Por Isabel Castañeda
Estamos asistiendo en directo a la masacre del pueblo palestino, sin que seamos capaces de darle el nombre que le corresponde.
¡ES UN GENOCIDIO!
La humanidad ha perdido el sentido de la realidad y cada cual se refugia en su burbuja, creyendo que está a salvo.
No es así.
Basta mezclar en la coctelera los ingredientes necesarios: el miedo, encontrar un enemigo al que culpar de todos los males y la creencia en que un líder mesiánico va a solucionar problemas muy complicados con soluciones elementales.
Se agita bien y se ofrece el contenido a la masa.
Sólo falta la chispa que haga saltar todo por los aires.
Es una receta antigua. Ha costado dos guerras mundiales y otras más pequeñas, pero también sangrientas.
A gran escala no podemos hacer nada, pero a pequeña, el grito de repulsa de cada uno, puede convertirse en un clamor, que llegue a los oídos de los responsables y comprendan que la sociedad está despierta.