Por Isabel Castañeda
Hoy me ha llegado una noticia que me ha producido desasosiego y tristeza.
"El pueblo de Algete (Madrid), ha retirado la placa de un edificio público con el nombre de Joan Manuel Serrat, por “falta de arraigo".
En momentos de confrontación política, una de las primeras víctimas es la cultura.
Serrat es un referente para varias generaciones, con proyección internacional.
Este episodio empequeñece la visión cultural, tratando de resaltar lo local, ignorando al resto del país.
Partiendo de este hecho, me he puesto a repasar el largo camino de la historia de España, para intentar salir del oscurantismo y la ignorancia.
Se hace imprescindible ir a la fuente de la que ha bebido la sociedad para su desarrollo: los libros.
El poder de la palabra escrita es infinito; no tenemos capacidad suficiente para poderlo dimensionar. Pero, durante muchos años, el aprendizaje llegaba a muy pocas personas. Fue la imprenta, siglo XV, la que permitió una nueva forma de acercamiento al conocimiento.
El proceso fue muy lento. Tuvieron que pasar muchos años para que se difundieran los libros y se fuera erradicando el analfabetismo.
A partir del Renacimiento, se inició una carrera por el conocimiento, paralela a la evolución actual de la tecnología, a la aparición de nuevos soportes de conocimiento y el incremento de cantidad de información acumulada. Desde que surgieron los primeros soportes digitales y con ellos los continuos cambios de formato y de lectura, la evolución de la creación y conservación del conocimiento se ha visto inmersa en una imparable espiral de crecimiento exponencial.
En medio, ha quedado un paréntesis de control y censura de los libros, entre el período del final de la Segunda República y el año 1966, en el que se abrió la mano sobre los libros censurados, aunque con ritmo lento.
En los años 60 el nivel de analfabetismo era muy elevado: casi el 18% de la población adulta no sabía leer, la mayoría mujeres. Hasta el año1964 la escolarización no fue obligatoria y hasta 1970, tras la reforma educativa, el acceso a la educación no se consideró un “servicio público fundamental”.
Hasta mediados de los años 80 del siglo XX, no se comenzó el desarrollo de las bibliotecas públicas. Su crecimiento ha sido espectacular y ha dado lugar a la proliferación de clubes de lectura, con lo que supone para la expansión de las ideas y del conocimiento.
Se produce una conjunción de buenas editoriales: Plaza y Janes, Aguilar, Espasa Calpe, Seix Barral, Planeta, Alfaguara...
Esto produjo un pujante mercado.
El Círculo de Lectores fue un éxito editorial que facilitó el acceso a la lectura a miles de personas de clases medias y bajas.
Se fundó en el año 1962.
Hasta1970 no se produjo en España un cambio en la situación de la educación hacia valores democráticos y de igualdad. La Ley General de Educación de 1970 consagró el derecho a la educación, las escuelas y colegios mixtos y la misma enseñanza para niños y para niñas.
Esta ley acabó con la discriminación de las mujeres respecto a la formación recibida, disminuyó el porcentaje de analfabetismo y sentó las bases de una mejora en la formación a todos los niveles, tanto a lo que respecta a la capacitación de los docentes de enseñanzas medias como a las enseñanzas universitarias, que serían reformadas unos años más adelante.
No se puede ignorar que, actualmente, se editan gran número de libros.
Hay una gran cantidad de ciudadanos con inquietudes, que sienten la necesidad de plasmarlas en un libro y hacer partícipes de ellas a la sociedad.
Se escribe más que nunca, con mayor o menor nivel; pero no se debe dejar de valorar lo que supone para la creación de opinión y sentido crítico.
Leer amplia el espacio mental y fomenta y facilita la reflexión.
Al disgusto del principio, tengo que añadir la satisfacción que siento de haber asistido a la presentación del libro de una antigua alumna, Teresa Ruíz Holgado: "El novio del dictador" y a tener pendiente el día 12 de junio otra presentación del último libro de Eduardo Egido "Puertollano: El lugar y su gente".
Es gratificante comprobar que los ciudadanos están activos, que ponen culturalmente lo mejor de sí mismos para mejorar la sociedad, con su esfuerzo y su talento.
Tengo la esperanza de que, a pesar de todo, "se impondrá la luz".