El lado bueno de las cosas

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Son las 18:35 del Miércoles, 13 de Mayo del 2026.
El lado bueno de las cosas

 

Por Isabel Castañeda

 

Vivimos momentos de desconfianza. Basta leer los titulares de cualquier periódico o escuchar las noticias, para que cunda el desánimo.

La política se ha vuelto inaguantable y la deriva hacia los totalitarismos amenaza con fuerza.

La gente elige gobernantes estrafalarios como Trump o Milei, que influyen negativamente en la sociedad.

El derecho a la vivienda ha sido durante decenios la asignatura pendiente.

El crecimiento económico es aceptable, pero el desempleo sigue siendo preocupante. Los salarios no alcanzan, la pobreza no desaparece, los inmigrantes son rechazados en los países desarrollados (sin tener en cuenta lo necesarios que son para ocupar empleos en el campo y la atención social, por ejemplo).

Hay más esperanza de vida, pero miedo a que esa vida que nos espera sea de baja calidad (la privatización de servicios en la sanidad pública, será una de las causas).

A pesar de todo, la vida sigue.

Al fin y al cabo, por mal que vayan las cosas, seguimos viviendo en un país y una época privilegiados.

Para comprobarlo, basta viajar y estudiar la historia.

No basta criticar lo malo. Debemos ser conscientes de que los cambios son urgentes y de que hay que sacudirse la indiferencia y la desidia.

Se ha instalado en la sociedad de consumo la falta de cooperación y el egoísmo.

Es necesario agilizar la burocracia, poner freno a la sustitución de personas por máquinas, controlar el anonimato en las redes sociales, la mentira en la información, las corrupciones y desarrollar un mínimo de cordialidad y respeto entre las personas.

No confundir la libertad con un individualismo sin medida y no abandonar trabajar por la igualdad, que evidencia señales de retroceso.

Se resume en una frase: "No hagas a los demás lo que no quieras que te hagan a ti". Pero esta reflexión ha desaparecido de las mentes de los individuos que, inmersos en el consumismo y programados por la publicidad, identifican la facultad de ser libres con la satisfacción inmediata de cualquier deseo.

Se hace imprescindible tener presentes los Derechos Humanos. Éstos comienzan en lugares pequeños: en el entorno de cada persona, en el barrio donde se vive, en la escuela y la universidad, en los lugares de trabajo. Si no se cumplen aquí, no los encontraremos a mayor escala.

La ética es necesaria para superar la indiferencia hacia los demás.

Hechas todas estas consideraciones, me atrevo a sugerir que pongamos la atención también en el lado bueno de las cosas.

La crítica y los prejuicios con que las miramos, nos hacen poner el foco de atención sólo en lo negativo, por lo que él victimismo y la queja se instalan en nuestra vida, haciendo que la energía vital desaparezca.

No se puede obviar la realidad que nos ha tocado vivir. Pero las dificultades han sido siempre el motor para la evolución de la humanidad.

No son los que se instalan en el inmovilismo los que contribuyen a la solución de los problemas (añadiendo un problema para cada solución), sino quienes aportan un propósito de vida con compromiso en la resolución de los contratiempos de cada día, que preparan para desarrollar fortaleza ante los grandes desafíos.

Isabel Castañeda
Foto: Pixabay