus intervenciones guitarrísticas y “Down by The River” era el vehículo transmisor adecuado (aunque no el único). De esta manera, nuestra retahíla de perspectivas pasa por las grandes variaciones de los conciertos Young y sus socios para cada ocasión, así como otras curiosidades entre las que es muy difícil decantarse, ya que un tema tan largo y tan variadamente construido en torno a la improvisación sólo aconseja sentarse cómodamente (si quieres el sábado, o tal vez esta misma noche) servirse algo para alegrar el gaznate y recorrer “río abajo” esa canción que llevará Young impresa en su Gibson, desde aquel excepcional segundo disco, hasta la tumba.

Juanma Nuñez Rodrí­guez
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