El movimiento slow

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Son las 22:54 del , 7 de Diciembre del 2025.
El movimiento slow

 

Por Isabel Castañeda

 

No hay discurso político que no haga mención a la claridad y la transparencia en las gestiones.

No por repetido, se convierte en verdad.

Aunque la velocidad es un rasgo de la actualidad que lo impregna todo, desde el trabajo a la política, incluso a las vacaciones (donde hay poco descanso), en el caso del discurso político, la urgencia por hacer declaraciones inmediatas al hecho, hace que la reflexión y la investigación se sacrifiquen por la inmediatez de la noticia.

Sobra ruido y no se aclara nada, lo que fomenta la incredulidad.

En situaciones de crisis complicadas, si los expertos reclaman tiempo para investigaciones más profundas, la oposición se ensaña, tomando como pretexto la falta de explicaciones inmediatas, como signo de opacidad y de elusión de responsabilidades.

Las redes sociales se aprovechan y ofrecen información plagada de bulos y falsedades, con mensajes cortos y viscerales, valiéndose del desconocimiento y el miedo a la incertidumbre.

Lo que sobra es el ruido de una pseudoinformación, que no aclara nada.

Si es cierto que los intereses de la gente y los del discurso político se distancian cada vez más, también hay una cierta resistencia a no dejarse llevar sin remedio por la velocidad y la aceleración, que son signos de nuestro tiempo.

En 2004, Carl Honoré publicó un superventas titulado Elogio de la lentitud, que ha dado lugar al movimiento "slow". Éste, en lugar de instalarse en el apresuramiento, la agresividad, el estrés, la impaciencia y la hiperactividad, prefiere la serenidad, el silencio, la pausa y la reflexión. Prefiere la calidad a la cantidad. Una vida más saludable y más equilibrada.

Tomarse tiempo es una condición para expresarse con claridad y transparencia, para medir lo que se dice, a quién se lo dice, cuándo se dice y cómo hay que decirlo.

La reflexión ayuda a tomar las mejores decisiones, para ser más   eficaces en la resolución de problemas.

Cuando las cosas suceden con tal rapidez, nadie puede estar seguro de nada, ni siquiera de sí mismo.

No hay que prestar atención a los que improvisan discursos, planes de futuro y soluciones mágicas a cuestiones complejas a medio y largo plazo.

La reflexión crítica es el punto de partida imprescindible.

Isabel Castañeda
Foto: Pixabay