Por Isabel Castañeda
Cada vez aguantamos menos, cada vez escuchamos menos, cada vez vivimos más cocidos en nuestras propias ideas "
ROSA MONTERO
Nos está tocando vivir tiempos difíciles, quién lo duda; pero no encontramos explicación a este sinsentido.
Las cosas que ocurren tienen un porqué y un proceso; más aún cuando los acontecimientos atañen a una gran parte del planeta.
Nos empeñamos en acotar la responsabilidad y nos afanamos en buscar un culpable.
Puede haber una o varias cabezas visibles; pero detrás hay colectivos que colaboran.
Señalamos sin tapujos los abusos que cometen otros, pero nos consideramos una excepción a las normas.
Siempre los que fallan son los otros.
Hemos construido una sociedad de bandos; el mundo está configurado como el fútbol, cada cual pertenece a un equipo.
Se ha perdido de vista que somos parte de un colectivo muchísimo más amplio: la Humanidad.
Hemos desertado de nuestra condición más indispensable: la empatía, el dolerse de lo que le ocurre a un semejante.
Lo estamos comprobando cada día contemplando de qué manera mueren miles de personas en pocos minutos víctimas de las armas.
La economía se desploma, con efecto dominó, con la destrucción de los medios que la conforman.
Se han conseguido grandes avances desde el final de la segunda guerra mundial que parecían sólidos y duraderos, que se desploman por momentos y asusta darse cuenta de lo inestable que es todo.
Vemos cómo se difunden ideas de odio, de confrontación, de confusión entre la realidad y la ficción, de mentiras y bulos que crean polarización, inseguridad, miedo y confusión.
La angustia lleva a comportamientos irracionales, a personas que parecían sensatas.
Se buscan líderes viscerales con discursos agresivos y soluciones fáciles, que pueden tener consecuencias nefastas.
Aquí está el eslabón roto, para que surjan ciudadanos, no súbditos.
Se produce por un miedo a la libertad de poder tomar decisiones y se busca un líder que decida por todos
Desde que en los planes de estudio han desaparecido prácticamente las Humanidades, el pensamiento crítico se ha visto afectado, la falta de conocimientos se ha sustituido por el consumo de opiniones de todo tipo que no tienen fondo, donde cualquiera vuelca sus ocurrencias, amparados en el anonimato, en una especie de desahogo visceral.
¿A quién le preocupa que las generaciones jóvenes no tengan conocimientos culturales?
Parece que el mundo tecnológico es lo único importante.
Se les ha trasladado la idea de que todo se soluciona con las tecnologías y se ha perdido de vista que lo que nos sostiene es la Naturaleza y lo que nos salvará será la colaboración de todos para adaptarnos a su ritmo.
Se han dado situaciones donde se ha visto que, si falla el sistema tecnológico, nos quedamos indefensos, nada funcione y todo pueda colapsar.
El mundo es como un videojuego que necesita un botón que lo active todo.
Es preocupante que este botón lo pueda pulsar una mente desequilibrada y caprichosa.
¡Hay que despertar la capacidad de pensamiento!