“Roxanne”: al rescate

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“Roxanne”: al rescate

La efervescencia musical derivada de la tormenta punk fue pronto canalizada por el “establishment” discográfico que vio como, de repente, los agotados mercados de discos sencillos (singles y EP’s) renacían, para que un público tan voraz como adolescente colmase sus ansias de la “new wave”, nueva ola que se llevó por delante a los ampulosos grupos AOR (Rock Orientado para Adultos) tipo Boston, Kansas y los mismísimos Led Zeppelin y en su lugar afloró, a ambos lados del Atlántico, una ilimitada panoplia de bandas de todo tipo de estilos y estéticas que fueron acunadas bajo aquel confortable y poco comprometido epígrafe: todo lo nuevo era “new wave” y en ella todo cabía. Así, Talking Heads, Blondie, B-52’s o Motels en los USA y Stranglers, Damned o Police en esta parte del “charco” convivieron en las listas de éxitos y en la imaginería rock. Evidentemente los millares de grupos de todo el planeta que hicieron rock en plena “new wave” crearon en muchos casos canciones inolvidables que hoy son recordadas por entrañables más que cuarentones. Una de ellas  fue “Roxanne”.

 

Sin que fuera nada del otro mundo cuando fue editada en un single que pasó desapercibido, tras la publicación del primer LP de la banda, “Outlandos D’Amour” (1978), la canción no sólo escaló en las listas de éxitos, sino que acabó siendo el tema inevitable en todos sus conciertos en directo. En cierta manera “Roxanne” rescató a The Police, pero como todo en la vida hay situaciones que se inducen unas a otras y la historia de grupo y canción no sería una excepción. The Police, grupo que había sido formado por Stewart Copeland (hijo de un diplomático norteamericano) junto a su amigo Henry Padovani (guitarrista de poca fortuna y menor destreza) y Gordon Matthew Sumner (Sting para los amigos), había estado zascandileando en el primigenio punk de las Islas Británicas y, como era costumbre, saltando el Canal de la Mancha para acudir a los bolos que crecían como setas en el país de Astérix. Un discreto single “Fall Out” (1977) y actuaciones en festivales punks como el de Mont de Marsant, mantenían a la banda pero no lograban ascender más allá del plano doméstico. En unas sesiones para un disco homenaje al grupo Gong, el trío da con Andy Summers, un guitarra mayorcito que ha estado sesioneando por medio Londres en discos de Clapton, Animals y otras celebridades: el despido de Padovani acaba siendo inminente y Sting toma el liderato del grupo que, hasta entonces recaía en Stewart Copeland. Más o menos en esa época el nuevo trío empieza a tender estilísticamente al “reggae”, ritmo que, desde sus orígenes jamaicanos (Marley, Tosh y Cía.) se ha asentado en la comunidad inmigrante de Londres desde la que disemina su mensaje a los nuevos grupos de imberbes músicos de esa nueva era, que, junto con el “ska” dotarán de un denominador común a la “new wave”.

 

Con aquellos mimbres, The Police viajan a París en Octubre de 1977 para un concierto en el Nashville Club que acaba siendo cancelado, a la vez que el coche de Andy se avería y deja a toda la “troupe” más perdida “que el barco del arroz”. ¿Qué hacer? Copeland y Summer se van a ver “Stars Wars” (G.Lucas, 1977), mientras que Sting prefiere pasear por los alrededores del hotel que no estaba precisamente en los mejores barrios parisinos. Cuenta la leyenda que Sting contempla el ir y venir de las “señoritas de mala compañía” y pergeña una canción con ritmo de “bossa-nova” que cuenta el amor de un jovenzuelo por una de estas prostitutas a la que pide que “no encienda su luz roja”, en alusión a la disponibilidad en el mercadeo sexual. De vuelta al hotel, un viejo cartel de la obra “Cyrano de Bergerac” incluye el nombre de uno de los personajes, Roxanne, que sirve para bautizar a la imaginaria protagonista de la canción. Cuando el iniciático tema pasa al conocimiento de la pareja de compañeros, lo adecúan a los cánones “reggae” y la publican, aunque, como hemos dicho al principio, tardó en imponerse como “un clásico” de la banda que, por otra parte y no sólo con el empuje de este aclamado tema, empezó un ascenso imparable con discazos como “Regatta de Blanc” (1979) y la aparición nada casual de Sting como intérprete del botones de hotel en la película “Quadrophenia” (F.Roddan, 1979), basada en la célebre ópera-rock de The Who.

 

“Roxanne” , por su parte, y una vez desaparecida la banda a mitad de los ochenta, queda integrada en el repertorio en solitario de Sting, en donde coge a menudo aspectos jazzísticos de muy grato sabor. Para la película “Moulin Rouge”(B.Luhrmann, 2001) el tema pasa a ser tango, aumentando la devoción por él que se traduce, por qué no, en variantes tan diversas como las que se ofrecen en nuestra habitual carpeta de versiones. Saboreadla, porque yo llevo más treinta años haciéndolo.

Juanma Nuñez Rodrí­guez
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