Por Isabel Castañeda
La primera impresión es el marco bello, sencillo y apacible del puerto, con pequeñas embarcaciones y un mar tranquilo, donde arriban los cayucos que transportan a las personas con sus sueños y sus miedos, seguramente con el mar embravecido.
En el saludo inicial, ha intervenido el patrón de salvamento de la embarcación Guardamar, protagonista del rescate de miles de vidas y de la frustración de no haber podido salvar también a miles.
La emoción del patrón, con la voz quebrada, demuestra que ha sido testigo de momentos que no se pueden olvidar.
También varias personas voluntarias y protagonistas de conmovedoras historias.
El Papa ha hecho mención a quienes llegan a estas costas, jugándose todo, como vidas heridas, despojados de lo mínimo necesario; pero nunca de su dignidad.
"El Hierro es pequeño en extensión; pero grande en humanidad"
Allí donde se siga hiriendo la dignidad humana, la Iglesia no puede permanecer ajena; debe sacudir la indiferencia que permite que los pobres sean olvidados.
No puede permanecer muda ante quienes vienen por las aguas.
Cuando aprendemos a mirar al migrante a los ojos, deja de ser uno más, podría ser nuestro hijo, nuestro hermano...
Los gestos hablan. La concordia puede cambiar vidas.
Cada vida humana es una creación de Dios.
La pobreza, la guerra o la explotación marcaron la vida de muchos seres humanos.
Una gran parte caen en manos de las mafias, que los utilizan ,con engaños, como una pertenencia; pero la vida de las personas pertenece a Dios y conserva una dignidad que no se le puede arrancar.
Es necesario elaborar un mensaje, que mueva las conciencias de los mandatarios.
Europa no puede acostumbrarse a que las aguas sean cementerios sin lápidas.
Así como las instituciones internacionales, las comunidades cristianas; en una palabra, todas las personas, creyentes o no, deben sentirse concernidas.
La dignidad humana no conoce pasaporte.
Cada vida, pregunta: ¿Qué mundo hemos construido?
¿Qué queda de nuestra humanidad?
Hay que hacer una genuflexión ante la migración.
Un acto emotivo y simbólico ha sido la bendición de la Cruz, construida con tablas de los cayucos llegados a la costa.
También se ha arrojado una corona de flores al mar, para honrar a los que dejaron su vida en él.
León XIV invita a los países con posibilidades, a ayudar a las personas desfavorecidas en sus países de origen, con educación y aprendizaje, como un derecho, para no tener que emigrar.
En este viaje a Canarias es donde se ha escuchado con más claridad el mensaje cristiano