La adaptación ante la adversidad

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Son las 23:10 del Jueves, 15 de Octubre del 2026.
La adaptación ante la adversidad

 

Por Isabel Castañeda

 

Últimamente el término resiliencia se utiliza con frecuencia, pero conviene conocer su contenido.

El término resiliencia se refiere a la capacidad de las personas, los grupos y las comunidades para enfrentarse, sobreponerse y salir transformados ante las adversidades.

Cuando nos encontramos con situaciones que parecen no tener salida, la resiliencia nos invita a desbloquear la mirada paralizada, dar vuelta atrás del callejón sin salida y encontrar nuevos caminos, nuevas posibilidades.

Consiste en reanimar lo que creemos acabado, sortear aquello que parecía que no se podía rehuir.

Redescubrir aquello extraordinario que todas las personas poseemos.

El proceso resiliente es parecido a la creación de la perla dentro de una ostra. Cuando un granito de arena entra en su interior y la agrede, la ostra segrega nácar para defenderse y como resultado, crea una joya brillante y preciosa.

Es una bella metáfora ante los enormes y variados problemas que nos afectan a cada uno de los seres humanos en todo el planeta.

Esta capacidad se adquiere con un profundo aprendizaje de la realidad de la vida.

En lugar de tratar de aprender, nos ponemos una venda, iniciando una huida hacia delante, con un movimiento constante que nos aturde y evita la reflexión.

Hay miedo a encontrarse consigo misma y nos encapsulamos egoístamente, pero rodeadas de una masa que arrastra los mismos temores.

Todo es comprensible porque somos humanos con carácter gregario.

Lo difícil es ser conscientes de nuestras vulnerabilidades, pero también de nuestras capacidades para ir venciéndolas.

Este camino no tiene un recorrido corto, durará hasta el final de la vida.

El viaje será agradable, a pesar de las complicaciones o lleno de angustia; depende de la actitud que adoptemos.

Es un viaje personal, pero con muchos y variados compañeros, cada cual, con su mochila, que hay que transportar de manera individual.

El aprendizaje vital comienza en el nacimiento y culmina con el último suspiro.

Isabel Castañeda
Foto: Pixabay