Por Isabel Castañeda
El reciente acontecimiento que España ha vivido y que ha contemplado el mundo, deja, además del triunfo incontestable, una hermosa lección de valores que, en el momento de polarización y crispación que vivimos, se hacen muy necesarios.
La mejor contribución a la integración, la hemos visto en el comportamiento de un equipo plural, que un entrenador inteligente ha sabido guiar con tesón y trabajo, consiguiendo que cada uno ponga lo mejor de sí mismo, en beneficio de todos y sin afán de protagonismo.
El verdadero espíritu deportivo consigue los siguientes efectos:
Mejora y mantiene la condición física (resistencia, velocidad, fuerza, movilidad...), mejora y mantiene la coordinación (orientación, equilibrio, reacción, percepción, adaptación...), previene enfermedades provocadas por la falta de movilidad y favorece la seguridad y flexibilidad en la vida diaria.
Cuida y trabaja valores y aspectos personales como la autoestima, la independencia, la libertad, el afán de superación, la responsabilidad, la autodisciplina, la perseverancia, el sentimiento de utilidad, etc.
Contribuye a fomentar aspectos fundamentales para el desarrollo social como las habilidades sociales, las relaciones con los iguales, el respeto a las normas, la cooperación, el reconocimiento, la tolerancia, la empatía, la motivación, el trabajo en equipo, etc.
Y algo muy importante: aumenta la comunicación entre colectivos diversos.
Nelson Mandela decía que el deporte tiene el poder de transformar el mundo, de inspirar, de unir a las personas como pocas cosas y de derribar barreras sociales.
Después de lo vivido: ¿Alguien lo pone en duda?