Por Isabel Castañeda
Esta frase aparece en un grafiti y me ha parecido oportuno comenzar con ella, en estos momentos complicados que estamos viviendo.
No se puede negar la evidencia, pero el catastrofismo no soluciona los problemas.
Hay demasiado ruido mediático y demasiadas voces aireándolos, buscando responsables, pero sin aportar soluciones válidas.
Se cometen muchos errores y es condición indispensable reconocerlos primero.
La postura más irracional es instalarse en la idea de no arrepentirse de nada.
Esta actitud contribuye a que el punto de partida sea un error.
Aprender de los errores forma parte de nuestro destino.
Si sólo aprendiéramos de los éxitos estaríamos condenados a la repetición.
Nuestros ancestros mantuvieron sin cambios el hacha de piedra durante un millón de años y esto nos llevó al estancamiento.
Si ponemos el foco en otro momento relevante de la historia, Napoleón consiguió el fin de la revolución francesa después de acumular dos millones de muertos, para restaurar la monarquía y ser nombrado emperador hereditario, con el beneplácito de una ciudadanía fascinada por la sumisión al poder.
Esta fascinación es una tendencia humana: Mussolini, Hitler, Stalin, Mao Zedong, Putin, Erdogan, Netanyahu, Maduro o Trump.
Sus seguidores admiran a quienes les someten.
"Cuando los hombres se hacen masa, los demagogos los hornean" (El Roto).
El pensador Erich Froomm dice que el gregarismo produce miedo a las decisiones y aumenta un deseo de seguridad que favorece el autoritarismo.
Influyen: el anonimato, la responsabilidad diluida en el grupo, vivir con intensidad el presente de manera visceral, subidón de adrenalina e intensa estimulación sensorial.
El líder lo aprovecha, induciendo ideas y sentimientos que activan virus mentales.
La persona irracional es el prototipo más peligroso que existe.
Trump, por ejemplo, diseñó en la campaña de las elecciones una manera de excitación política mediática en Facebook, orientada a aumentar la ira de los ciudadanos y esta estrategia se ha ido extendiendo a otros países.
Las tecnologías, que son muy positivas en muchos aspectos, limitan la libertad de decisión de los usuarios por tres motivos: debilitamiento de la atención, una completa dependencia social y una cultura de la facilidad.
Esto favorece la idea de que todo está al alcance de la mano, sin esfuerzo y en un tiempo récord.
Se tropieza con obstáculos: la pobreza extrema, la ignorancia, el dogmatismo, el miedo y la insensibilidad.
Para afrontar estos problemas por parte de los ciudadanos, se necesita fomentar el pensamiento crítico, para no dejarse embaucar por cantos de sirenas.
La capacidad de aprender y de educar es la propiedad fundamental de nuestra inteligencia.
Una de las herramientas imprescindibles es la lectura.
Las personas que leen abren su mente y tienen criterio propio.
Ser conscientes de que el mundo es amplio y con sociedades distintas y modos de vivir y de pensar diversos, evitan dogmatismos y creencias cerradas.
No hay evolución, sino estancamiento, endogamia y gregarismo que empobrecen en todos los sentidos.
A través de los libros, viajamos a otros mundos, que nos ofrecen distintas formas de entender la vida, más plural y con una oferta mayor de posibilidades.
Leer es una vacuna contra la ignorancia y las manipulaciones.
Es la mejor forma de despertar a una realidad mucho más amplia y enriquecedora.
Federico García Lorca lo expresó así:
"Nadie se da cuenta al tener un libro en las manos, el esfuerzo, el dolor, la vigilia, la sangre que ha costado. El libro es sin disputa la obra mayor de la humanidad. Muchas veces, un pueblo está dormido como el agua del estanque en día sin viento.
Ni el más leve temblor turba la ternura blanda del agua. Las ranas duermen en el fondo y los pájaros están inmóviles en las ramas que lo circundan. Pero arrojad de pronto una piedra
Veréis una explosión de círculos concéntricos, de ondas redondas que se dilatan atropellándose unas a las otras y se estrellan contra los bordes.
Veréis un estremecimiento total del agua, un bullir de ranas en todas direcciones, una inquietud por todas las orillas y hasta los pájaros que dormían en las ramas umbrosas salen disparados en bandadas por todo el aire azul. Muchas veces un pueblo duerme como el agua de un estanque un día sin viento, y un libro o unos libros pueden estremecerle e inquietarle y enseñarle nuevos horizontes de superación y concordia".
¡Ojalá!