Por Isabel Castañeda
La magia de los días navideños envuelve el ambiente cotidiano. Todos llevamos una parte de niño a la que a veces encorsetamos con el traje de adulto. Es bueno contactar con nuestro niño, tenerlo presente, porque nos permite realizarnos en la vida cotidiana. Y en esto, nuestros hijos o nietos son los mejores maestros.
Nuestra mente racional se pierde muchas veces las cosas bonitas, misteriosas de la vida porque no somos capaces de ver más allá de la realidad concreta, porque queremos comprender y racionalizar todo. Evitamos el misterio y, sin embargo, el misterio es parte de la vida misma.
Volver a la niñez es aceptar lo misterioso, lo que no alcanzamos a comprender, y sin embargo, es real. Los niños aceptan que hay cosas que no podemos comprender y, sin embargo, creen en ello. A nosotros nos cuesta más. Nos sorprende e incluso nos hace gracia que los niños crean en Papá Noel o los Reyes Magos, sin darnos cuenta de que ellos no van a dejar de creer porque no tengan una explicación. De que ellos creen porque lo aceptan como parte integrante de la vida misma.
"Siembra en los niños ideas buenas, aunque no las entiendan... Los años se encargarán de descifrarlas en su entendimiento y de hacerlas florecer en su corazón"
MARÍA MONTESSORI